Drácula regresa con la firma de Stephen King
Folioscopio publica una edición de coleccionista de la novela de Bram Stoker, ilustrada por Christian Quesnel y acompañada de textos de Stephen King y Dacre Stoker
Hay libros que nunca dejan de publicarse porque nunca pasan de moda. Drácula, la novela que Bram Stoker dio a conocer en 1897, pertenece a esa estirpe de clásicos que cada generación reedita a su manera, como si el mito necesitara renovar su sangre cada cierto tiempo. La editorial Folioscopio acaba de sumar un capítulo más a esa historia editorial con una edición de lujo que ilustra el artista quebequés Christian Quesnel y que incluye un prólogo de Stephen King, además de una introducción y un epílogo firmados por Dacre Stoker, bisnieto del autor original.
La trama es de sobra conocida, pero conviene recordarla con la fórmula exacta con que la cuenta la propia editorial: un joven notario, Jonathan Harker, viaja a Transilvania para cerrar una operación inmobiliaria con un cliente singular, el conde Drácula, nuevo propietario de una finca en Londres. Ahí encuentra un país que se persigna al mencionar el nombre de su anfitrión, una hospitalidad que incomoda más de lo que tranquiliza, y la certeza creciente de que está atrapado junto a un ser que no pertenece del todo al mundo de los vivos. Lo que sigue es historia de la literatura: el vampiro cruza el mar y empieza a acechar las noches inglesas.
Lo que distingue a esta edición no es la historia, sino el cuerpo que le dan. Folioscopio la presenta como una pieza de coleccionista, pensada tanto para releer la novela como para exhibirla: el trabajo de Quesnel, ilustrador con amplia experiencia en cómics, novelas y novelas gráficas, convierte el libro en un objeto en el que el texto convive con una narrativa visual propia. Quesnel formó su oficio entre el diseño gráfico, el cómic histórico y la ilustración de novelas, una combinación que se nota en el pulso narrativo de sus imágenes.
El otro gesto editorial relevante es la dupla de firmas que enmarca el texto. Que Stephen King escriba el prólogo no es un dato menor: pocos autores vivos han construido una relación tan explícita con la tradición del terror gótico, y su presencia funciona como un puente entre el Drácula victoriano y la sensibilidad contemporánea del género. Dacre Stoker, por su parte, aporta la mirada de un heredero directo, alguien que ha dedicado buena parte de su carrera a investigar y proteger el legado de su bisabuelo, incluyendo la coautoría de precuelas y estudios sobre los manuscritos originales. Su introducción y su epílogo añaden una capa biográfica y documental que normalmente no acompaña a las ediciones comerciales de la novela.
El momento tampoco es casual. Esta edición ilustrada llega poco después de dos relecturas cinematográficas notables: el Nosferatu, de Robert Eggers, y Drácula: una historia de amor, de Luc Besson, estrenadas en 2024 y 2025, respectivamente. Que el cine vuelva una y otra vez sobre el conde transilvano confirma algo que la industria editorial ya sabía: el personaje no se agota porque cada época encuentra en él una metáfora distinta, ya sea el deseo, la enfermedad, la extranjería o el poder que se impone sin pedir permiso.
Conviene situar también al autor original en su propio contexto. Bram Stoker nació el 8 de noviembre de 1847 en Dublín y, antes de convertirse en sinónimo del vampiro moderno, trabajó como gestor de teatro y escritor de relatos cortos. Drácula fue su novela más célebre, pero no la única: dejó, además, una correspondencia, notas y borradores que estudiosos como su propio bisnieto siguen revisando más de un siglo después. Ese trabajo de archivo es justamente lo que nutre el epílogo de esta nueva edición.
Más que una simple reimpresión, lo que propone Folioscopio es una forma de leer el clásico desde varios frentes a la vez: el ilustrador que lo reinterpreta visualmente, el escritor contemporáneo que reconoce su deuda con él y el heredero que cuida su memoria. Drácula sigue mordiendo y esta edición es prueba de que el gusto por sus colmillos no tiene fecha de caducidad.