Las muertes y la vida de Joan Didion

Las muertes y la vida de Joan Didion

15 de noviembre de 2021

Miguel Ángel Ángeles

Morir bailando o morir con una sonrisa en el rostro. Morir y nunca irse; seguir aquí. Lo que sea que signifique aquí. En México, aprender a fantasear con la muerte ha sido una forma de lidiar con ella: de bailar mirándola de frente con la mística en una mano y la otra en su cintura. Nos hemos contado una historia que nos dice que todo se resuelve mezcal en mano y a colores. Y de cualquier manera, el dolor llega. Y a tal, aunque se le invite también a bailar, se le trata de otra forma, porque la muerte es un beso de despedida que nos libra del dolor cuando somos a quienes se lleva, pero no al revés.

“El dolor, cuando llega, no es nada de lo que esperamos que sea. El dolor es diferente. El dolor no tiene distancias. El dolor viene en oleadas, paroxismos, aprensiones repentinas que debilitan las rodillas y ciegan los ojos y borran la cotidianidad de la vida”, dice Joan Didion en El año del pensamiento mágico (The Year of Magical Thinking). En este confesionario, la autora de Según venga el juego y El Álbum Blanco explora su dolor por la muerte repentina de quien fuera su esposo, John Gregory Dunne. Juntos, por años fueron una de las parejas más representativas de la literatura estadounidense, pero, sobre todo, una familia, junto a su hija adoptiva, Quintana Roo. Eso: una familia. Una familia que se desgaja repentinamente: a Didion le tocaría vivir otra muerte, esta vez la de su hija, apenas un año y medio después. Vivir otra muerte: vaya paradoja.

¿Qué pasa por su mente mientras ella transita entre una vida de recuerdos y una nueva realidad? Entre el proceso de escritura de El año del pensamiento mágico y el de Noches azules hay, además de un registro del proceso de duelo, una proclama. De Didion sabemos de resiliencia no sólo porque lo registra en ambos libros, sino porque, luego de perder a su esposo y a su única hija, siguió. Fue finalista para el Pulitzer. Se convirtió, incluso, en imagen de la casa francesa Céline cuando su diseñadora, Phoebe Philo, la contactó para transformarla en un hito de la moda: muchos años después de aparecer en la revista Vogue firmando, aparecía en páginas enteras posando con unos lentes, fotografiada por Tyrone Lebon. La vimos, luego, ser reconocida por la administración Obama, y retratada en uno de los documentales más exitosos de Netflix: The Center Will Not Hold, del cineasta Griffin Dunne. En este año volveremos a saber de ella, ahora hablando de las razones por las que escribe, en su más reciente libro, Let Me Tell You What I Mean. Didion sigue aquí, entre nosotros. Lo que sea que signifique nosotros.

En momentos como el que vivimos —acaso más conscientes que nunca de lapresencia de la muerte con todas sus posibilidades—, la vida de Joan Didion y sus letras, al menos en el caso específico de estas dos obras, suenan más que oportunas. Más allá del hecho de que Didion tenía 69 y 70 años, respectivamente, al momento de morir su esposo e hija —hoy tiene 86—, con todas las implicaciones que trae consigo empezar de nuevo a esa edad, estos escritos son opción porque funcionan como guía, como ruta.

Existen varias razones. Así como el mundo de la autora dio un vuelco en apenas unos minutos cuando, en medio de la cena de un día cualquiera, la muerte se sentó a la mesa, nosotros comenzamos a lidiar con ella con tan sólo unos meses de diferencia, que ahora suenan a destiempo: no somos pocos quienes desaprendimos la rutina del tic tac para sumirnos en una especie de modo avión del que vamos despertando apenas. Apelando al concepto del pensamiento mágico, Didion realiza una especie de calca y copia de lo que cree que fue su experiencia: una suerte de trance y duermevela sin el romanticismo que hemos cargado a tales palabras. Un salto en el que nunca supo dónde estaban sus pies.

Así como nos hemos preguntado frente al espejo qué tanto de lo vivido es real, la pluma de Didion transita entre la duda eterna sobre lo que cree que recuerda o sintió y cómo es que puede entenderlo cuando lo escribe. Exactamente igual que todas esas veces en las que sentimos que hicimos algo hace dos días, para luego descubrir que han pasado meses desde aquel suceso o apenas unas horas. El desfase de la vida que nos ha abrazado durante los últimos dos años trae consigo muchos más duelos de los que siquiera hemos pensado. Y hay que hablar de ello. Es necesario atravesar el duelo y podemos hacerlo de la mano.

Vienen enfilados esos momentos en los que descubriremos nostalgias nuevas de lugares que ya no están y conversaciones que, por supuesto, nunca tuvimos porque todo acabó antes: y no hay palabras que expliquen ya los huecos que sentimos de cosas que nunca vivimos. Habrá sonidos que nos recuerden a quienes se fueron en un contexto de alteridad: nuestros muertos en pandemia, y que nos recuerden que la normalidad fue apenas un constructo del que creemos que podemos acordarnos.

Recuerdo: volver el camino. Vaya manera de entender el pensamiento mágico.
Caminar: la idea de que lo lineal es posible, otra vez pensamiento mágico.
Joan Didion: aquí entre nos: lo que sea que Joan Didion signifique. +

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