Carmen Villoro: una navegante de la existencia

Carmen Villoro: una navegante de la existencia

24 de agosto de 2021

Claudia Posadas

“Púlsares del confinamiento” partes de Iberoamérica y pertenecientes a distintas generaciones reflexionan y conversan en torno a esta actualidad tan compleja que nos concierne. Acaso abisales pero poderosos, mostramos estos destellos de la conciencia en la oscuridad de estos tiempos. Abrimos este espacio en nuestras páginas para presentar la poesía de Carmen Villoro.

Desde su primer libro, Que no se vaya el viento (1990), la obra poética de Carmen Villoro (México) ha abrevado de la aparente insignificancia de lo cotidiano, con el fin de hallar, en los objetos, en el silencioso misterio de los resquicios, en los inesperados quejidos de la madera, en los rituales diarios de nuestra existencia, revelaciones de vida. Sus poemas son navegaciones hacia una Ítaca del existir, donde habitan / nos habitan nuestras verdades más profundas, nuestra fragilidad, nuestros miedos, nuestras certezas, nuestra sensorialidad y deseos, nuestros fines y afanes, la memoria y los sueños. La poeta es una especie de nauta existencial, diríamos una existerenauta que, a la manera de un “Ulises cotidiano” —aludiendo al título de uno de sus poemas—, va encontrando, en cada mínima variante del oleaje o de la luz reflejada en el mar del diario vivir, la punta del iceberg.

Se trata de una mirada incisiva, dispuesta al asombro y hasta juguetona, porque es una visión —ha explicado Villoro— que asume la curiosidad propia de la infancia, cuando el mundo, las cosas, lo inexplicable, lo cercano, lo aprehensible, el paisaje, todo es un gran enigma por descifrar. También es una lírica del instante, aunque evoque el paso del tiempo y el recuerdo, pues detiene en su palabra el momento justo en que lo observado devela sus secretas corrientes. Es poesía del aquí y del ahora, pero que nos traslada a las honduras del ser.

Si bien, en ese primer libro la expresión transcurre tenue y sutil, aunque ya con una intención estética definida, en los siguientes volúmenes se desarrolla plenamente. Delfín desde el principio (1993) enraíza este camino cuando el poema rompe la capa de razón que cubre las cosas, que van desde lo inasible, como la luz, que reconoce “su alma de partícula, […] su adentro de fotones confundidos”, hasta lo más aparentemente nimio, como la chancla de hule, observada en el poema homónimo: “Nada menos humano / que un hule que no sirve / pero en ella se encuentra quizá todo: / las huellas de unos pies/ […] el miedo que a la muerte le tenemos”.

De la misma índole es Jugo de naranja (2000), obra en la que su voz se reafirma y expande sus posibilidades desde la prosa poética. En medio de estas publicaciones, se encuentra Herida luz (1995), un libro fundamental porque representa una transición hacia una vertiente más existencial, nacida de la reflexión sobre la enfermedad y el cuerpo, enmarcada en una experiencia muy directa. Asimismo, el poema, en una voz alterna, abre un diálogo íntimo con la contundencia de aquello invisible que nos destruye.

Sus demás libros, sobre todo Obra negra (2007) y En un lugar geométrico (2001), se anegan de estas aguas, ya que el tono asume la profundidad conquistada. Es la voz de sabiduría de quien conoce “lo que el telón esconde”.

Su más reciente libro, Liquidámbar (2017), encarna la desembocadura de este trayecto. Muy cercano a Herida luz, aunque de mayores alcances al deconstruir la enfermedad y el dolor del propio padre en agonía, así como su partida, trasmutado en ceniza, a la raíz de un liquidámbar. Cada texto en este libro entabla un diálogo ya no invisible, sino de cara a cara con la finitud.

Gratitud”, el poema que presentamos, se identifica con la poética de la autora, ya que enfatiza una de esas pequeñas historias que pasan desapercibidas, pero que son el cimiento de grandes hechos, como lo es el desarrollo de la vacuna contra la Covid-19. +

Gratitud

 

Hijo de un inmigrante turco

obrero de la Ford en Alemania,

Ugur Sahin se formó como médico.

Su pasión por la ciencia

abrió la brecha

para llegar a la vacuna del COVID-19:

su propia forma de cruzar una frontera.

 

Después de un año de confinamiento,

camino haciendo lenta y larga fila

entre cientos de adultos mayores

que hoy recibiremos la primera dosis.

Miro a los niños que juegan en la fuente

con la alegría y la despreocupación

que todos anhelamos.

Nosotros también

somos un poco niños,

temblamos levemente de temor,

nos sentamos cada tanto en un banquito

para no cansarnos,

buscamos una sombra que proteja.

 

¿Importa que sepamos

la historia de Sahin?

Yo lo imagino

recorriendo con su bicicleta

las calles del barrio obrero

en que creció: un joven más,

parecido a cualquiera de mis hijos,

y agradezco a la ciencia

estar construida por pequeñas historias

como ésta.

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