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Gael García Bernal y el juego infinito de la voz: una inmersión en sus proyectos sonoros presentados en la FIL Guadalajara.

Gael García Bernal y el juego infinito de la voz: una inmersión en sus proyectos sonoros presentados en la FIL Guadalajara.

Dos días después de su paso por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, lo que permanece de la charla de Gael García Bernal no es solo la imagen de un auditorio Juan Rulfo abarrotado, sino la claridad con la que el actor mexicano expuso una relación íntima, casi lúdica, con la voz. Más que un evento masivo, lo suyo fue una invitación a pensar en el sonido como territorio creativo, un espacio donde la interpretación se desnuda del cuerpo y se sostiene únicamente en matices, modulaciones y silencios.

Acompañado por Gina Jaramillo, García Bernal presentó dos proyectos recientes: el audiolibro La metamorfosis, de Franz Kafka, y la radionovela Hilde Krüger: la ficción y la guerra, inspirada en la actriz alemana que presuntamente trabajó como espía nazi en México en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Ambos trabajos comparten un origen común: la apuesta por explorar narrativas desde el sonido, un formato al que el actor regresa con entusiasmo renovado.

Aunque su trayectoria está marcada por el cine, García Bernal insistió en que la voz ha sido siempre una de sus herramientas fundamentales. Recordó su paso por la escuela de teatro, donde dedicaba jornadas completas a ejercicios de movimiento y vocalización: “Eran cuatro horas de movimiento todos los días y cuatro horas de voz”, dijo. Esa formación temprana, más disciplinada que reflexiva, le dio la capacidad de manipular acentos y colores vocales, una habilidad que hoy se vuelve central en sus experimentos sonoros.

Trabajar sin cámara ni presencia física, aseguró, implica otro tipo de intimidad. La dinámica del estudio de grabación —concentrarse únicamente en lo que se dice, leer en voz alta, descubrir variaciones que no aparecen en la lectura silenciosa— abre posibilidades que rara vez ofrece el cine. Allí, donde todo se reduce al oído, la interpretación se vuelve un ejercicio de imaginación pura.

En la radionovela dedicada a Hilde Krüger, García Bernal interpreta a un periodista que sigue con fascinación a la espía. Para encarnar a un locutor del México de mediados del siglo XX, recurrió a grabaciones de la época. En la presentación arrancó risas al evocar viejos anuncios y modular la voz con un tono nasal, característico de la radio AM, recordando incluso un comercial de “Leche bárbara”.

Más allá del juego técnico, el proyecto lo llevó a reflexionar sobre el espionaje como un fenómeno casi filosófico. Afirmó sentir especial atracción por la manera en que los espías “veían el mundo diez años después”, operando desde la anticipación y lo invisible. Esa perspectiva lo sedujo para construir a su personaje: un hombre común tratando de descifrar a alguien que siempre está un paso adelante.

La radionovela, que comparte créditos con Alfonso Herrera e Ilse Salas, también planteó retos históricos. Jaramillo subrayó la necesidad de acercarse al pasado sin juzgarlo desde el presente, algo que García Bernal asumió como parte del proceso de estudio previo a la grabación.

Su otro proyecto, La metamorfosis, lo obligó a volver a un libro que muchos leen por obligación escolar. Al enfrentarse otra vez al texto —esta vez sin la urgencia de una calificación— encontró elementos que habían pasado desapercibidos. Habló del contexto político en el que Kafka escribió, del clima de exclusión y antisemitismo que precedió a la Segunda Guerra Mundial y que, leído hoy, adquiere una resonancia distinta.

© FIL/Natalia Fregoso

La grabación del audiolibro se realizó como lectura dramatizada junto a Mauricio Isaac y Casandra Changuerotti. En ese proceso descubrieron que ciertas frases podrían adaptarse para encontrar nuevas capas de sentido, sin traicionar el espíritu original de la obra. Esa “reapropiación”, dijo, ha sido parte natural de su experiencia lectora desde joven: reinterpretar textos para incorporarlos al presente.

A pesar del entusiasmo por los formatos sonoros, García Bernal reconoció una ausencia fundamental: la reacción inmediata del público. En el teatro, explicó, los intérpretes pueden medir la respuesta de la audiencia; en el sonido, en cambio, todo queda suspendido. “En los audiolibros no sé cómo nos enteramos si les gustó”, bromeó, consciente de que incluso las redes sociales ofrecen señales ambiguas.

© FIL/Natalia Fregoso

© FIL/Natalia Fregoso

Lo que sí dejó claro es que los proyectos sonoros no son una pausa en su carrera, sino una expansión. Una manera de volver al origen —la voz, la escucha, el juego— para contar historias desde un lugar donde la imaginación hace el resto.

© FIL/Natalia Fregoso