Isabel Revuelta Poo revisita la historia de México a través de ocho mujeres

Isabel Revuelta Poo revisita la historia de México a través de ocho mujeres

Durante siglos, la historia de México se ha narrado desde una mirada estrecha, centrada en grandes gestas masculinas y en unos cuantos episodios elevados a categoría de mito. En Hijas de la historia 2 (Planeta), Isabel Revuelta Poo propone una corrección necesaria: volver al pasado para mirarlo a través de las vidas de ocho mujeres que, desde distintos tiempos y territorios, participaron activamente en la construcción del país. No se trata de una galería de heroínas idealizadas, sino de un recorrido por trayectorias complejas, marcadas por el poder, la resistencia, el exilio, la fe, la ambición y la creación.

El libro reúne a figuras que rara vez conviven en un mismo relato: la Reina Roja de Palenque, Tecuelhuétzin, Francisca Núñez de Carvajal, Leona Vicario, Margarita Maza, Carlota de Bélgica, Juana Cata Romero y Leonora Carrington. El arco temporal va del mundo prehispánico al siglo XX y, con ello, se desmantela la idea de una historia lineal y homogénea. La propuesta es clara: México no se explica desde un solo pueblo ni desde una sola época, sino desde una superposición de culturas, conflictos y decisiones en las que las mujeres han sido protagonistas, aunque con frecuencia invisibilizadas.

El volumen abre en el mundo maya con la Reina Roja de Palenque, un personaje cuya identidad fue reconstruida a partir del hallazgo de su tumba, siglos después de su muerte. El relato no solo se detiene en el misterio arqueológico, sino en lo que su figura permite entender sobre el lugar de las mujeres en esa civilización y sobre el colapso de ciudades que durante mucho tiempo se interpretó como desaparición total de un pueblo. La autora aprovecha este punto de partida para cuestionar ideas arraigadas y recordar que la historia también se escribe a partir de descubrimientos tardíos y lecturas renovadas.

La mirada se desplaza luego a Tlaxcala con Tecuelhuétzin, mujer de linaje noble cuya vida sirve para revisar uno de los episodios más incómodos del relato nacional: la alianza entre los tlaxcaltecas y los españoles durante la Conquista. En lugar de repetir el estigma de la traición, el libro propone entender el contexto político de los señoríos indígenas y las decisiones que tomaron para sobrevivir frente al imperio mexica. Tecuelhuétzin aparece así como una figura clave en la fundación de nuevas ciudades y en la reconfiguración del poder en Mesoamérica.

El tránsito hacia la Nueva España introduce a Francisca Núñez de Carvajal, una mujer de origen judío portugués perseguida por la Inquisición. Su historia, marcada por la clandestinidad y la fidelidad a una fe prohibida, expone la violencia institucional del periodo colonial y la fragilidad de la vida cotidiana bajo el control religioso. Más allá del desenlace trágico, su presencia en el libro funciona como un recordatorio de las múltiples identidades que conformaron la sociedad novohispana y de las mujeres que pagaron un precio altísimo por defender sus convicciones.

La sección dedicada a las mujeres insurgentes aborda uno de los momentos fundacionales del país. Leona Vicario aparece no solo como figura emblemática de la Independencia, sino como una mujer que tuvo que defender su propia legitimidad frente a quienes redujeron su participación a una historia de amor. Su perfil dialoga con el de Margarita Maza, cuya vida estuvo atravesada por el exilio, la guerra y la construcción de una república en ciernes. Ambas encarnan formas distintas de intervención política y social, lejos de los reflectores tradicionales.

En contraste, Carlota de Bélgica irrumpe como símbolo de un proyecto imperial fallido. Su llegada a México, su incomprensión del país que gobernaba y su posterior colapso mental permiten asomarse a un siglo XIX convulso, donde las disputas por la nación se libraron también en el terreno íntimo. A su lado, Juana Cata Romero representa a las mujeres que, desde el ámbito económico y social, influyeron de manera decisiva en los procesos de modernización y en la definición del Estado mexicano durante la segunda mitad del siglo.

El recorrido culmina en el siglo XX con Leonora Carrington, artista surrealista que encontró en México un espacio de libertad creativa que Europa ya no le ofrecía. Su historia es la de una extranjera que terminó siendo parte esencial del paisaje cultural del país, una mujer que transformó el exilio en un territorio fértil para la imaginación y la rebeldía. En ella convergen la historia del arte, la migración y la capacidad de México para convertirse en refugio de espíritus disidentes.

Hijas de la historia 2 no busca etiquetar estas vidas como una “historia de mujeres”, sino integrarlas a una narrativa más amplia y más honesta. Al hacerlo, el libro invita a reconocer que la historia nacional está incompleta sin estas miradas y que comprender el pasado implica aceptar sus contradicciones. En ese gesto, la obra de Isabel Revuelta Poo se suma a un esfuerzo mayor: el de ampliar el canon y asumir que México se construyó, también, desde las voces que durante demasiado tiempo quedaron al margen.