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Entre el desastre, la belleza y el mito en Binnizá. Los seres de las nubes de Juan Carlos Rulfo

Entre el desastre, la belleza y el mito en Binnizá. Los seres de las nubes de Juan Carlos Rulfo

Por Jorge Luis Tercero (@GiorgioDammit)

“Mujer tierra soy. Tierra rasgada. Tierra lastimada. Tierra violentada. Tierra que no se quiere secar…”, expresa en diidxazá la voz en off, mientras la película entremezcla, en una perfecta edición, las imágenes de una montaña, los ojos de un venado o la tierra erosionada del campo oaxaqueño.

Del guiño poético a la mitología zapoteca (acaso un poco exotista) y la labor documental que nos habla de desastres naturales, sociales o socioeconómicos, Binnizá. Los seres de las nubes (2025), de Juan Carlos Rulfo, nos lleva en un recorrido entre los años, las personas, el territorio, el presente, el pasado y las raíces ancestrales.

Más allá de las atmósferas de “Luvina” (o “el origen de la tristeza en zapoteco”) que plasmara Juan Rulfo para evocar la zona mixe de Oaxaca, en su mítico relato compilado en El llano en llamas; el documental del hijo se mueve entre los espacios de Juchitán, en el mismo estado del cuento del padre, y donde habitaran figuras legendarias como María Sabina o Francisco Toledo.

Las imágenes de Binnizá se desarrollan desde la danza y el performance, entre el recurso literario (como eje medular), la anécdota cotidiana, y los testimonios de voces cruciales; como las de la poeta zapoteca Irma Pineda, el coreógrafo muxe Lukas Avendaño, la joven artista Didxazá García, pero también la del joven rapero Rosty Bazendú, asesinado en 2024.

Rulfo definió el propio proyecto como un desastre virtuoso, un desastre que nos habla del desastre que habitamos. Y que adquiere cuerpo y volumen a partir del poema “El lagarto de las nubes”, escrito expresamente para la película, además narrado por la misma autora, Irma Pineda. Y a partir de este poema se comprende y se explica el documental. Con él, la estructura de la cinta busca emular una cosmovisión mito-fundacional en la que se entrelazan leyendas (como la del be’ñe’ o lagarto que es el sostén del universo y guardián de la ceiba sagrada), con la lucha y la resistencia de la gente de Oaxaca en tiempos contemporáneos.

“Es una película que tardamos muchos años en acabar. Desde el terremoto del 2017 hasta acá. Así que es un desastre. Una película sobre el desastre también”, resumió el realizador durante la presentación del 8 de marzo, para el festival Gira de documentales. Ambulante, edición 2026.

Cuenta el mismo Rulfo que todo comenzó con la propuesta de hacer una película sobre el artista visual Francisco Toledo. Pero al estar ahí, en Juchitán, el lugar les gritaba a la cara que debían hacer otra cosa, que había más por descubrir y narrar en ese territorio, como si de una deuda inaplazable se tratara.

Todo lo que Rulfo contemplaba ahí lo rebasaba, lo hipnotizaba y asustaba, al mismo tiempo, al punto que le recordó a la película de Madmax, de George Miller. Y, de pronto, se imaginaba una secuencia de motos, con sus motores rugiendo en medio de este territorio distópico pero, al mirar de nuevo, ahí entre los molinos de las empresas transnacionales, los helicópteros del ejército, los estragos en el suelo tectónico, los raperos zapotecos y el mar, la visión se convertía en otra cosa. En medio de tantas posibilidades, aparece el poema de Irma, a quien Juan Carlos Rulfo define como la salvadora del proyecto.

En las primeras imágenes del filme, somos llevados hacia una visión metafórica de la cosmovisión zapoteca, desarrollada desde el poema, desde la edición pero también desde la danza, con el trabajo que la artista Didxazá García, quien a partir de su cuerpo y el lodo, expresa el mito de la ceiba y el lagarto. Todo esto capturado por la cámara de Rulfo.

Continuamos con una ruptura total, que nos arroja de golpe hacia el drone de Nicolás Rulfo para contemplar los colosales molinos de viento de los consorcios privados europeos, principalmente de España y Francia (Iberdrola, Renovalia Energy, Électricité de France, Eurus). Un paisaje nada metafórico que nos remite a un proceso de explotación del territorio, con más de 2000 aerogeneradores operando en más de 50 mil hectáreas, según datos del Global Atlas of Enviromental justice.

