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La invención de la memoria de los padres. Entrevista a Mónica Lavín

La invención de la memoria de los padres. Entrevista a Mónica Lavín

Por Irma Gallo

 

6 de julio 2022.

No importa la edad que una tenga cuando sucede, pero la muerte de los padres siempre nos deja huérfanos. Se pierden las referencias más importantes de la vida: cómo nos narran quienes nos trajeron a este mundo y nos vieron crecer. Y Mónica Lavín (Ciudad de México, 1955) lo sabe, y decidió poner por escrito, con las herramientas de la literatura, esta terrible pero inevitable experiencia. 

Últimos días de mis padres (Editorial Planeta, 2022) es una reescritura de esos instantes de incertidumbre y de dolor a los que siguió la pesada y absoluta ausencia, ésa que sólo es posible sobrellevar gracias a los recuerdos de los momentos compartidos, los buenos y los no tanto, para intentar asir el mayor tiempo posible las existencias de quienes le dieron la vida y ya no la tienen.

La vejez, las enfermedades, las estancias en hospitales, la violencia por parte de los médicos —en especial la que sufre la madre de la voz narrativa—, son reexaminados por parte de Lavín en un intento por comprender lo que en el momento, por el dolor y el miedo, se escapó de su entendimiento.

Asimismo, la escritora indaga en los archivos familiares —fotos, un cuaderno de notas de su madre, cartas, entre otros documentos— para, auxiliada por la ficción, reconstruir las infancias de sus padres, ambos hijos del exilio español: su padre nacido en México y su madre en España, con todo y los episodios más dolorosos de sus vidas, como el asesinato del padre de su padre en Veracruz y la imagen de ese niño pequeño esperándolo todos los días en una estación de trenes a donde ya no regresaría jamás; o la de su madre, joven adulta, escribiéndole cartas a su madre muerta en las que le decía lo mucho que todavía la necesitaba.

En entrevista con LeeMás, la escritora, ganadora del Premio Narrativa de Colima 2011 por su novela Café cortado, habló acerca del proceso de escritura de Últimos días de mis padres, novela de indudable hondura sobre la pérdida pero también, y sobre todo, un homenaje amoroso a sus antepasados.

LeeMás: Esta novela tiene mucho de autoficción .¿Estás de acuerdo, Mónica?

Mónica Lavín: Estoy de acuerdo y me gusta mucho que lo saques a colación, de verdad, porque para mí ha sido una forma de escritura totalmente diferente, la de esta novela. En esta aventura literaria, porque todo libro finalmente es una aventura literaria, donde hay un pacto entre la autobiografía y la ficción, donde hay material y experiencia propia, pero hay un ordenamiento, un juego con lo imaginativo y con la propuesta con la que armas y estructuras la forma de contar esta historia. 

LeeMás: Claro, porque también hay una construcción de la ficción. Y en ese sentido, ¿cómo se construye la ficción a partir de estos hechos tan dolorosos, tan definitorios, como son la muerte de tu padre, primero, y la muerte de tu madre un año después?

Mónica Lavín: Yo tampoco sabía cómo se construía. Creo que escribir siempre es experimentar, y en este caso estaba experimentando con un material personal porque necesitaba hacerlo. Sabes que necesitaba ordenar los días caóticos… escribir siempre es ordenar el caos, ya lo decía Vargas Llosa, pero necesitaba particularmente ordenar los días caóticos de hospital, el momento en el que todo se fue precipitando y una cosa implicó otra, y las decisiones, y desde luego no había un momento para la reflexión. Todo era, yo digo, tropezado, atrabancado, inmediato. Uno trataba de agarrarse de ciertas cosas, dar tranquilidad. En fin, uno se perdía… yo me perdía, me encontraba, bueno, todas las emociones hasta el último suspiro. Entonces, de repente, lo que hace uno cuando escribe, es manejar el tiempo. El tiempo es nuestro. Ahí es el único espacio donde el tiempo es nuestro. Esta construcción ficticia parte de cómo organizo el tiempo, cómo organizo, yo digo “el planchado”, de esos días de hospital convulsos. Cómo los estiro, los puedo ver con mayor claridad a través de la escritura y de cómo la escritura va convocando rasgos, esbozos de memorias que vienen a cuento y que yo no he planeado, sino que ocurren en eso que también es la invención de la memoria. Incluso, aquí creo que hay tres planos: la escritora que escribe —porque el libro es también sobre la escritura—, la que escribe, que recuerda este pasado reciente y luego salta a momentos indistintos, en donde la memoria va pidiendo, va reclamando su lugar en este rompecabezas donde finalmente creo que el estrépito de la muerte lleva a la celebración de la vida.

