+Lecturas: Entrevista a Emiliano Pérez Grovas por el libro “Demasiado al norte”
Esta semana en +Lecturas entrevistamos a Emiliano Pérez Grovas, ganador del Premio Mauricio Achar 2025, para hablar de Demasiado al norte, una novela que convierte la experiencia migratoria en algo más que el desplazamiento de un lugar a otro: una forma de aislamiento, desconcierto y pérdida de referencias.
En la novela, un hombre llega con su pareja a una ciudad extranjera. Ella trabaja durante el día; él, en cambio, tiene demasiado tiempo libre. El aburrimiento se convierte pronto en una manera de observar lo que ocurre a su alrededor, hasta que una sospecha altera la rutina: comienza a pensar que su compañero de piso, un hombre en silla de ruedas, está fingiendo su discapacidad. Lo que podría parecer una simple excentricidad termina transformándose en una obsesión.
Pero Demasiado al norte, publicada por Random House, está menos interesada en resolver ese misterio que en explorar qué sucede cuando las coordenadas que daban sentido a la vida dejan de funcionar.
La ciudad donde ocurre la historia no tiene nombre. Tampoco lo tienen sus personajes. El protagonista, su pareja y el compañero de piso permanecen deliberadamente anónimos, como si todos hubieran perdido parte de su identidad al cruzar una frontera. La estrategia produce una sensación extraña: reconocemos el mundo de la novela, pero nunca terminamos de sentir que pertenecemos a él.
Pérez Grovas comenzó a escribir la historia durante una estancia temporal en Toronto. Mientras su pareja trabajaba, él pasaba buena parte del día solo. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en el punto de partida de un cuento escrito para un taller. El personaje, sin embargo, se resistió a quedarse dentro de esas primeras páginas. El cuento se multiplicó, aparecieron nuevas situaciones y, poco a poco, surgió una novela.
Su formación también explica buena parte de la estructura del libro. Pérez Grovas estudió cine, no literatura, y antes de pensar en una novela imaginó Demasiado al norte como una especie de sitcom: un mismo personaje, un mismo espacio y distintas situaciones. Escribió entre 10 y 15 cuentos hasta descubrir que entre ellos existía un hilo común.
El resultado es una novela construida a partir de escenas, gestos y silencios. El protagonista observa el mundo casi como si estuviera detrás de una cámara. El lector recibe las imágenes y debe decidir qué significan.
Desde las primeras páginas, esa mirada altera la relación con el espacio. Una escena aparentemente cotidiana —el protagonista detenido ante un semáforo mientras observa a alguien a la distancia— introduce una sensación que recorrerá toda la novela: la de estar siendo observado y, al mismo tiempo, no comprender del todo las reglas del lugar en el que se vive.
La arquitectura juega un papel fundamental. Toronto fue una de las referencias de Pérez Grovas, particularmente por una modernidad urbana que puede resultar intercambiable: calles, edificios y paisajes que podrían pertenecer también a Nueva York, Dallas o Detroit. La ciudad de Demasiado al norte funciona así como un personaje más: repetitiva, laberíntica y reconocible, pero imposible de ubicar con precisión.
Esa indefinición no es únicamente estética. Habla de la experiencia de llegar a un país extranjero y descubrir que las referencias que antes permitían orientarse —los nombres, los espacios, las costumbres, incluso la propia identidad— ya no funcionan de la misma manera.
En ese sentido, la migración de la novela no ocurre solamente entre fronteras. También sucede dentro de la mente. El protagonista se encuentra lejos de su país, pendiente de familiares que permanecen allí y enfrentado a una vida cotidiana en la que parece incapaz de intervenir.
Hay en esa pasividad un eco de Bartleby, el escribiente, de Herman Melville: personajes que no se rebelan necesariamente contra el mundo, sino que parecen retirarse de él. En Demasiado al norte, la inacción se convierte en una forma de existencia y el aburrimiento, en una manera de mirar.
Pérez Grovas entiende el desarraigo como algo más profundo que la distancia entre dos países. Es la pérdida de las referencias que nos permiten reconocer un lugar y, en última instancia, reconocernos a nosotros mismos.
En Demasiado al norte, todos parecen estar de paso, incluso quienes creen haber llegado. Y esa quizá sea la pregunta que queda flotando al final: ¿cuánto tiempo puede vivir una persona en un lugar antes de empezar a sentirse extranjera de sí misma? COMPRA EL LIBRO AQUÍ