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Entrevista a John Boyne: el presente conciliador

Entrevista a John Boyne: el presente conciliador

01 de marzo de 2022

Yara Sánchez De la Barquera

John Boyne es una presencia fundamental en la literatura reciente. Desde 2006, con la publicación de El niño con el pijama de rayas (The Boy in the Striped Pajamas), sus libros han marcado a millones de lectores. La furia y la ternura de su obra —siempre lejana de los juicios morales facilones— nos han colocado ante realidades que debemos mirar de una manera distinta. La publicación de las traducciones de The History of Loneliness (Las huellas del silencio) y The Heart’s Invisible Furies (Las furias invisibles del corazón) fue un espléndido pretexto para conversar con él. Gracias a Boyne, un siglo después del Ulises de Joyce, las letras irlandesas vuelven a poner el dedo en la llaga; por esta razón, nuestra plática nos llevó a tocar el tema de su imperiosa tierra natal, donde se desarrollan estas novelas. El peso del catolicismo, la pederastia, la culpabilidad y el silencio ante las víctimas fueron algunas de las escalas. En pocas palabras John visibiliza ambos lados de la historia. 

Yara: Irlanda siempre ha sido fascinante para mí; es un país que lucha por su autonomía sin olvidar honrar sus tradiciones, bajo un peso religioso que, como mexicana, comprendo muy bien en los países con mayorías católicas. Cuando menciono el equipaje, me refiero a los antecedentes históricos creados por instituciones religiosas y gubernamentales que causaron un tremendo dolor.

John, me parece que parte de tu éxito consiste en que has llenado la necesidad de que alguien pudiera narrar todo lo lóbrego y ofrecer un balance del pasado, aunque siempre habrá heridas que esperamos que no se repitan. Otros autores irlandeses no necesitan hablar sobre el pasado específicamente, pero en algún momento se vuelve necesario, ¿podrías compartirnos desde dónde escribes estas sórdidas historias de tu país? 

John Boyne: Durante la primera mitad de mi carrera, estuve escribiendo principalmente novelas históricas que ocurrieron en otros países, y creo que había algo de mí que estaba nervioso por eso. Cuando mi trabajo se hizo más personal, me permitió entrar en este vínculo. Quería mantenerme alejado y ser un narrador de historias, más que cualquier otra cosa; pero creo que, a medida que tuve más confianza en mi escritura y en mí mismo, pude construir una audiencia. Luego llegué a un punto en el que sentí el deseo de que esas novelas fueran más personales. Llegó la hora de pensar en algunas cosas que sucedieron en mi vida: cómo me habían afectado; cómo afectaron a personas que conozco, a mi generación. Quería contribuir a comprender cómo mi país ha cambiado con el tiempo y en qué se ha convertido hoy.

Yara: Tus dos novelas más recientes, The History of Loneliness y The Heart’s Invisible Furies, han tenido mucho éxito. Acabas de presentar esta última en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. ¿Crees que la forma de llegar allí consistió en simplemente mostrar la historia, lo que sucedió, sin juzgar lo que pasó con la Iglesia y todas las injusticias? 

John: Sí. Sobre la primera novela, The History of Loneliness, me parece que no podría haberla escrito mucho más joven, cuando tenía 20 años, porque habría estado lleno de rabia, y no sería buena literatura. Creo que hay que mantener cierto equilibrio. Lo interesante fue desde dónde abordar esta historia: no consistió en poner al abusador en el centro, sino a la persona cómplice del abuso, que fue consciente de ello y prefirió no denunciarlo, mirar hacia otro lado.

Porque, históricamente hablando, mucha gente en Irlanda sabía sobre cosas que estaban pasando, y no hacía nada para ayudar a las víctimas o para perseguir y denunciar a los criminales. Así que pensé que se trataba de una mejor perspectiva para saber qué pasó: ¿qué sucedió con estos jóvenes que en realidad fueron abusados, en primer lugar? ¿Cuál fue su historia de fondo?

Cuando comencé el libro, realmente no lo sabía, pero comencé escribiendo. La historia empieza y el personaje se desarrolla. No es que yo quisiera que los lectores sintieran una especie de simpatía por ellos, pero quería que entendieran la forma en la que muchos de estos jóvenes fueron arrojados a seminarios cuando apenas eran adolescentes, sin ninguna vocación religiosa, simplemente porque sus familias querían un sacerdote en la familia. Y eso con el tiempo les causó mucho daño.

