El escudero de un libro invencible
Antonio Malpica vuelve a las librerías con La novela, un homenaje disfrazado de misterio literario donde el verdadero protagonista es, justamente, un libro.
Un crítico literario recibe de manos de un autor laureado un manuscrito inédito que, según su dueño, es la mejor novela jamás escrita, con permiso incluso de plagiarlo. Ese es el disparo de salida de La novela, lo último de Antonio Malpica, aunque llamarlo únicamente disparo de salida sería quedarse corto: el libro entero gira alrededor de ese objeto que nadie más ha leído, como si la trama necesitara demostrar, capítulo tras capítulo, que semejante afirmación no es una boutade.
Malpica, que ya cargaba con el Premio de Novela Breve Rosario Castellanos, el Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia y el título, desde 2015, de primer mexicano en ganar el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil, decidió esta vez escribir sobre lo que mejor conoce: el ecosistema entero de las letras. “Un libro sobre libros no había escrito”, cuenta, y lo que entrega ahora es justamente eso, un homenaje a editores, autores y lectores disfrazado de intriga.
El protagonista se llama PS, aunque en realidad solo tiene iniciales, como todos los personajes de la novela. La idea nació de los concursos literarios, donde el texto viaja bajo seudónimo y el nombre del autor queda fuera del juicio. Malpica trasladó esa lógica a la ficción: nadie tiene nombre completo porque, según explica, “lo que define a las personas son sus virtudes y sus defectos”. PS termina apodándose a sí mismo “el perseguidor”, un guiño que cualquier lector de Cortázar reconocerá de inmediato, aunque aquí lo perseguido no sea un saxofonista sino un texto que ni siquiera tiene autor confirmado, solo una firma: una X.
Lo curioso del planteamiento, y lo que vuelve a La novela un libro tan raro como ambicioso, es que el héroe de esta historia no es de carne y hueso. Es un objeto. “El camino del héroe lo lleva a cabo un objeto”, explica Malpica, y PS queda reducido a escudero de ese texto invencible que va conquistando lectores sin que nadie sepa bien por qué. Es una apuesta arriesgada, convencer al lector de que un libro puede ser tan bueno que nadie se le resista, y Malpica lo sabe: “sí sería bastante improbable porque en gustos se rompen géneros”. Pero insiste en jugar con lo posible aunque improbable, que es, a fin de cuentas, la materia prima de buena parte de su obra.
Detrás de la ficción hay una pregunta que Malpica lleva años masticando: por qué se escribe. Su respuesta no tiene vuelta de hoja. “Porque no podemos evitarlo”, dice, y añade una prueba casera: quien logre pasar un mes entero sin escribir una sola línea, seguramente no es escritor. Él mismo confiesa que las sagas lo desvelan y lo sacan de quicio, “de cabeza siempre”, y que los concursos perdidos pesan tanto o más que los ganados, aunque esos nunca figuren en ningún currículum.
Al final de la charla no faltó el ejercicio inevitable: la alineación ideal de escritores, vivos o muertos, de esta Tierra o de otra. Ahí aparecieron Charles Dickens, Terry Pratchett, Margaret Atwood, J. K. Rowling, J. R. R. Tolkien, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Stephen King, Patricia Highsmith y Roald Dahl, un equipo que, como toda buena alineación soñada en caliente, seguramente cambiaría con un poco más de reflexión. Once nombres para representar, un poco en broma y un poco en serio, lo que La novela defiende de principio a fin: que valió la pena, y sigue valiendo la pena, dedicarle la vida entera a este oficio.