Una Casa Roja para un legado de amor

Mara Romeo Kahlo y su hija Frida Hentschel Romeo, sobrina nieta y sobrina bisnieta de Frida Kahlo, hablan sobre Museo Casa Kahlo y el libro que lo acompaña: una casa familiar que para volverse museo necesitó arquitectos, diseñadores, curadores y, sobre todo, la memoria compartida de varias generaciones.
Convertir una casa familiar en museo exige más que buena voluntad y cajas de recuerdos. Exige un arquitecto que intervenga muros históricos sin borrarles la historia, un estudio de Nueva York que decida cómo se camina por un sótano, un despacho de diseño gráfico que le ponga tipografía a la memoria, una curadora con ojo entrenado y, antes que nada, una familia dispuesta a abrir clósets que llevaban generaciones cerrados. Museo Casa Kahlo, la Casa Roja de Coyoacán, es resultado de las cinco cosas a la vez, y ese cruce entre todo ese trabajo colectivo es justo lo que cuentan Mara Romeo Kahlo y su hija Frida Hentschel Romeo, sobrina nieta y sobrina bisnieta de Frida Kahlo.
La revisión del archivo familiar arrancó en 2007, cuando la familia vació clósets y sótanos de la casa. “Estaba lleno de ropa, de artículos personales, y de unos negativos de Guillermo Kahlo que ni sabíamos que existían”, cuenta Romeo Kahlo. Las placas eran de su bisabuelo, el fotógrafo alemán que se convirtió en el primer fotógrafo oficial de Porfirio Díaz y que, además, fue mentor de Frida: “gracias a que ella lo acompañaba a tomar estas fotografías, pues tiene ese ojo que empieza a capturar cosas importantes de la vida”.
De ese hallazgo doméstico a un museo hay una distancia que ninguna familia cruza sola. La conversión arquitectónica de la casona, de fachada carmín, la experiencia museográfica, incluidos el patio y el sótano donde se recreó el estudio secreto de Frida, y la identidad gráfica que se nota un arduo trabajo de equipo. Romeo Kahlo lo resume así: “a veces cuando tú estás metida en la historia y en lo que quieres decir, te falta trayectoria para llegar a decirlo, y Adriana (curadora del proyecto) se metió en todo lo que teníamos, nos escuchó y, con sus conocimientos, logró convertirlo en una narrativa que la gente pueda consumir de buena manera”.
De las más de dos mil piezas familiares que salieron de aquellos clósets, el libro Casa Kahlo: Frida Kahlo’s Home and Sanctuary, publicado por Rizzoli y firmado también por Hentschel Romeo, se quedó con unas doscientas. La selección, dice Romeo Kahlo, respondió tanto al espacio como a la narrativa: “no es tan grande el espacio para exhibir, y hay cosas que pueden sonar repetitivas, porque puedes tener diecisiete anillos y pones cinco”. El acervo, añade, irá rotando dentro del museo para no repetirse y para descansar a las piezas.
El objetivo declarado del proyecto es mostrar a Frida a través de sus vínculos, más que de su obra. “Hay gente a la que no le gusta la obra de Frida porque se le hace muy dramática, pero cuando entras en este mundo amoroso, descubriendo a esta Frida humana que también reía y lloraba y compartía todo con sus hermanas, te das cuenta que como ser humano sí te puedes identificar con ella”, dice Romeo Kahlo. Verla como persona, agrega, la vuelve alguien más cercano que un ícono en una playera.
Esa lectura familiar incluye a las otras tres hermanas Kahlo, mujeres que Romeo Kahlo describe como adelantadas a su época:por ejemplo, el caso de Cristina Kahlo, después de un matrimonio breve y un divorcio, abrió las puertas de esta misma casa para repartir una canasta básica entre más de quinientas mujeres solteras o madres solteras. Esa iniciativa, La Ayuda, fundada por Cristina Kahlo en los años cincuenta, tiene hoy su propia sala dentro del museo.
Museo Casa Kahlo abrió al público el 27 de septiembre de 2025, a unos pasos de la Casa Azul. Ahí donde esa otra casa muestra a la artista y luchadora, la Casa Roja busca, en palabras de Romeo Kahlo, encontrar “a mi tía”, el círculo de afectos que la hizo quien fue. El lema que la familia repite, dice Romeo Kahlo, resume el criterio detrás de cada decisión curatorial y de diseño: más amor, más familia, más México.
Este libro es para quienes quieren conocer dónde a Frida se la encuentra por sus afectos, más que por su obra.
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