Yara: En México compartimos esa historia, así como en otros países católicos, que ya en la mayoría de edad entienden lo que sucedió. Ahora somos abiertamente conscientes de lo que pasó. ¿Qué vamos a hacer con esa información?

John: Bueno, creo que no dejaremos que esto vuelva a suceder. Y, ciertamente, los jóvenes lectores que se están acercando a estos libros son quienes van a tener el control del mundo. No tienen que hacer lo que hicieron sus predecesores, en términos de hacerse de la vista gorda ante el abuso. Pero creo que vivimos en un momento diferente: ahora los jóvenes están mucho más informados, y estarían mucho más dispuestos a luchar contra cualquier injusticia, la que sea. Los padres en Irlanda en los años cincuenta no sabían qué hacer con un niño que había sido abusado, por ejemplo. Hoy los padres sabrían qué hacer exactamente.

Yara: Qué importante resulta contar estas historias, porque todos conocemos a alguien que ha sido abusado, no sólo por el clero. Lo esencial es entender cómo se creó el problema, exactamente como dices. Es importante saber cómo te conviertes en un perpetrador de este trauma y este dolor. Creo que primero necesitamos que las personas que no saben lo que está pasando con ellos tengan presente que los entendemos, que necesitan ayuda. De esta manera, evitamos estar del lado del opresor, con el silencio. Podemos decirlo y hablar de ello. Me parece que tu novela propone esa conversación otra vez a todo el mundo. 

John: Eso espero. Espero que sí. Y no se trata de justificar nada de lo que sucedió, pero tenemos que entender por qué suceden las cosas, en lugar de simplemente sentarnos y condenarlas. Así empezamos a comprender los motivos. Entonces lo que hay que hacer es evitar que vuelvan a suceder.

Yara: Exactamente. ¿Y podemos relacionar esto con tu otra novela famosa, The Boy in the Striped Pajamas? Las nuevas generaciones han tenido problemas para mirar hacia atrás, a la Segunda Guerra Mundial, de manera objetiva y decir: ¿cómo dejaste que esto sucediera? Porque el miedo también es una manera horrible de controlar a la gente y dejar que estas cosas pasen.

John: Sí, ¿sabes? Cuando empecé a escribir este libro, por ejemplo, algo que me llamó la atención fue que la guerra había sucedido durante la vida de mis propios padres, cuando eran niños. Históricamente hablando, eso fue en un abrir y cerrar de ojos. Y cada vez que hablo con niños en las escuelas sobre esto, señalo que aún pasan estas cosas en el mundo. Todavía hay genocidios. Vimos lo que sucedió con los refugiados sirios y los niños que murieron en las playas. Todos tenemos alguna responsabilidad para evitar este tipo de cosas. Yo lo que hago con mi vida es escribir sobre ellos; cada uno tiene su propia responsabilidad de hacer algo.

Yara: Los irlandeses ayudan a quienes lo necesiten. Esto lo retratas en tus novelas, y se trata de algo que todo mundo ama de los irlandeses.

John: Creo que sabemos que nuestra cultura e historia han sido tan migrantes que se remontan a 200 años atrás, con la gente que tuvo que abandonar Irlanda. Muchos se esparcieron por todo el mundo; así que puedes ir a cualquier parte y encontrar un pub irlandés (se ríe). Me parece que, para tratarse de un país tan pequeño, hay muchos irlandeses por todo el mundo.

Yara: De la noche a la mañana tu país ha cambiado; hay muchos extranjeros, hasta hay tráfico en la noche alrededor de Trinity College. ¿A qué se debe esto?

John: Sí, hay muchos extranjeros en Dublín. Supongo que antes de la crisis, durante los años de auge, muchas compañías farmacéuticas y tecnológicas llegaron a Irlanda, con mucha migración. Entonces vino gente de todo el mundo. Me parece que tenemos una comunidad muy grande de estudiantes brasileños y sudamericanos en Dublín y eso es emocionante.

