Lo que cabe después del último punto

Lo que cabe después del último punto

 

El Premio Planeta 2026 fue para una novela que vive en el espacio más breve posible: el que dejó La casa de los espíritus al terminar.

Mil cuatrocientos veinticuatro manuscritos compitieron este año por el Premio Planeta, y uno de ellos llegó firmado con nombre de heroína de telenovela: Luz Ventura. El título tampoco era el verdadero, se llamaba Los que faltan. Al revelarse la identidad, la autora resultó ser Isabel Allende, el libro era La hora antes del alba y el millón de euros de la edición 75 fue para una continuación de La casa de los espíritus.

Para una revista que dedica el número a lo breve, el asunto tiene su ironía. Allende escribe sagas que piden estante propio, y aquí gana con un libro que vive en un espacio mínimo: el que queda entre el último punto de su novela de 1982 y lo que le pasó después a la familia. Según la agencia EFE, la trama arranca justo ahí. Alba, la nieta de Clara, vuelve embarazada a la casa familiar tras haber sido encarcelada y torturada por la dictadura.

Ese hueco llevaba cuarenta y cuatro años abierto. Al recoger el premio, la escritora contó que desde 1982 le llegaban mensajes de lectores que querían saber qué había sido de Alba, y que apenas ahora sintió que era el momento. Es la misma comezón que mantiene vivo a El dinosaurio, el cuento de siete palabras de Augusto Monterroso: un final que deja preguntas y que cada lector remata por su cuenta. La diferencia es que Allende se puso a contestar.

Las secuelas tardías con premio gordo tienen antecedentes. Margaret Atwood volvió a Gilead en Los testamentos más de tres décadas después de El cuento de la criada y compartió el Booker de 2019. Allende ya había rondado ese universo en otras tres novelas, pero esta es la continuación directa, la que se hace cargo de la pregunta que todos le hacían.

Según explicó la autora, la hora antes del alba es el tramo más oscuro de la noche, ese en el que el día todavía no sale pero ya se nota que viene. Una hora no es mucho, aunque cualquiera que haya pasado una noche en vela sabe cuánto pesa. Y Luz Ventura, dijo, es un guiño a las mujeres luminosas de La casa de los espíritus.

A sus 84 años, Allende reconoció que nunca se había presentado a un concurso por no arriesgarse a la humillación de quedar al final, y que ahora “hay muy poco que perder”. Me gusta esa aritmética, lo confieso. También dijo que ver tantas democracias amenazadas por el autoritarismo le devuelve el miedo que la sacó de Chile tras el golpe de 1973.

El embudo fue brutal. De 1,424 textos quedaron nueve finalistas y, al cierre de la noche, dos nombres. El segundo, con 200 mil euros, fue el del valenciano Sergio Hernández, por La añoranza. De los otros 1,422 manuscritos sabremos poco o nada.

El veredicto llegó en una sola noche. La lectura va a llevar más tiempo, y esa parte ningún jurado la resume.+. Compra sus libros aquí

 

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