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Carrie, en ocho episodios

Carrie, en ocho episodios

 

Una novela corta se convierte en serie de ocho capítulos, y la pregunta es qué se gana y qué se pierde en el estiramiento.

Una novela de unas doscientas páginas y una serie de ocho episodios: la cuenta no cuadra, y de ahí sale todo lo discutible (y lo interesante) de Carrie.

Mike Flanagan la creó para Prime Video, escribió el primer y el último capítulo y dirigió cuatro de los ocho. Se estrenó el 7 de octubre, con todos los episodios disponibles de golpe y Stephen King como productor ejecutivo. Summer H. Howell hace de Carrie; Samantha Sloyan, de su madre, Margaret.

La novela fue la primera que King publicó, con Doubleday en 1974, y su primer borrador rondaba las cien páginas. Tenía una estructura rara para un libro de terror: parte narración, parte archivo, con artículos inventados de prensa, el informe de una comisión investigadora y las memorias de una compañera de escuela. Es un libro armado con papeles, y la serie hereda ese método más que la trama. Según la crítica de Otros Cines, aquí hablan sobrevivientes frente a la cámara y los recuerdos saltan de una época a otra rumbo a los orígenes de Carrie. Copiar el procedimiento y dejar libres los incidentes me parece la manera más inteligente de ser fiel.

Los cambios son otra cosa. Margaret, la madre tiránica de la novela y de la película de Brian De Palma (1976, con Sissy Spacek en el papel principal), aparece como una madre sobreprotectora que le fabrica a su hija un mundo aparte. Hay personajes nuevos, como Emaline, y el acoso se vuelve viral en Instagram. Mi lectura, que tal vez sea generosa: si al hogar le quitas el monstruo, hay que buscarlo afuera, y la serie lo encuentra en la multitud. Es un movimiento con lógica, y habrá quien lo celebre como actualización y quien lo vea como un truco para que la tragedia deje de ser íntima.

La recepción, por ahora, es favorable: alrededor de 85% de reseñas positivas en Rotten Tomatoes, con elogios para Howell y para Sloyan. Los reparos apuntan a la duración (la historia se estira), a un desenlace que no a todos convence y a los guiños de un universo King más amplio, con pistas de futuras temporadas. Variety India lo resume desde el título de su reseña: las ambiciones de franquicia aplastan una adaptación decente. Está por verse si la serie es ese caso o solo lo parece.

Flanagan ya ensanchó antes un libro corto. La maldición de Hill House (2018), basada con mucha libertad en la novela de Shirley Jackson de 1959, ocupó diez episodios, y la apuesta le salió bien. Carrie corre un riesgo distinto: una historia cerrada, de las que acaban en fuego, no necesita puertas que lleven a otras historias. Cada puerta que se abre le quita filo a la que se cierra.

Queda el baile. Toda versión de Carrie se juzga en esa escena, con el silencio de antes y la sangre después, y según los reportes aquí no ocurre como lo recordamos. Habrá que llegar al último episodio para saber si el desvío valió la pena.