Yara: Y también, fiscalmente, les conviene a esas empresas. Me parece emocionante, como dices, porque anteriormente Irlanda fue retratada por James Joyce en Dublineses como una sociedad conservadora y atrapada en el pasado. Tú has venido a refrescar esas historias y a darnos una evaluación y un cierre. Escribiste una novela sobre el tema cuando aún no era legal la unión entre parejas homosexuales. Después, Irlanda fue el primer país en votar para comenzar este camino. Pienso que esto acrecienta la belleza de la historia y de su publicación.

John: Sí, The Heart̩‘s Invisible Furies. Quiero decir que representa un cambio, porque en 1993 se despenalizó la homosexualidad en Irlanda. Así que sólo hay 22 años entre eso y el referéndum sobre el matrimonio igualitario. Y eso no es nada.

Yara: Un gran contraste, además, en un país donde Oscar Wilde fue juzgado por su homosexualidad y prácticamente murió debido a eso. Hablando de contrastes, ¿estás interesado en escribir sobre estos temas otra vez?

John: Creo que, como escribí estas novelas irlandesas seguidas, necesito un pequeño descanso, por ahora. Así que tampoco hay un plan en particular, pero estoy seguro de que lo haré en algún momento.

Yara: Tus novelas son realmente transformadoras para tus lectores. Quiero saber cómo ha sucedido al revés: ¿cómo te han transformado a ti las historias que tus lectores te comparten? 

John: Por ejemplo, ayer en la noche estuve en la fil Guadalajara firmando libros, y bastantes personas se me acercaron para contarme que había mucha homofobia en Guadalajara y en México. Varias personas me contaron que estaban luchando en las relaciones con sus padres debido a esto, ¿sabes? Me interesó escuchar estas historias; me dolió, pero fue interesante compartirlas. Con suerte, pude animarlos a que sólo les den tiempo a sus padres para que los acepten y los amen. Entonces, cada que alguien se me acerca con un libro y me dice cuánto se ha conmovido y cuánto significó para ellos, quiero decir que para eso escribí el libro. Nadie quiere sentir que su trabajo no importa y que no significa algo para la gente. 

Yara: Resulta impactante cómo los escritores e intelectuales irlandeses debían dejar su país. De alguna forma, esas figuras siempre están presentes. Recientemente, en México, una escritora llamada Sofía G. Buzali escribió acerca de la hija de James Joyce, Lucia, de cómo fue invisibilizada y también autoexiliada por su búsqueda de libertad. Los artistas peligraban en tu país. ¿Puedes hablarnos sobre huir de Irlanda, con todo lo implicaba? 

John: Incluso recientemente, en los sesenta, personas como John McGowan tuvieron que abandonar Irlanda, porque sus libros se estaban prohibiendo en el país. Todo esto ha cambiado ahora; por ejemplo, el libro que mencionas nunca hubiera sido publicado en México en aquella década. Ésta es una generación completamente diferente, de escritores que habrían tenido que abandonar Irlanda y continuar su trabajo en otro lado. Pasa igual en otros países; me imagino Rusia, por ejemplo, es más difícil sobrevivir allá. Corea del Norte, por ejemplo, allí no vas a escribir libros sobre Corea del Norte. Así que tenemos que valorar la libertad que tenemos.

Yara: Sin duda. Y supongo que uno de los mayores problemas en la censura —como en The Heart’s Invisible Furies— es el tema del sexo, debido a la Iglesia y a la opresión en la sociedad. ¿Cómo es que la gente estuvo de acuerdo con eso?, ¿por qué tantas generaciones se dejaron llevar?

John: Porque la gente en el pasado no hablaba en absoluto de eso y, cuando no hablas de algo y lo escondes, se convierte en algo sucio o en algo que se siente mal. La generación más joven no tiene ningún problema; me parece que son más abiertos acerca del sexo y las diferentes formas de la sexualidad. Eso representa algo bueno, pero debemos considerar que las generaciones pasadas son las que han luchado por los derechos de las mujeres o los derechos de los homosexuales, para construir una sociedad en la que tengan la libertad de ser ellos mismos.

