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Elena Poniatowska, la inmortal inmortalizadora

Elena Poniatowska, la inmortal inmortalizadora

Por Irma Gallo

7 de junio 2022

Cuando llegó a México, la tierra de su madre Paula Amor, siendo una niña de nueve —casi diez— años de edad, Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor quizá no imaginó que este se convertiría en su país para siempre y que sus héroes, como la soldadera oaxaqueña Josefina Bórquez; el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo; Paulina Ramírez, la niña de 13 años víctima de violación a quien le impidieron abortar; o el astrónomo Guillermo Haro, quien se convertiría en padre de sus hijos y su compañero por el resto de su vida, inspirarían algunas de sus obras más importantes. Que el habla de sus habitantes más pobres, los de las periferias, los marginales, la lengua que no enseñan en las escuelas ni está en los diccionarios le daría una musicalidad única a los personajes de sus historias. Con respecto a ese lenguaje, Octavio Paz dijo al periodista cultural Braulio Peralta: “Me sorprende el lenguaje de Elena Poniatowska. No es un lenguaje puramente coloquial. El coloquialismo por el coloquialismo es un error literario. Pero cuando el escritor logra transformar el idioma de todos los días en literatura, entonces se logra esa especie de musicalidad, que lleva esa cosa alada, cierta, como poética, que observamos en el lenguaje de Elena Poniatowska”.

Tampoco imaginaba la princesa Hélène que los hechos más atroces, como la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco o el terremoto de 1985, se volverían libros indispensables para entender la historia de este, su país. Porque México es de Elena Poniatowska como Elena Poniatowska es de México.

Sobrina de la atormentada y talentosa poeta Pita Amor (1918-2000), después de una breve estancia de formación en Estados Unidos durante la adolescencia, Elena Poniatowska regresó a México y se convirtió en una joven e inquieta reportera cuando las mujeres periodistas en México sólo escribían en la sección de Sociales, como lo haría también Clarice Lispector en sus inicios en Brasil. A Poniatowska le quedaba chico escribir sólo acerca de bodas y eventos de la socialité, así que empezó a hacer entrevistas a personajes de la cultura como María Izquierdo, Manuelita Reyes, Dolores del Río, Octavio Paz y Juan Rulfo. Hoy en día, le gusta contar esa anécdota diciendo: “Cuando tú no habías nacido, y había muy pocas mujeres en el periodismo, yo empecé a entrevistar a otras mujeres”. (Se lo dijo a quien esto escribe en 2014, cuando la entrevisté en Mérida porque la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY) le iba a entregar la Medalla José Emilio Pacheco). 

Aunque su célebre tía se burlaba de ella por haber elegido este oficio, en él están los cimientos de la Elena escritora de ficción que ha llegado a ganar importantes premios a lo largo de su vida, como el galardón más relevante a la literatura en lengua española, el Cervantes, 2013, que recibió en la Universidad de Alcalá de Henares en 2014 —el cual, de hecho, ella vio como un reconocimiento al ejercicio del periodismo—. Incluso, en una entrevista que concedió a Carlos Pérez Salazar para BBC Mundo, en octubre de 2015, reconoció que el periodismo suele ser ninguneado, y que ella es periodista y va a morir siéndolo. Además, fue gracias a este oficio que Elena Poniatowska dio a conocer y comenzó a formar parte del círculo de escritores como Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Álvaro Mutis. En la obra de Elena la ficción y el ejercicio periodístico, testimonial, van siempre de la mano.

En 1954, Poniatowska publicó su primer trabajo de narrativa de ficción, Lilus Kikus, libro de cuentos con una niña inquieta y curiosa como protagonista que ilustró la pintora surrealista Leonora Carrington. La misma Carrington sería, años después, su inspiración para escribir la biografía novelada Leonora (2012), aunque la misma  Elena diría que la pintora y escultora odiaba que la entrevistaran y que por ello su libro es, antes que nada, una obra de ficción.

