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No me arrepiento de nada

No me arrepiento de nada

19 febrero de 2021

Hilario Peña  

Saint Motel es una banda pop de Los Ángeles, California. Por medio de sus canciones, el compositor y cantante A/J Jackson (Mineápolis, 1983) toca temas macabros envueltos en melodías bellas y pegajosas que, al final, dejan un agridulce sabor a melancolía. Mientras más alegre la canción, más oscuro su tema. Puzzle Pieces, por ejemplo, aborda la adicción a las cirugías plásticas. Sin embargo, el tema que quiero analizar es 1997, de su álbum Voyeur (2012);[1] trata de Heaven’s Gate, la religión ovni liderada por Marshall Applewhite y su pareja, Bonnie Nettles. Marshall y Bonnie enseñaban que Jesucristo era un extraterrestre que regresó a su planeta en una nave espacial. Vestían de manera andrógina ―para ellos, los roles de género eran cosa de Lucifer―, y predicaban una consciencia colectiva y un pensamiento de colmena similares a los de los borg, de Star Trek. De hecho, Star Trek era de los pocos programas que los miembros de la secta tenían permitido ver. Esto debido a que la mitología de Marshall y Bonnie abrevaba tanto de la Biblia como de la obra de autores de ciencia ficción como Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke.

Marshall, gracias a su mirada penetrante, a su carisma y a su capacidad histriónica ―era cantante de ópera profesional―, reclutó a 30 personas en 1975, en el pequeño pueblo de Walpart, Oregón. También se presentaba en universidades, pero ahí no corría con tanta suerte debido a que cualquier persona con un grado de estudios superior era capaz de notar que su religión no era más que cristianismo evangélico con un twist de ópera espacial. A mediados de los noventa, Marshall ―Bonnie falleció de cáncer en 1985― aprovechó el internet para transmitir su mensaje. Hacía proselitismo en foros de ciencia ficción, donde fans de Star Wars, Robert A. Heinlein, Arthur C. Clark y Star Trek entraron en contacto con sus ideas. Los miembros de esta segunda ola de reclutamiento eran individuos solitarios, nerds y marginados, que no encajaban con la sociedad y que encontraron en Heaven’s Gate eso que no sabían que estaban buscando: ¡una religión con naves espaciales! Este aspecto nerd les permitió ser pioneros en el uso del internet y las computadoras. Estaban versados en lenguajes de programación como Java, C++ y Visual Basic. De hecho, obtenían su financiamiento diseñando páginas web para clientes como el San Diego Polo Club, un sitio católico y una productora cinematográfica de Hollywood.

Para ellos, el que los dioses y semidioses de la Biblia fuesen en realidad antiguos astronautas era una manera más lógica de explicar sus poderes que el origen divino predicado por los sacerdotes y pastores de la vieja escuela. Por cierto, Marshall evitaba la palabra religión, porque se veía a sí mismo como divulgador científico. En 1997, les informó a sus feligreses que una nave espacial se acercaba a la Tierra y que era posible abordarla si abandonaban sus “vehículos terrenales”. La nave espacial era piloteada por Bonnie y se encontraba en la cola del cometa Hale-Bopp, que se acercó a la Tierra ese mismo año. Los cadáveres de los 39 miembros de Heaven’s Gate fueron encontrados el 26 de marzo de 1997 en una casona de Rancho Santa Fe, al norte de San Diego. La muerte de todos ellos fue causada por sobredosis de barbitúricos. Uno de los 39 fallecidos era Thomas Nichols, hermano de Nichelle Nichols, actriz que encarnaba a Nyota Uhura, del programa original de Star Trek.

Algo que llamó la atención tanto de la policía como de los medios de comunicación fue que cada uno de los cuerpos se encontraba acostado en su respectiva litera, calzaba el mismo modelo de tenis Nike, contaba con 5,75 dólares en los bolsillos de su pantalón y estaba cubierto por una cobija de satín púrpura. Por su relación con la tragedia, la empresa Nike retiró para siempre del mercado el modelo Decade, que ahora sólo se vende como artículo de colección en portales como eBay. La cantidad de monedas en los bolsillos de cada fiel se definió a partir de un cuento donde Mark Twain, con ácido sarcasmo antirreligioso, afirma: “La cuota para llegar al Cielo en la cola de un cometa es de 5,75 dólares”.

Contrario a lo que pensaban los familiares de las víctimas, Marshall no mantenía a los miembros de Heaven’s Gate dentro de la secta en contra de su voluntad. Estaban ahí por su propio gusto, cualquiera era libre de marcharse cuando lo quisiera. Otro error a la hora de analizar Heaven’s Gate es perder la empatía y deshumanizar a sus miembros, atribuyéndoles una inteligencia inferior. En su tema 1997, el compositor A/J Jackson hace justo lo contrario. Según sus propias palabras, la canción es “una oda a los lazos amistosos forjados dentro de la secta”. La estructura de la letra nos presenta una especie de diálogo entre un miembro de Heaven’s Gate y su madre, quien intenta sacarlo de la secta. Inicia con un par de acordes mayores, que generan optimismo, y que pronto se ven atribulados por un melancólico re menor. Termina la intro de piano y el miembro de la secta entona el verso inicial:

Pues hice nuevos amigos.

Me dieron la bienvenida con los brazos abiertos.

Estarán conmigo hasta el final.

Estarán conmigo en las buenas y en las malas

y esto ocurrirá… en 1997. 

La madre le advierte de los peligros que corre rodeado de gente tan extraña: “Tu grupo de amigos anda en malos pasos… Escuché que todos visten de blanco”. Es en este momento que el hijo contrataca con un segundo verso tan enternecedor como el primero:

Pues es difícil amar a otra persona,

y es difícil encontrar a un amigo,

alguien igual de solitario que yo,

alguien más que entienda.

Y entonces sucedió… en 1997.  

El video musical, dirigido por el mismo A/J Jackson, fue filmado en un lounge californiano. En el clip, una mujer entrada en años canta el estribillo de la canción, provocando que los miembros de la banda le den la vuelta al mundo por medio de una proyección astral.

El protagonista de la canción sabía a qué tipo de grupo había ingresado y a lo que se enfrentaba y, al final, queda claro que no se arrepiente de nada: “Describe a las personas que conoció como los mejores amigos que ha tenido –abundó Jackson en una entrevista–. Y eso no es tan malo, aunque es una secta y terminó mal. Es casi entrañable, en cierto modo”.

Me parece interesante que, después de todos los documentales que vi y del par de libros que leí acerca del tema, fue una canción pop de lo más fresa lo que me hizo empatizar con las víctimas de tan terrible tragedia. Supongo que es el poder del arte. +

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