Maestros (carta editorial revista lee+ 144)

Maestros (carta editorial revista lee+ 144)

Ser profesor no es poca cosa. Aunque aparentemente sus labores se reducen a una obviedad —el docente enseña y los alumnos aprenden o simplemente los guía para que ellos aprendan a aprender—, su trabajo se ha convertido en un asunto mucho más que tropezoso. Desde hace unos años, los estudiantes se han convertido en unas criaturas tan frágiles que la docencia ya no puede apelar a la ironía socrática y tampoco puede asumir la existencia de cariño. Lo primero es una ofensa, y lo segundo, un posible indicio de acoso al que vale más sacarle la vuelta. No sólo esto, los alumnos han dejado de ser lo que eran y mutaron en clientes que no dudan en ejercer sus derechos hasta las últimas consecuencias: si el cliente siempre tiene la razón, ellos indudablemente la tienen, y si el cliente exige un trato vip ellos también lo merecen. Justo por ello, los profesores optaron por calificar los esfuerzos y abandonaron la necedad de evaluar los conocimientos. Para colmo de las desgracias, como resultado de la pandemia, los maestros se enfrentan a una nueva supervisión, que a la menor provocación está dispuesta a poner el grito en el cielo: los padres de familia que incesantemente se asoman a la pantalla para reclamar cualquier ocurrencia que tengan y, por supuesto, para dar indicaciones didácticas a sus empleados. A esos personajes, que tienen la maravillosa facultad de heredar a sus alumnos los logros de lo humano, está dedicado este número de Lee+. Y por eso el profesor John Keating, el personaje de Robin Williams en Sociedad de los poetas muertos, es el maestro que todos hubiéramos querido tener: apasionado por la enseñanza, cercano y comprensivo con sus alumnos, con ganas de inspirarles y transmitirles sus conocimientos. Asomarnos a sus distintas facetas, nos ofrecel a posibilidad de detenernos a pensar en lo que sucede en este ámbito tan vital. +

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