Después siguió Hasta no verte Jesús mío (1969), la historia de Jesusa Palancares, que fue soldadera, obrera y sirvienta, que hablaba con los muertos y se convirtió en un personaje fundamental en la historia de la narrativa mexicana. En el origen de esta novela se encuentran las múltiples entrevistas que le hizo a Josefina Bórquez, la mujer de carne y hueso que inspiró a Jesusa. Este libro le valió el Premio Mazatlán de Literatura, uno de los más prestigiosos galardones literarios de México, en 1971. Elena Poniatowska no cumplía todavía 40 años de edad y ya tenía un importante reconocimiento como escritora en el medio cultural e intelectual mexicano, tradicionalmente dominado por hombres. “En México, las mujeres que se salían del camino establecido eran satanizadas”, dijo la escritora a Carlos Pérez Salazar en la entrevista citada anteriormente, refiriéndose a las mujeres de la generación de Frida Kahlo y Tina Modotti, de quien también escribió una novela biográfica, Tinísima, publicada en 1992.

Y es que a Elena siempre le ha interesado contar las historias de las mujeres, y parte importante de trabajo ha sido visibilizar a las olvidadas, a las repudiadas, a esas rebeldes que, como ella misma, han poblado con su talento las letras, la danza y las artes plásticas mexicanas; en Las siete cabritas (2000), traza singulares retratos literarios de Nellie Campobello, María Izquierdo, Rosario Castellanos, Frida Kahlo (antes de que se convirtiera en el icono mundial que es hoy en día), Nahui Ollin, Elena Garro y su tía, Pita Amor.

Elena Poniatowska dedicó una novela a otra mujer igualmente talentosa y olvidada, Angelina Beloff (Querido Diego, te abraza Quiela, 1978): pintora y tiritera rusa, madre de un hijo varón de Diego Rivera que murió a los pocos meses de nacido y abandonada después por el que se convertiría en uno de los tres grandes muralistas mexicanos (los tres varones, por cierto).

Con la publicación de La noche de Tlatelolco, 1971 se convirtió en un año clave en la trayectoria de Poniatowska, pues además de haber ganado el Premio Mazatlán por Hasta no verte Jesús mío, su crónica de la matanza de estudiantes por órdenes de Gustavo Díaz Ordaz en 1968 se volvió un hito, ya que es un documento narrativo literario que utiliza los testimonios de sobrevivientes como un conjunto de voces aparentemente sin un entramado cronológico y dramático, pero que la convierten en lo que Julio Rodríguez-Luis llama “narrativas documentales”, pero que yo llamaría, inspirada en Cristina Rivera Garza, escritura documental: “a los libros que he escrito con base en noriginales, incluido y sobre todo El invencible verano de Liliana, los denomino escritura documental, y no literatura testimonial: artefactos que quieren cuestionar y producir (producir porque cuestionan) el presente contra el cerco individualista de la imaginación neoliberal”. 

Elena, la reportera, no ha dejado de lado la escritura documental. En Fuerte es el silencio (1980) se ocupa de los cuidacoches, los aboneros, las sirvientas y las prostitutas en la crónica “Ángeles de la ciudad”; del 68 (una vez más) en “El movimiento estudiantil de 1968”; del movimiento de madres de desaparecidos encabezado por Rosario Ibarra de Piedra en “Diario de una huelga de hambre”; de las luchas de Florencio “El Güero” Medrano y su gente en “La colonia Rubén Jaramillo”.

Para 1988 publicó Nada, nadie, las voces del temblor, y en 2006 Amanecer en el zócalo: los 50 días que confrontaron a México, en donde hizo la crónica del plantón que el entonces candidato a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, montó en Paseo de la Reforma. 

Elena tampoco ha abandonado la biografía novelada y los reconocimientos a su calidad literaria no han dejado de llegar. En 2001, El universo o nada. Biografía del estrellero Guillermo Haro, inspirada en la historia de su compañero de vida, le valió el Premio Alfaguara de Novela. Basada en la vida del líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo, su novela El tren pasa primero ganó el Premio Rómulo Gallegos en 2007.

En su más reciente novela en dos tomos: El amante polaco Libro 1 y Libro 2, rastrea la historia de su antepasado Stanislaw II August Poniatowski, rey de Polonia, hasta su propia trayectoria como escritora pero sobre todo como periodista, y por lo tanto como testigo de primera mano de un México que anhelaba ser parte de la modernidad.

Este 2022 celebramos el 90 aniversario de Elena Poniatowska, la inmortal, cuyas letras, desde el periodismo, la escritura documental y la narrativa de ficción, han inmortalizado a tantos otros.

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