Bajo la sombra de estos molinos de viento, tan opuestos a los del Quijote de Cervantes, se tejen testimonios de la gente que habita la tierra, las playas y los caminos de esta región del Istmo de Tehuantepec. Entre estos, surge la voz del aclamado Lukas Avendaño, autor de Réquiem para un alcaraván y Lemniskata, quien sentado entre la naturaleza, platica a la cámara de una ocasión en que quiso bañarse en el río y fue asaltado por un par de chicos, quienes le apuntaron a la cabeza y luego desaparecieron. “Esa vez pensé que si me hubieran matado ahí, nadie hubiera encontrado mi cuerpo.” Recordemos que, desde el 10 de mayo de 2018, el performer y coreógrafo muxe se ha volcado al activismo en pos de la búsqueda de su hermano Bruno, quien desapareció a cinco kilómetros de la casa de su madre.

La cinta, que comenzó a gestarse entre Rulfo y su equipo desde los días del terremoto de 2017, y que quedaría atravesada por la pandemia de 2020, finalmente llegaría a concluirse hasta el actual sexenio, entre varios años de rodaje y de situaciones tristes: como lo sucedido la noche del 31 de julio de 2024, con el asesinato de Vicente Ramírez Santiago quien se desempeñaba como mototaxi y era conocido en la escena contra cultural oaxaqueña como el rapero Rosty Bazendú, crimen del que hasta la fecha no se ha esclarecido.

En medio de los testimonios e imágenes, del filme se cuela la figura carismática y las rimas de Rosty Bazendú, personaje que se convierte en uno de los momentos centrales en este proyecto de Rulfo y que da cuenta de una preocupación por la identidad zapoteca y el lenguaje entre las nuevas generaciones.

Originario de Juchitán, adoptando la identidad de rapero Binnizá (o Gente Nube, como suelen definirse las personas zapotecas) y activista de la lengua, Rosty Bazendú aparece en varios momentos del documental charlando sobre las vicisitudes de hacer rap en su lengua. Su obra se caracterizó por narrar historias del barrio y de su comunidad, al punto de ser reconocido como el mejor rapero de su tierra por figuras como la artista Natalia Toledo. Sin serlo expresamente, esta cinta se convierte en un pequeño homenaje a su legado y nos deja el testimonio de que su violento crimen aún no ha sido aclarado.

Una pregunta que queda en el aire es si la gente de Juchitán necesita ver un cine sobre su cultura que evoque sus raíces y el lado agradable o que denuncie los males sociales (crimen organizado), del capitalismo y el extractivismo. Al final, Juan Carlos Rulfo decide hacer ambas cosas, pues de alguna manera toda la dureza del México (y del mundo) contemporáneo sí está presente en el filme, aunque no es el punto central.

Para Rulfo la violencia está ahí porque es inocultable, sin embargo, él prefiere también trabajar desde una visión cosmológica, para presentar lo recopilado desde el arte y no únicamente desde la crudeza que nos podría ofrecer cualquier reportaje o nota sobre la violencia.

Por otro lado, para la poeta Irma Pineda, quien da lenguaje y voz al filme, un tema muy importante es que, a pesar de lo cosmológico y lo artístico, la violencia sí está ahí, presente, en un diálogo inevitable. “El arte no tiene por qué decirte tal cual las cosas, sino que busca decirte cosas desde un lenguaje estético para que lo reflexiones”, señaló.

Binnizá. Los seres de las nubes es un texto fílmico que estuvo a punto de quedar inconcluso, archivado; se trata de un rompecabezas cinematográfico que buscaba su propia estructura, su propia mitología, su forma de encontrarse, entre la imagen, la música de Leo Heiblum (quien trabajó a partir de una mixtura de grabaciones de sonidos reales de Juchitán); el ritmo, el rap, la danza, el cuerpo, el lenguaje en resistencia; pero también la gran edición de Ramón Cervantes y Jorge García y el trabajo de producción de profesionales como Mariana Castro, Eduardo Díaz Casanova, Gabriel Díaz Casanova. Un filme que no se dejaba filmar y que al final se encontró a sí mismo.

Este nuevo documental de Juan Carlos Rulfo, producido por Península Films & Entertainment, podrá verse este junio 2026 en salas del circuito cultural de la CDMX, entre las que se encuentran las del Centro Cultural Universitario de la UNAM.+