El lado obscuro de la moda

El lado obscuro de la moda
Código Academia

22 de enero 2021

Cada año la industria del deseo se pone nuevamente en marcha. Con la Semana de la Moda para Hombre y la Semana de la Alta costura se reanuda un sistema que, desde el siglo xx, ha mantenido al sector produciendo, a los diseñadores creando y a los consumidores en una carrera despiadada por tener siempre lo más nuevo.

De lo natural al derroche

En principio, las temporadas primavera-verano y otoño-invierno obedecían a necesidades concretas; así nos lo cuenta Guillermo León, diseñador de moda y uno de los pocos especialistas en México en el análisis histórico-teórico de la moda: “El sistema de temporadas tiene que ver con las condiciones del medio ambiente. Se trata de crear indumentaria para climas específicos –frío, calor y lluvia –y permitir que las telas y estructuras de la ropa nos protejan”.

En la práctica, ese mismo sistema ha contribuido a generar algunos de los efectos más nocivos de la moda: el alto consumo de recursos y energía, la producción descomunal de desechos y contaminantes –sólo en España al año se desechan entre 10 y 14 kilos de ropa por persona–, las precarias –cuando no inhumanas– condiciones de trabajo de gran parte de los trabajadores de la industria de la moda y un consumismo desenfrenado y derrochador. Cada cambio de temporada un ejército de compradores se prepara para cambiar su guardarropa con nuevas piezas, la mayoría de las veces de fast fashion, aunque también pueden ser de marcas de lujo. Los problemas, señala León son: “en primer lugar, la poca duración que tienen las propuestas, en el sentido de que lo que usaste esta primavera no lo querrás usar la próxima; y, en segundo lugar, que no existen campañas que eduquen al consumidor para que visualicen la moda como algo atemporal”.

La moda post Covid-19

Sin embargo, las condiciones actuales ocasionadas por la pandemia del Covid-19 perjudicaron a este sector que, incluso en crisis anteriores, se había mantenido en crecimiento. Según datos del State of Fashion 2020 –el reporte más completo en la materia–, la desaceleración de la economía global impactó gravemente a la industria de la moda, de tal modo que durante el 2020 cayó 93%. Para la mayoría de las empresas de moda ni el decrecimiento ni las múltiples voces que denuncian sus costos ambientales y sociales los han llevado a replantear sus códigos de ética. Por el contrario, el mismo reporte indica que la moda “aún no ha tomado sus responsabilidades ambientales en serio”. Y, de hecho, su respuesta ante la pandemia ha sido acelerar la venta en línea, redirigir sus mercados a la región Asia-Pacífico y replantear sus propuestas omnicanal, es decir: su único propósito continúa siendo la venta.

Desde el punto de vista del consumo, nos cuenta León, “desafortunadamente en la medida que nos alejamos del punto crítico de la pandemia, podemos ver que los hábitos de los consumidores no han cambiado, [por lo que] las marcas y las tiendas tienen la necesidad de mover la mercancía de temporadas anteriores, lo que ha hacho que haya muchas ofertas [que promueven el consumo]”.

“La sosteniblidad —afirma— no es algo que está de moda, sino que es una necesidad. Urge que los industriales de la moda entiendan que es importante modificar los modelos de negocio para hacerlos sostenibles. También necesitamos que los diseñadores de México y del mundo levanten la voz y visibilicen las cifras oscuras de la moda, como cuántas personas mueren en las fábricas o cuánto ganan los obreros en países como China; cuántos litros de agua se desperdician para producir un solo jean o una camiseta blanca, etcétera”.

Todo este panorama deja claro que no podemos esperar a que las grandes marcas cambien sus objetivos de la noche a la mañana. Es necesario que, como consumidores, tomemos consciencia. Si antes de consumir o desechar una prenda, nos preguntamos “de dónde llegó esta ropa, cuál fue el proceso para producirla, cuánto ganó el obrero que cosió nuestra camiseta de 150 pesos, o cuánto ganó el obrero que hizo la tela”, podremos empezar a marcar la diferencia.

Hay además, dentro del mismo sector, alternativas cuyos objetivos no son expoliar recursos ni explotar trabajadores. Movimientos como el slow fashion –’moda lenta’, a diferencia de la fast fashion–, zero waste –’cero residuos’– o cradle to cradle –’de la cuna a la tumba’, en la que se diseña buscando crear la menor huella ecológica tomando en cuenta la producción, el transporte y la degradación de un producto–, y campañas como la de “Quién hizo mi ropa”, son buenas alternativas si nos decidimos por el consumo responsable.

Aquí te enumeramos algunas recomendaciones para empezar a consumir moda de manera consciente:

— Cuando adquieras un producto de moda, analiza qué prendas necesitas y reduce tu consumo.

— Busca piezas atemporales.

— Prioriza la calidad y no la cantidad.

— Infórmate sobre las condiciones de producción y los códigos de ética de las marcas que te gustan. Elige la moda ética y sostenible.

— Prefiere productos artesanales y marcas locales.

— Prefiere fibras naturales. +

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