+Lecturas: Entrevista con Trinidad Baruf por El paisaje se llena de espejos
Esta semana en +Lecturas, conversamos con la escritora Trinidad Baruf sobre una novela que reconstruye la experiencia de una vida a partir de fragmentos, recuerdos y escenas que desafían el orden cronológico. Publicado por Hash Literatura, el libro indaga en la soledad, los vínculos familiares y las posibilidades de la ficción para transformar la experiencia personal.
¿Hasta qué punto somos capaces de reconstruir nuestro pasado? ¿Qué ocurre cuando los recuerdos aparecen sin orden y se mezclan con aquello que imaginamos? En El paisaje se llena de espejos, la escritora argentina Trinidad Baruf parte de estas preguntas para construir una narración en la que la memoria no funciona como un archivo preciso, sino como un conjunto de imágenes que se conectan, se contradicen y adquieren nuevos significados con el tiempo.
En entrevista con Francisco Goñi para +Lecturas, desde Librerías Gandhi, la autora habló sobre el origen de esta novela, cuya escritura comenzó con un ejercicio aparentemente sencillo: escribir a partir de una fotografía familiar.
La imagen mostraba a Baruf durante su infancia en la Patagonia argentina, su lugar de nacimiento. El viento agitaba su cabello y aquella escena, contemplada años después de haber abandonado su tierra a los 17 años, se convirtió en el detonante de una serie de recuerdos. El ejercicio formaba parte de un taller en línea impartido por la escritora argentina Mercedes Halfon. Lo que comenzó como una exploración de una imagen terminó por abrir un camino narrativo que la autora decidió seguir.
A partir de entonces, los recuerdos personales se mezclaron con elementos inventados. La novela tomó forma sin una estructura lineal ni un acontecimiento central que condujera a una resolución. En su lugar, aparecen distintos momentos de una vida que se reflejan entre sí y que el lector debe relacionar.
Los fragmentos que construyen una vida
La memoria, explica Baruf, se parece a una excavación arqueológica: primero aparece un hueso, después un cabello y, más adelante, otros vestigios que no necesariamente encajan en una imagen completa. Recordar implica buscar conexiones, pero también aceptar que algunas piezas permanecerán dispersas.
Esta idea atraviesa la estructura de El paisaje se llena de espejos, donde los capítulos breves alternan entre distintas épocas, relaciones y escenarios. La infancia, la vida adulta, la pareja y la maternidad conviven en una narración que reproduce los movimientos de la memoria, capaz de trasladarnos de un momento a otro a partir de una imagen, un aroma o una asociación inesperada.
El título encuentra una correspondencia en los espejos que multiplican una figura hasta producir una sucesión de reflejos. Baruf recordó que durante su infancia tenía un espejo en el baño de su casa que le permitía verse repetida desde distintos ángulos. Aquella imagen, fascinante y al mismo tiempo inquietante, terminó vinculándose con la manera en que las historias de la novela se reflejan unas en otras.
La portada, basada en una obra de la artista mexicana Sofía Ortiz, también dialoga con esta propuesta. Sus fragmentos no componen necesariamente una figura reconocible, pero permiten intuir relaciones posibles. Algo similar sucede con la lectura: cada persona establece conexiones desde su propia experiencia.
La maternidad frente a lo desconocido
La novela también aborda la maternidad lejos de las representaciones idealizadas que suelen acompañarla. Su protagonista vive aislada junto a su hija, en un escenario que intensifica la incertidumbre y la responsabilidad de cuidar a otra persona sin contar siempre con apoyo.
Para Baruf, una de las experiencias más complejas de la maternidad es enfrentarse a aquello que no puede preverse. Ningún conocimiento previo garantiza saber cómo actuar ante cada situación; incluso cuando existen experiencias compartidas, cada vínculo plantea preguntas particulares. La soledad aparece entonces no solo como una condición física, sino como la sensación de tener que aprender y equivocarse por cuenta propia.
En este contexto, la escritura acompaña a la protagonista en medio del desconcierto. Sin embargo, la autora evita atribuirle un poder redentor absoluto. No considera que la literatura salve necesariamente, sino que encuentra en ella una posibilidad de acercarse a las zonas oscuras de la experiencia humana y observarlas desde otra perspectiva.
Ese acercamiento también exige transformar los recuerdos. Al llevarlos a la página, la experiencia personal deja de ser un registro intacto y se convierte en material narrativo. Para Baruf, la ficción surge precisamente de intervenir ese pasado, romperlo y combinarlo con la imaginación.
En El paisaje se llena de espejos, recordar no significa recuperar una versión definitiva de lo vivido. Significa reconocer que la identidad está hecha de fragmentos, desplazamientos y reflejos que cambian con el tiempo.
Mira la entrevista completa con Trinidad Baruf en nuestro canal de YouTube Revista Lee+ de Librerías Gandhi y visita mascultura.mx para descubrir más conversaciones con escritores y escritoras contemporáneos.