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Donde el agua no muerde: Rodrigo Unda y la importancia de aprender a sentir

Donde el agua no muerde: Rodrigo Unda y la importancia de aprender a sentir

Vista FrontalA través de dos ajolotes que enfrentan el dolor de maneras distintas, Rodrigo Unda y la ilustradora Fa Orozco construyen una historia sobre salud mental, vulnerabilidad y empatía.

Durante mucho tiempo, mostrarse triste ha sido interpretado como una señal de debilidad. La exigencia de estar bien, cumplir con las responsabilidades y mantener una sonrisa incluso en los momentos difíciles ha convertido la felicidad en una especie de obligación. En Donde el agua no muerde, Rodrigo Unda propone mirar esa contradicción desde la literatura ilustrada y recordar que sentir también significa aceptar aquello que nos duele.

La historia nació de un relato breve que Unda escribió para acompañar a su entonces novia, quien atravesaba un momento complicado relacionado con su salud mental. En lugar de escribirle una carta, imaginó a un personaje humano que encontraba una nube llena de tormentas y buscaba ayudarla a recuperar su color. Años después, al reencontrarse con aquel texto de apenas dos páginas y media, el autor encontró en él la posibilidad de construir un libro ilustrado. Invitó a la creadora Fa Orozco a sumarse al proyecto y, a partir de sus conversaciones, ambos dieron forma a un universo protagonizado por dos ajolotes.

Una de ellas es Xochi, un personaje que vive intentando controlar sus emociones para evitar que los demás descubran lo que siente. Su nube representa aquello que guarda y que, tarde o temprano, termina convirtiéndose en una tormenta. Para Unda, esta conducta tiene raíces en una educación que todavía enseña a esconder la vulnerabilidad, especialmente entre los hombres, a quienes desde pequeños se les repite que llorar es una muestra de debilidad.

El personaje también guarda una relación autobiográfica con su creador. Unda recuerda haber sido un niño alegre, acostumbrado a hacer reír a su familia. Cuando experimentaba tristeza o frustración, sentía que esas emociones no correspondían con la imagen que los demás tenían de él. Esa contradicción terminó convirtiéndose en uno de los motores de la historia: comprender que no tenemos que representar permanentemente una versión feliz de nosotros mismos.

La otra protagonista, Ameyali, enfrenta dificultades distintas. Su entorno, el lago de Xochimilco, ha dejado de ser un espacio seguro debido a la contaminación y las amenazas que lo rodean. Ambas historias se encuentran para explorar las distintas maneras de experimentar el dolor y la posibilidad de encontrar compañía en medio de las dificultades.

El título funciona como una metáfora de ese encuentro. Encontrar un lugar donde el agua no muerda significa descubrir un espacio en el que las emociones puedan expresarse sin convertirse en una amenaza. Para Xochi, permitir que la lluvia caiga sobre su cuerpo también significa aceptar lo que siente. Como ajolote, necesita mantenerse hidratada: aquello que antes intentaba evitar termina siendo indispensable para su bienestar.

La elección de estos animales también permite incorporar una imagen poderosa: su capacidad de regeneración. Las heridas pueden sanar, las extremidades volver a crecer y las cicatrices formar parte de una nueva experiencia. «Todo volverá a crecer» es una de las ideas que atraviesan el libro y que sus autores proponen como una manera de entender la resiliencia.

La colaboración entre Unda y Orozco fue más allá de trasladar un texto a imágenes. Ambos participaron en la construcción del universo narrativo, las escenas y los mensajes que querían transmitir. Las ilustraciones, los colores, las nubes y las transformaciones de los cuerpos expresan aquello que los personajes no siempre consiguen decir con palabras.

Al final, Donde el agua no muerde también habla de aprender a acompañar. Para Unda, ayudar a alguien más puede revelar nuestras propias necesidades emocionales. No siempre hacen falta respuestas o soluciones: a veces basta con escuchar, preguntar qué podemos hacer y ofrecer un espacio seguro para que alguien pueda mostrarse vulnerable.

Publicado como una invitación a conversar sobre la salud mental sin vergüenza ni prejuicios, el libro recuerda que nadie conoce por completo las batallas de los demás. Quizá por eso su mensaje más importante sea también el más sencillo: está bien no estar bien y pedir ayuda es un acto de valentía. Donde el agua no muerde ya está disponible en las Librerías Gandhi.+ Compra el libro aquí