Aprender con álbumes ilustrados

Aprender con álbumes ilustrados

Cuando ya se acerca el fin del periodo vacacional, las familias preparan mochilas, uniformes, cuadernos y libros de texto. Todo parece listo para comenzar un nuevo ciclo escolar. Sin embargo, hay un elemento que con frecuencia queda fuera de la lista: la literatura.

Los libros de texto cumplen una función indispensable: organizan contenidos, presentan conceptos y orientan el aprendizaje escolar. Pero aprender no consiste únicamente en adquirir información. También implica hacer preguntas, desarrollar sensibilidad, observar el mundo desde distintos puntos de vista, imaginar soluciones y construir una relación afectiva con el conocimiento. Ahí es donde los libros literarios, y en especial los álbumes ilustrados, ocupan un lugar primordial.

Hace algunos años, las estadísticas mostraban que el 24% de los hogares mexicanos no tenía ningún libro distinto a los de texto. Si se suman aquellos que contaban apenas con entre uno y veinticinco libros, el porcentaje ascendía al 62.8%. Aunque los datos puedan haber cambiado ligeramente, el panorama sigue siendo revelador: en muchas casas los libros escolares son prácticamente los únicos libros presentes durante la infancia. Esta diferencia es significativa porque los libros de texto enseñan qué aprender, mientras que la literatura ayuda a descubrir por qué vale la pena aprender.

Los álbumes ilustrados son especialmente valiosos porque integran imagen y palabra para construir significados complejos. Lejos de ser libros “para quienes todavía no saben leer”, ofrecen experiencias que fortalecen habilidades fundamentales para la escuela: la observación, la interpretación, la inferencia, la creatividad y la conversación. Además, permiten abordar los contenidos escolares desde otros lugares.

 

Image ZoomPor ejemplo, cuando los niños comienzan a familiarizarse con las letras y el lenguaje escrito, un libro como Casas de letras hace que el alfabeto sea un detonador de imágenes y un espacio para explorar. En este álbum, cada letra deja de ser únicamente un signo que debe memorizarse y se transforma en una invitación a jugar, imaginar y descubrir las múltiples posibilidades del lenguaje. La alfabetización no ocurre solamente cuando se copia una letra en un cuaderno; también sucede cuando una letra despierta curiosidad.

 

Diego y Beto

 

 

 

Algo similar ocurre con Diego y Beto. Más allá de acompañar los primeros años lectores, este álbum invita a observar con atención,interpretar imágenes, reconocer emociones e incluso practicar el conteo numérico al involucrarse en el juego de los protagonistas. Son habilidades que más tarde aparecerán en todas las materias escolares: desde la comprensión lectora hasta la resolución de problemas.

 

 

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La escuela también busca que los niños comprendan el mundo que los rodea, pero algunos temas encuentran en los libros informativos una puerta especialmente poderosa. El corazón: datos que laten explora el corazón con una mirada cercana y sorprendente que, además, multiplica referentes. La información científica dialoga con ilustraciones y preguntas que despiertan la curiosidad, recordándonos que el conocimiento puede sorprender.

 

 

 

Los álbumes ilustrados pueden ampliar la experiencia educativa. Mientras la escuela ofrece estructuras y contenidos, la literatura abre espacios para la imaginación, la empatía, el pensamiento crítico y el placer de aprender. Puede ser que estén disponibles en la biblioteca escolar, pero si además los tenemos en casa, se manda un mensaje efectivo: el aprendizaje se disfruta en todas partes.

Por eso, el regreso a clases puede ser también una oportunidad para revisar la biblioteca familiar. Así como elegimos los útiles que acompañarán el ciclo escolar, vale la pena preguntarnos qué historias, qué preguntas y qué descubrimientos queremos que acompañen a los niños durante los próximos meses.

Una infancia rodeada únicamente de libros de texto aprende muchas cosas. Pero una infancia que también crece entre álbumes ilustrados descubre que el conocimiento no termina cuando suena la campana de salida. Quizá esa sea una de las lecciones más importantes que un libro puede ofrecer.

 

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