Páradais: una nueva apuesta por el lenguaje

Páradais: una nueva apuesta por el lenguaje

14 de abril de 2021


 Irma Gallo

Antes que la historia o los personajes, fue el lugar: el complejo residencial exclusivo cuyo nombre da título a la novela detonó la escritura de Páradais, comenta su autora: “Empecé a imaginar cómo es este residencial, estas comunidades cerradas con bardas altas, alambre de espino, seguridad privada y cámaras. Alguna vez llegué a ir a fiestas en lugares así en Veracruz, y me pareció que eso está sucediendo en todo el mundo: este tipo de comunidades que están apareciendo —y que además parece que aparecen de la nada en medio de otra comunidad que queda después desplazada—. Empecé a pensar: si en Temporada de huracanes el mal parecía provenir de la marginación, ¿de dónde provendría el mal en un lugar así, en el que parece que todo funciona a la perfección y donde parece que nadie tiene ningún problema? Y ahí fue cuando pensé: claro, en un lugar así, el mal también estaría adentro, sería como un cáncer. Y ese cáncer comenzó a tomar forma, y se convirtió en Franco Andrade, alias el Gordo”.

Franco es un chico rico, al que no le hace falta nada —al menos en el aspecto material—, y Polo es su contrapeso: “Éste es un amigo que en realidad no es su amigo. A Polo tampoco le gusta mucho pasar el tiempo con Franco, pero tienen algo en común: Polo es un joven que proviene de un pueblo cercano, una de estas comunidades que han sido tomadas por el narco, y es el jardinero del fraccionamiento. Y odia su trabajo: ha sido obligado por su madre a trabajar ahí. En realidad, él no tiene ninguna vocación por nada; no sabe qué hacer con su vida, siente que no tiene ningún tipo de futuro. Y estos dos muchachos se unen por su amor por el alcohol, por esa necesidad de disiparse, de refugiarse en cualquier otra cosa que les quite de la cabeza su aislamiento y su sufrimiento”. Juntos, estos dos personajes dinamitarán el mundo aparentemente perfecto de Páradais, el fraccionamiento en el que uno vive, o más bien, gravita, y el otro trabaja, o mejor dicho, es explotado.

Pero además de una trama atractiva y adictiva, en Páradais hay un trabajo muy escrupuloso del lenguaje, que Melchor ya había explorado en Temporada de huracanes: “Lo trabajo con mucho esfuerzo y con un placer que es casi corporal. Me gusta la idea de que cada palabra de Páradais esté colocada en el lugar donde quiero que esté. Y que las palabras no sólo construyan imágenes precisas, que tengan un significado preciso; a mí me gusta que mi prosa esté cargada de imágenes visuales, pero también sensoriales y olfativas”. Fernanda Melchor afirma que, por medio de las palabras, busca provocar una experiencia inmersiva en el lector: “Trabajo mucho leyendo en voz alta. Entonces, me gusta que las palabras no sólo tengan un significado, sino que resuenen padre; me gustan hasta las texturas fónicas de la lengua”.

Una vez que ya tenía la estructura de la novela, encontrar el tono, explica la autora, fue lo más difícil. “Decía Sergio Pitol que un escritor es alguien que escucha voces. En eso, los escritores nos parecemos un poco a los dementes, porque todo el tiempo estamos escuchando cosas. Y lo que me gusta de escribir es que me construyo esta especie de laberinto, esta especie de cajita encantada donde voy y me encierro voluntariamente todos los días, varias horas, a pasar tiempo ahí, a escuchar esas voces, a pensar cómo va a ser la historia y a tomar decisiones. Y en la escritura, que es este laboratorio vivo, ensayar y ensayar. Porque una novela jamás nace perfecta: siempre es la culminación de un largo proceso en el que uno tiene que aprender y sentarse en ese laberinto que construyó a ver pasar las horas. Y escribir. Y también aterrorizarse uno mismo: sentir ese pavor que uno quiere que el lector sienta”.

La brutal incidencia que tiene la naturaleza salvaje de su Veracruz natal en la trama y en las emociones de sus personajes es otra característica de la literatura de Fernanda Melchor. “Hay un uso del paisaje y de la naturaleza en mis libros, y se ve desde Falsa liebre (2013). El paisaje no sólo está ahí, sino que reproduce los estados emocionales de los personajes: los exacerba o los refleja, o son metáforas. Tampoco voy a hacer spoilers, pero el río significa mucho para los personajes; el río separa y une al mismo tiempo; para Polo, por ejemplo, es un símbolo de su infancia perdida, de su abuelo. Y al mismo tiempo, es el anhelo de libertad”.

Páradais también es la historia de dos soledades y de las distintas violencias que detonan cuando se encuentran. +

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