Yara: Realmente parece una locura. De manera simplista, podríamos ver que la mayoría de nuestros problemas provienen del malentendimiento y la manipulación del sexo. Por ejemplo, mencionas al sistema para madres solteras y los crímenes de The Magdalene Laundries en Irlanda. Todo lo que tienes que hacer es retorcer el sexo y convertirlo en una plaga silenciosa para la sociedad.

John: Sí, sí. Incluso al comienzo de The Heart’s Invisible Furies, cuando Catherine es expulsada de la Iglesia por el pecado de estar embarazada y no casada, ¡la culpable es ella y no el hombre! Por supuesto que así funcionaba la sociedad en ese entonces para tantas personas que crecían allí, particularmente si eras gay, bajo la ilegalidad que existió hasta 1993. Quiero decir, a nadie le gusta crecer sintiéndose un criminal; eso afecta la mente de quien sea.

Yara: Creo que todo el mundo está buscando un lugar en el mundo: el amor, sentirse amado, encontrar su propio sitio; como Ordan, el protagonista. Considero que esto seguirá existiendo hasta que la gente lo comprenda por completo.

John: Eso es lo que abordan muchos de mis libros. La soledad se ha convertido en un tema recurrente a través de mis novelas, porque varias de ellas son narradas por personas mayores que miran hacia atrás en sus vidas y tienen una sensación de arrepentimiento o de vergüenza por cosas que hicieron o que dejaron de hacer. No se trata de juzgarlos, simplemente es un tema recurrente.

Yara: Para mí se trata del problema más grande que la humanidad tiene y ha tenido. John, ¿puedes compartir con nosotros lo que estás leyendo en este momento?

John: Sí, claro. ¿Conoces a Rose Tremain? Estoy leyendo su nueva novela Lily. El problema es que estoy a la mitad. Lo estoy disfrutando. Soy un gran admirador de su trabajo.

Yara: ¿Y puedes compartirnos lo que estás escribiendo en este momento?

John: Sí. En realidad, estoy escribiendo un guion. Nunca había escrito guiones antes. Durante el confinamiento, empecé a escribir algunos. Y la novela que publiqué este año en Reino Unido, The Echo Chamber, se está convirtiendo en una serie de televisión, por eso estoy escribiendo el guion.

Yara: ¡Wow! La estoy leyendo y me volveré loca de ver la serie.

John: Así que estoy escribiendo el guion en este momento. Es divertido hacer algo que me gusta; se trata de algo diferente. Realmente no había planeado escribir guiones, pero es bueno desafiarse y probar. 

Yara: ¿Puedes hablarnos un poco sobre The Echo Chamber

John: Sí, claro. Es una novela acerca de las redes sociales; en especial, sobre el elemento destructivo que las redes sociales tienen en nuestras vidas: cómo pasamos demasiado tiempo en ellas; la necesidad de buscar la validación de extraños, y la forma en que nos hablamos. La aprobación en las redes sociales es cruel y viciosa, de maneras que no nos atreveríamos en la vida real. Así que quería escribir un libro sobre eso, y resultó una novela cómica. No había escrito novelas cómicas antes, pero quería probar. Así que me ha ido bien por aquí y por allá.

Yara: Vi una entrevista en la que decías que lo que las redes sociales están haciendo con nuestro cerebro realmente es grave; lo están bombardeando.

John: Sí. Es la discusión constante lo que está ocurriendo. Las personas pasan todo el día en las redes discutiendo con extraños; no tiene sentido. En estas peleas innecesarias, la gente simplemente se pisotea por todo, sin importar cuál sea el problema. Creo que cambiarían de proceder si se alejaran un poco y se preguntaran: ¿por qué estoy perdiendo el tiempo en esto?, ¿por qué estoy discutiendo con un extraño sobre algo que en realidad no me importa?, ¿por qué debo tener la razón? Es que lo encuentro un poco infantil.

Yara: Las redes están hechas exclusivamente para calentar tu cerebro, con la recompensa de la dopamina y los followers.

John: Followers y likes. Yo no las uso. Sólo uso Twitter, pero realmente no tanto; lo reviso para ver a los usuarios que hablan de mis libros.

Yara: Tu objetivo principal es escribir. Quédate así; mantente fuera de eso. Muchas gracias por tu tiempo, John.

John: No hay problema, fue agradable platicar contigo. Espero regreses pronto a Irlanda.+

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