Raíz que no desaparece: los árboles también guardan la memoria de los desaparecidos

Raíz que no desaparece: los árboles también guardan la memoria de los desaparecidos

En su novela, Alma Delia Murillo entrelaza la inteligencia vegetal y la búsqueda de personas desaparecidas en México para explorar cómo la naturaleza puede convertirse en testigo de una violencia que permanece bajo tierra.

 

Vista Frontal¿Qué pasaría si los árboles lo hubieran visto todo? La pregunta surgió cuando Almadelia Murillo observó el tronco de una jacaranda y creyó distinguir un ojo. Aquella imagen se convirtió en el punto de partida de Raíz que no desaparece, una novela que encuentra en los árboles una forma de narrar las ausencias y aproximarse al dolor de las familias que buscan a sus seres queridos en México.

En conversación con el escritor Jorge F. Hernández, Murillo explicó que el libro nació también de otra imagen: la palmera de Paseo de la Reforma que fue talada y sustituida por un ahuehuete que murió posteriormente. El lugar se transformó en un espacio de protesta para colectivos de búsqueda. Para la escritora, aquella escena reunía dos formas de desaparición: la de un árbol que no logró sobrevivir y la de las personas cuya ausencia continúa sin respuesta.

En Raíz que no desaparece, la naturaleza deja de ser un simple escenario. Los árboles adquieren una presencia que permite imaginar otras formas de testimonio, mientras sus raíces conducen hacia aquello que permanece oculto. La novela enlaza así la inteligencia vegetal con una realidad en la que las fosas clandestinas forman parte de la búsqueda de miles de familias.

Para construir esta historia, Murillo investigó sobre botánica e inteligencia vegetal y realizó trabajo de campo con madres buscadoras. Su acercamiento combina la investigación científica con la imaginación literaria para explorar cómo los árboles reaccionan a su entorno y qué significado adquiere esa relación cuando la tierra guarda las huellas de la violencia humana.

La escritora reconoce que la ausencia atraviesa también La cabeza de mi padre, otro de sus libros. En ambos casos, escribir implica buscar algo que no está: una persona, una respuesta o un origen. La literatura nace de esa carencia y de la incomodidad que obliga a formular preguntas, incluso cuando no existen respuestas sencillas.

Sin embargo, la novela no se limita al duelo individual. Murillo reflexiona sobre la mirada femenina y la posibilidad de narrar desde los márgenes, lejos del centro del poder. Esa perspectiva permite recoger historias que con frecuencia quedan fuera de los relatos dominantes, como las de las madres que recorren el país buscando a sus hijos y las familias que se niegan a aceptar el silencio como respuesta definitiva.

Antes de dedicarse a la escritura, Murillo trabajó durante veinte años en una oficina. Su vocación tomó forma en un taller literario con Óscar de la Borbolla, donde comenzó a desarrollar relatos alimentados por la frustración de la vida cotidiana. Desde entonces, la incomodidad se convirtió en una fuerza creativa que en esta novela la llevó a salir de su habitual soledad y escuchar otras experiencias.

Raíz que no desaparece propone mirar los árboles de otra manera: como seres vivos que forman parte de una memoria compartida. Sus raíces evocan aquello que persiste bajo la superficie, incluso cuando parece imposible recuperarlo. En un país atravesado por la desaparición de personas, Murillo construye una historia que invita a escuchar el silencio de la naturaleza y a conversar sobre las ausencias que todavía reclaman respuestas. Compra el libro aquí.