El apapacho literario que llegó de Corea
Por Magali T. Ortega @nenamounstro
A veces malnombramos las cosas y la palabra “cursi” se usa para menospreciar una canción, una pintura, un libro que nos da calma, paz y nos pone el corazón calentito. Pero en estos tiempos tan erráticos y volubles, ¿quién no necesita un apapacho lector?
Antes de la irrupción de los pulcros y bien portados BTS (que hasta exponen en la onu discursos inspiradores), el ejemplo al que aspirábamos y de quienes nos enamorábamos las adolescentes en los 90 y los 2000 era de los borrachazos, problemáticos y destructivos rockeros, gruncheros, new metaleros que veíamos en MTV. No estaba mal, eso era lo que había, eso era lo que nos llegaba y eso era lo que adoptábamos. Pero hoy, gracias al Hallyu (ola coreana) las centennials o las Alpha tienen modelos a seguir más conscientes, más sensibles, que hablan de salud mental o amor propio y eso no le hace daño a nadie (por ejemplo, BTS tiene una campaña en la UNICEF llamada #LoveMyself).
Los boomers, la gen z y los millenials no sabíamos casi nada de la cultura asiática porque no llegaba a Latinoamérica. Yo recuerdo que el primer impacto asiático mediático fue Haruki Murakami (Japón); después, las películas de terror en la Cineteca y luego el K-Noir se puso muy de moda con novelas como El buen hijo (Reservoir Books, 2019), de You-Jeong Jeong. Y ya más reciente, el fenómeno literario que generó la novela histórica Pachinko (Quaterni, 2018), que hasta serie de televisión le hicieron.
Hubo un parteaguas cuando Almendra (Océano Gran Travesía, 2025), de la escritora Won-pyung Sohn, entró a la escena literaria. Por primera vez pudimos ver a un protagonista con alexitimia (una condición que impide reconocer y expresar emociones). Después vino Kim Ji-young, nacida en 1982 (Alfaguara, 2019), de Cho Nam-joo, una novela realista, feminista y cruda que a todas nos dejó como múltiplo de seis. El knock-out: Han Kang ganó el Premio Nobel de Literatura en 2024. Todos corrimos a leer La vegetariana (Random House, 2024), Actos humanos (Random House, 2024) o Imposible decir adiós (Random House, 2024).
La Hallyu ya estaba más que instalada y acomodada en nuestro espacio latino, sólo que los menos jóvenes no nos habíamos dado cuenta. Los K-dramas (series, películas), el K-pop (música), el K-beauty (cosmética coreana) y ahora la K-lit (literatura) con el nuevo género literario: healing fiction (ficción curativa), o, como me gusta llamarla: el apapacho literario, son lo que está de moda.
En contraste con los libros de “superación personal”, en los que el autor te habla directamente a ti, y además es prescriptivo y usa un tono imperativo (“¡Tú puedes!”. “Haz estos veinte ejercicios para superar tu duelo”…), la healing fiction no te grita y no hace que te sientas regañado. Te cuenta una historia en la que a la protagonista se la anda llevando el tren, igual que a muchos de nosotros. La soledad, el agobio, la tristeza, la ansiedad, el duelo, el rencor y todos los sentimientos que se nos atoran en la garganta los verás reflejados en los diferentes personajes de estos libros que siempre suceden en lugares comunes, como una librería, una fondita, una lavandería, un museo, etcétera.
En 1983, el psicólogo James Hillman (quien inventó el término healing fiction) concluyó su estudio en el que dice que la lectura no sólo nos entretiene, sino que, en algunos casos, nos ayuda a darle sentido a lo que estamos viviendo. La K-Lit rompe con lo establecido porque cualquiera de nosotros puede tomar un un libro de healing fiction y siempre habrá una historia o un personaje con el cual nos identifiquemos. Los podemos reconocer muy fácil porque la estética de las portadas también tienen toda una estrategia de marketing atrás, están hechas para que las veas y pienses: “quiero estar ahí”. Ilustraciones con plantas, ventanas, tazas de café, colores que transmiten calma. Su identidad visual va de la mano con lo que encontrarás dentro.
Tal vez no necesitamos del libro de un psicólogo, con una portada solemne, que nos diga cómo ser solteras y felices. Tal vez hoy necesitamos leer cómo, después de enviudar y perder todo, la señorita Yeon apostó por abrir algo que la hacía feliz: una librería con un toque de realismo mágico.. No es cursi, es algo que nos apapacha el corazón.
Para tiempos convulsos, lecturas tranquilas.+
Magali T. Ortega (@nenamounstro) es publicista, escritora y fan de la cultura pop, como su pecho no es bodega, por eso la divulga.

