Passepartout ha perdido su reloj y la ficción se ha quedado sin dueño

Passepartout ha perdido su reloj y la ficción se ha quedado sin dueño

En El reloj robado de Passepartout, el escritor mexicano Elik G. Troconis reincide en la fórmula que tan buenos resultados le dio en La joya robada: intervenir un clásico de la literatura universal e insertarle un misterio detectivesco. En esta ocasión, la víctima conceptual es La vuelta al mundo en 80 días de Jules Verne. La premisa parte de un acontecimiento disparatado y metanarrativo: mientras el autor investiga en su departamento madrileño para escribir su nueva novela, Passepartout emerge de las páginas de su ejemplar de Verne para informarle que ha perdido el emblemático reloj de bolsillo de plata que rige la cronología del viaje. 

A partir de ese instante, la narración se transforma en un pulso constante entre el autor, quien intenta ejercer como un implacable dominus et deus, y las creaciones vernianas. Sin embargo, Phileas Fogg, Aouda, Fix y el propio Passepartout reaccionan al “despertar” cobrando vida propia y revelando un espíritu profundamente rebelde. Cada uno intenta emancipar su destino de las ataduras impuestas por el texto original de 1872: Aouda aspira a emanciparse e irse a México a estudiar Medicina, Fix rechaza su trágico papel de villano en busca de redención, y Fogg esconde una insólita historia de amor con una joven llamada Caroline.

La prosa de Troconis adopta un tono ágil, socarrón y analítico, que rinde homenaje explícito tanto al estilo descriptivo de Verne como a las indagaciones pirandellianas sobre el libre albedrío y la naturaleza de la ficción (Seis personajes en busca de autor). La novela no solo funciona como un eficaz divertimento policial, sino también como una carta de amor a los libros y una reflexión sobre la responsabilidad de la creación. Troconis logra sostener el ritmo integrando disputas filosóficas a bordo de transatlánticos, partidas estratégicas de whist y el inevitable choque cultural entre el narrador contemporáneo y los moldes decimonónicos de sus criaturas.

Sin caer en la condescendencia juvenil, la obra destaca por su sólida carpintería narrativa y su respeto por el material original. Se trata de una propuesta ingeniosa que gustará por igual a los amantes de Verne, a los seguidores del género policiaco y a quienes disfrutan de las historias que rompen de forma audaz la cuarta pared.