Anderson sin pantalla

Anderson sin pantalla

Mientras el Hollywood Bowl despedía tres noches dedicadas a las bandas sonoras de Wes Anderson con Bill Murray de maestro de ceremonias, en México hay una manera de escuchar la música de las películas del ya mítico director: un disco de cuerdas que lleva catorce años esperando play.

Del 10 al 12 de julio, el Hollywood Bowl de Los Ángeles dedicó tres noches a la música de las películas de Wes Anderson bajo el título Music from the Films of Wes Anderson: treinta años de filmografía celebrados con Bill Murray como conductor de la velada y un cartel que incluyó a Beck, Jenny Lewis, Jackson Browne y Jason Schwartzman, más Mark Mothersbaugh tocando sus propias partituras y, los primeros dos días, a la Filarmónica de Los Ángeles bajo la batuta de Thomas Wilkins. Hubo puestos de merchandising, hubo una sala de cine curada por el propio Anderson y hubo, hay que suponerlo, más de un asistente disfrazado de Margot Tenenbaum. Fue exactamente el tipo de evento que uno querría haber presenciado y que, para cuando este texto llega a imprenta, ya es pasado y, para colmo, geografía ajena.

La buena noticia es que no hace falta Los Ángeles ni boleto para tener la música de las películas de Wes a un clic de distancia. Desde 2012 existe VSQ Performs Music from the Films of Wes Anderson, del Vitamin String Quartet, disponible en cualquier plataforma de streaming sin necesidad de convertir un fin de semana californiano en peregrinación.

Vitamin String Quartet (VSQ) es un proyecto con base en Los Ángeles, activo desde 1999, dedicado a traducir canciones de rock y pop al lenguaje del cuarteto de cuerdas. La fórmula, con un elenco de músicos que rota según el proyecto, ya suma más de trescientos discos: de Metallica a Lana Del Rey, de Björk a Studio Ghibli. El gesto es siempre el mismo: quitarle la voz a una canción y ver qué le queda de pie.

En el caso de Anderson lo que queda es justo lo que sus películas siempre supieron explotar. Rushmore y The Royal Tenenbaums son de culto tanto por su puesta en escena como por su curaduría musical, esas entradas de canciones ajenas en el momento preciso que la crítica bautizó como needle drops. El disco de VSQ recoge once de esas canciones, poco más de media hora en total, y las pasa por violín, viola y chelo: Needle in the Hay de Elliott Smith, Here Comes My Baby de Cat Stevens, Heroes and Villains de los Beach Boys, Life on Mars? de David Bowie, Staralfur de Sigur Rós, entre otras.

Sin la voz quebrada de Smith ni el falsete de Bowie, lo que sobrevive es el esqueleto: la melodía, la armonía, el pulso. Funciona casi como una versión ambiental del universo de Anderson, útil para quien quiere ese aire de simetría y melancolía sin tener que poner la película, y es de esos discos que uno pone sin querer confesarlo y termina defendiendo con más convicción de la que admitiría en voz alta. No sustituye al needle drop original, nada lo hace, pero tiene una ventaja innegable: puedes escucharlo mientras trabajas, mientras lees o mientras finges que vives en una casa con papel tapiz color mostaza. Bill Murray no viene incluido. Para la mayoría de nosotros, de cualquier forma, esta iba a ser siempre la opción más realista.

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