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Poemas de Charles Simic para celebrar su vida

Poemas de Charles Simic para celebrar su vida

11 de enero 2023

Ayer, 10 de enero, el mundo literario perdió al poeta Charles Simic, ganador del Premio Pulitzer en 1990 por El mundo no se acaba. Dicen que no hay mejor manera de recordar a un escritor que leyéndolo, así que aquí compartiremos con ustedes unos poemas suyos, pero antes hablaremos un poco de su vida, para quienes no lo conocieron.

Charles Simic nació en Belgrado en 1938, y emigró a Estados Unidos siendo apenas un adolescente, sin embargo, las huellas de la guerra que padeció en su infancia se pueden rastrear en su obra poética. Fue profesor de literatura y escritura creativa en la Universidad de New Hampshire y autor de cerca de una treintena de libros de poesía, ensayo y crítica. Así como editor de la revista The Paris Review.

Además del Pulitzer, Simic recibió los premios Griffin de poesía en 2005 y Wallace Stevens en 2007. Además, fue Poeta Laureado por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

En 2010, la editorial Vaso Roto publicó Una mosca en la sopa, su libro de memorias, en español.

Escena callejera

Un muchachito ciego
con un letrero de papel
prendido en su pecho.
Demasiado pequeño para estar fuera
mendigando solo,
pero allí estaba.

Este extraño siglo
con sus matanzas de inocentes,
su vuelo a la luna,
y ahora él aguardándome
en una ciudad extraña,
en una calle donde me perdí.

Al oírme aproximar,
se sacó un juguete de goma
de la boca
como para decir algo,
pero no lo hizo.

Era una cabeza, la cabeza de un muñeco,
muy mordisqueado,
la levantó para que la viera.
Los dos sonrieron con una mueca.

(De “Hotel Insomnia”, 1992).

El significado

Oculto como aquel niño pequeño
que no pudieron encontrar
el día que jugaba a las escondidas
en un parque lleno de árboles muertos.

¡Nos damos por vencidos! Gritaron.

Estaba oscureciendo.
Tuvieron que llamar a su madre
para que le ordenara salir.
Primero ella lo amenazó,
luego tuvo miedo.

Al fin escucharon una ramita
Quebrarse tras sus espaldas,
¡y ahí estaba!
el enano de piedra, el ángel de la fuente.

(De “Gods and Devils”, 1990)

Mil años de soledad

Al anochecer
Cuando deja de nevar
Nuestras casas se levantan
Muy por encima de la tierra
En el silencioso espacio
Al que ni el ladrido de un perro
Ni el grito de un pájaro, llegan.

Somos como los antiguos marineros:
Nuestros cuerpos son el océano
Y el silencio es el bote
Que Dios nos ha dado
Para nuestro largo y desconocido viaje.

De Desarmando el silencio (1971).