Martirologio y transgenerismo

Hay personas que no terminan de entender la pertinencia del concepto de “género”. Definirlo, transgredirlo o reinventarlo. El binarismo, amén de aburrido, es necio, es ciego. Niega algo tan obvio como la individualidad de los seres humanos. Los cuerpos, propios y ajenos; esencialmente los femeninos, y el engarce entre estos y la fascinante complejidad de sus mentes, siempre estarán al centro de un control social que abomina lo que no entiende ni quiere entender. Pero este es apenas el punto de partida de la primera novela de la dramaturga sinaloense Glafira Rocha, Transmutación, Autobiografía Interdimensional de Gael Mondragón (Círculo de poesía, narrativa, México, 2026).
Propongo al lector empezar de cero, pero sin dejar de lado la parrafada inicial. Son escasos los autores que cultivan la ciencia ficción en México, menos las autoras. Transmutación es una distopía, pero es, ante todo, ciencia ficción de altos vuelos. Durante mi lectura me vinieron a la mente grandes cultoras de la Sci-Fi en su momento más insigne, James Tiptree Jr., Octavia Butler y, muy especialmente, Joanna Russ, que en su momento jugó con una entonces remota posibilidad de transgenerismo (The female man). Pensé asimismo en las maravillosas mexicanas Gabriela Rábago Palafox, Libia Brenda y, más recientemente, Gabriela Damián Miravete. La diferencia central entre la novela de Glafira y ficciones menos angustiosas como las de Russ y Tiptree (que fantaseó con un planeta de mujeres homogeneizadas) es que Transmutación trata, al igual que una pesadilla redpillera, sobre una circunstancia que azota a un ya muy afectado sector femenino que, creo entender, está sujeto a una nueva especie de machismo que ha normalizado prácticas como la poligamia, la violación, la hipersexualización (femenina, claro) y la crueldad estética. Las personas transgénero y las homosexuales parecen no existir en esta realidad alterna, no obstante aludirse al amor un tanto evasivo entre la protagonista, Gabrielle (que adopta el nombre Gael) y Berenice.
Gael y Glafira tienen algo muy poderoso en común, aunque suene un poco a ficción: son psicoanalistas que aplican la filosofía en sus terapias. Sugiero a los lectores darse una vuelta por el canal de YouTube “Glafira Rocha-Escribe tu vida” para una mejor comprensión de esta interacción de especialidades. De regreso a la ficción, la mente juega un rol preponderante en el desarrollo de esta historia, que en realidad son varias, aunque con los mismos personajes. Llamémosles “multiversos”, aunque se trata más bien de realidades simultáneas donde Gael busca refugio a la que pareciera su realidad-real, esa donde experimenta dolor, persecución y estigmatización, si bien no se sabe dónde, a ciencia cierta, comienza la historia de Gael, cuál es la “verdadera” historia de Gael, se parte de una suerte de pandemia que ataca exclusivamente a las mujeres. Todo comienza con una pérdida acelerada del cabello, mutaciones corporales (una paulatina pérdida de rasgos femeninos primarios) y lo que pareciera un cambio de género que no implica que se conviertan en varones, aunque se insista en el empleo del término “mujembre” para señalarlas. Lo interpreto, más bien, como un retorno a la esencia de lo humano. Alguna fuerza “benigna” (Gael sabe que lo es, gracias a una condición especial que se denomina Hiperconectividad Neuronal y le permite alternar con seres tridimensionales) despoja a las mujeres de atributos que, más que “deseables”, las vuelve blanco de, desde exigencias sociales ridículas hasta feminicidios (que aquí no se nombran como tales). Las autoridades optan por decretar una alerta, darle un nombre a “la enfermedad” y esforzarse por regresar a las contagiadas a su “estado natural” que, en realidad, conlleva mejoras estéticas, cambios radicales a su Yo original. Gael sabe que no está enferma; que nunca ha sido más ella que con su cuerpo desprovisto de vello y de curvas, y poco a poco, otras mujeres, incluida su veleidosa prima Laura, adquirirán la misma certeza, lo que no solo las convierte en parias sino en objeto de persecución continua. Por fortuna, y como en todas las épocas, existen los buenos hombres inteligentes, los buenos amigos, Santiago en este caso, experto hagiógrafo (estudioso de las vidas de los santos) que advierte en esto, que otros llaman DAMI, perturbadoras similitudes con alteraciones sobrenaturales en la corporalidad de algunos santos y, más enfáticamente, santas.
La ciencia ficción puede llegar a fungir como encriptación de la realidad vigente. Lo ha sido en tiempos de censura y de regímenes paranoicos. No es el caso de esta novela: cada alusión es clarísima, como en una novela realista o de una crónica, pero aun así brilla la capacidad de la autora para sustituir con metáforas esos puntos delicados, incluso críticos. Glafira Rocha nos entrega, pues, una arquitectura literaria, eficazmente erigida, piso a piso, puerta a puerta, intercomunicados por pabellones cronenbergianos, que, lejos de presentar un delicado equilibrio, se mantiene firme, brutal y sin fisuras, de principio a fin.+ Compra el libro aquí
Texto de Evelina Gil
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