LeeMás: Así es, porque la escritura te trae también a otros momentos, a la historia de tus padres niños: tu padre que pierde a su propio padre, tu madre que tiene que exiliarse en México cuando apenas es una adolescente. Para la reconstrucción de estos hechos que no te tocó atestiguar, ¿qué tanto tuvieron que ver los documentos históricos y qué tanto es una recreación, una ficción construida a partir de la imaginación?

Mónica Lavín: Yo creo que en este libro hay mucho de especulación, de preguntas lanzadas al aire. Creo que la escritura siempre son preguntas, pero estas son particularmente un manojo de preguntas que yo trato de contestarme y de ahí viene la imaginación, pero sí, porque tengo, o la anécdota que se quedó vibrando en la sobremesa o que se repetía una y otra vez, como son las anécdotas familiares, el recuento, lo que yo creo que me dijo mi abuela o lo que cree mi madre que dijo mi abuela en esta nebulosa donde la precisión se pierde pero donde sí, efectivamente, hay fotos. Por eso, cuando dices documentos, ¿cómo puedo construir su infancia si ni ellos mismos la pudieron construir más que a través de esos momentos fuertes, que son los que se quedan, hacen una incisión en la propia memoria de ellos, y por eso lo pueden compartir, y son los que nos relatan? Pero de repente no puedo ver ya muy claramente a mi padre niño, esperando a su padre en la estación de tren porque nadie le ha dicho que lo mataron, y eso siempre me pareció tan doloroso, pero nunca supe qué cara le había puesto él a su padre, estas otras preguntas que trato de llenar con la imaginación o con la propia presencia de las preguntas, pero sí tengo las fotos en donde trato de ver qué hay en sus infancias cuando todavía no han perdido nada, y cómo son su rostros, y trato de ver qué hay de uno y de otro para armar, dentro de esa niebla que es la arqueología real de las historias de sus vidas, lo que yo puedo agarrar, y sobre todo, lo que me importa retener de ellos. Tú hablabas de esto que me era muy importante en el momento de la escritura: ¿qué relación tuvieron ellos con sus padres?, ¿cómo pudieron construirse también a través de las orfandades? Mi madre era ya una joven de treinta y tantos años pero perdió a su madre, y mi padre, un niño de dos años. A la luz de mi propia pérdida de padre añosos, padres de larga vida, que la lógica te dice: “pues van a morir pronto”, y sin embargo, te toma por sorpresa. Dejas de ser hijo, hija, de tener esa forma en que ellos te relataban quién eras tú. Mi mamá siempre me decía “te decían el terror del parque”, y no sabes cómo me encantaba tener esa historia que sólo me podía contar mi mamá, que yo iba y les pegaba con una cubeta de plástico a los niños. ¡Qué horror!, ¿verdad? Tú me ves así tranquila, pero yo le pegaba a los otros niños.

Al final de esta entrevista, Mónica Lavín reflexiona acerca de si Últimos días de mis padres será la novela bisagra entre Café Cortado, su novela inspirada en cómo era la vida en la finca cafetalera en Veracruz donde se crió su padre, y “ese otro libro que la historia materna me produce inquietudes, preguntas y reconstrucciones, sobre todo alrededor, al igual que en Café cortado, de qué hicieron los abuelos, de los migrantes. Es una historia de migración. Yo vengo de migrantes”.

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