La verdad en el humo

La verdad en el humo

Confieso que he leído de todo: novelas, ensayos, historias de espías, fantasía y mística. Libros que, en apariencia, no tienen nada que ver entre sí y que, sin embargo, terminaron llevándome a la misma pregunta: ¿qué diferencia hay entre verdad y realidad?

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Uno de los primeros libros que, en mi infancia, me tuvo leyendo hasta la madrugada fue Corazón de tinta (Siruela, 2004), de Cornelia Funke. Metía toallas debajo de la puerta para que mis padres no vieran la luz. Nunca funcionó. De aquella novela recuerdo una idea persistente: el padre de la protagonista leía en voz alta con tanta belleza que los personajes abandonaban las páginas y entraban en nuestro mundo.

Aquella escena no era solo magia; era una metáfora de la literatura misma. Las novelas no inventan personas y acontecimientos para engañarnos, sino para tender puentes hacia verdades más profundas que la realidad, por sí sola, no siempre alcanza a mostrar.

 

Cuando la ficción revela la verdad

Esta idea se ve muy clara en La canción de Bernadette (Palabra, 2006), la obra maestra del autor austríaco Franz Werfel. La novela cuenta la historia de la pequeña Bernadette, a quien la Virgen se le aparece en una gruta cerca de Lourdes. Los habitantes del pueblo, llenos de dudas, la acompañan hasta la gruta. No ven aquello con lo que Bernadette dice estar hablando. Lo único que pueden ver es la expresión mística de su rostro: una mezcla de éxtasis, una belleza casi cadavérica y una sinceridad imposible de fingir. Y eso les basta para hacer tangible una verdad que permanece fuera de su alcance.

Al final de la novela, un escéptico visita la gruta y queda profundamente conmovido por la religiosidad de la gente. En un monólogo afirma que el espíritu humano es demasiado limitado para existir al margen de imágenes y palabras. Los dioses son siempre un reflejo de nuestra propia naturaleza. Una aparición mariana no sería, entonces, más que una de las muchas formas en que lo incomprensible se vuelve comprensible para nosotros. Y, sin embargo, las objeciones justificadas de quienes ponen en duda la historicidad (o realidad) de estas apariciones nunca constituyen, por sí mismas, una refutación de su verdad.7668440

 

Otro libro que explora la verdad a través de imágenes es Desplazamientos forzados (Herder, 2026), del filósofo Carlos Pereda. Pereda reflexiona sobre el sufrimiento y la crisis de identidad de quienes huyen de su país y de sus hijos, que terminan sin pertenecer plenamente ni al lugar que dejaron ni al que llegaron. Lo analiza, entre otros ejemplos, a través del poema “Barco de refugiados” de Lorna Dee Cervantes, escrito deliberadamente en un español incorrecto, cuya imagen del «barco que nunca atraca» plasma con fuerza esa eterna falta de pertenencia.

 

La literatura como territorio intermedio

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En la filosofía mexicana, este vaivén se conoce como nepantla, un concepto nahua que significa “estar en medio” o “entre dos mundos”. El filósofo Emilio Uranga recuperó esta idea para describir la condición del mexicano, un análisis que se puede profundizar en el recomendable libro La razón pendular de Emilio Uranga (Herder, 2025), de José Manuel Cuéllar Moreno. Para ello, Uranga se apoya en las imágenes del péndulo y de la “zozobra”, término que proviene del poemario homónimo de Ramón López Velarde, donde se expresa la oscilación constante entre la devoción religiosa y el deseo terrenal.

 

 

Esa intuición de habitar un espacio intermedio aparece también en un libro del escritor aborigen australiano Tyson Yunkaporta. En Escrito en la arena (Herder, 2023), relata su estancia en una casa en la que comenzaron a ocurrir fenómenos paranormales. Siguiendo la tradición de su pueblo, encendió unas hierbas y empezó a inhalar el humo. Explica que el humo ocupa un estado intermedio: no pertenece por completo a la tierra ni al cielo y, precisamente por eso, permite el encuentro con los espíritus. A partir de esa experiencia, extiende la idea a la literatura. Las historias y las metáforas también ocupan ese espacio intermedio: conectan el mundo visible con aquello que no podemos ver directamente y hacen posible que ciertas verdades se vuelvan comprensibles.

 

Vivimos en una realidad material, pero queremos la verdad del espíritu. Somos seres de transición que viven siempre en nepantla. Si buscamos la verdad en los resquicios de la literatura, ¿qué le queda entonces a la realidad? La realidad es lo ineludible. Es la suma de los hechos puros y duros, con total independencia de cómo decidamos interpretarlos. Y la realidad, en este preciso momento mientras escribo estas líneas, es que ya es de noche y siento cómo el cansancio empieza a reclamarme. Antes de apagar la luz, leeré unas páginas más de Nuestro juego (Plaza & Janés, 1995), de John le Carré, una novela de espionaje inteligente, muy british y absorbente.

 

 

Confieso que, para mí, una de las verdades más hermosas de la literatura es que no siempre tiene que explicarnos el mundo ni llevarnos a la cumbre de la filosofía. A veces basta con que haga lo que más urge en una realidad ruidosa: ofrecer, simplemente, placer y entretenimiento. 

 

Karl-Raban Herder, originario de Bonn, Alemania, y abogado de formación, proviene de una familia de editores. Actualmente es el responsable de Herder Editorial para México, donde impulsa la edición de autores locales, la expansión del catálogo y la difusión de sus obras en el país. @herdereditorial 

 

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