La poesía también tiene quince años
La poesía no es un territorio exclusivo de la madurez ni un ejercicio reservado para la posteridad; es, ante todo, un estado de intensidad permanente. Con esa premisa, Ediciones Castillo publica Mírate por mi voz (2026), una antología de poesía escrita por jóvenes y dirigida especialmente a lectores adolescentes. El volumen, que reúne las voces de dieciséis autores mexicanos contemporáneos, coordinados por la poeta María Baranda, se presentará formalmente en librerías el próximo primero de junio. A propósito de este lanzamiento, compartimos una charla con la antologadora y con una de las escritoras participantes sobre el proceso de creación colectiva, la memoria emocional y los ritos de iniciación que configuran la identidad durante la juventud.
¿Qué ofrece este libro al mercado literario actual?
María Gómez de León (MGL.). Es una propuesta única. Generalmente, cuando eres joven y buscas poesía, terminas leyendo textos escritos por adultos y pensados para un público maduro. Por otra parte, existe un mercado fascinante de poesía infantil editada para las infancias. Sin embargo, no existía algo como esto: una antología de poesía escrita por jóvenes para jóvenes. Es un universo nuevo que nos permite conectar desde nuestras propias inquietudes. A mí me habría encantado tener este libro en la secundaria, cuando leía cosas complejas que me fascinaban pero no entendía del todo.
María, ¿por cuáles caminos temáticos transitaste al escribir tus poemas?
MGL. Escribí dos poemas muy distintos. El primero aborda la amistad y la música, que son esenciales para definir tu identidad a esa edad; habla sobre estar en la carretera compartiendo tus audífonos con una amiga. El segundo poema se llama “Insolación” y se convirtió en una especie de arte poética personal. Para mí, la adolescencia es un mudar de piel y sentir que todo lo vives de forma desprotegida. Retomé la anécdota de descarapelarse tras una insolación como un rito de iniciación.
¿Qué temas aparecen en el libro?
MGL. Es un abanico muy amplio. Hay una chica que quiso ser madre de sus muñecas (el poema se llama “Maternidad”), hay quien escribió sobre la muerte de un amigo, hay un poema sobre la primera vez que alguien le pidió a su mamá usar boxers. Están los anhelos, las pérdidas, la música, la amistad. Rebeca Leal Singer tiene un poema sobre una amiga que cambia de escuela. Yo escribí uno sobre compartir audífonos en una carretera: a esa edad la música es esencial, te vas definiendo a partir de lo que escuchas, y puedes pelearte con alguien porque no le gusta el mismo grupo que a ti.
¿Por qué crees que la poesía y la adolescencia tienen tanto en común?
María Baranda. Cuando estaba en segundo de secundaria, el primer libro que compré con mis propios ahorros fue El hombre aproximativo (1931) de Tristán Tzara, un poeta dadaísta. Sigo sin entender nada (es completamente surrealista), pero me obsesioné con la poesía justo a esa edad. Creo que la poesía es la adolescencia del lenguaje: un estado permanente de intensidad. Y la adolescencia es cuando más la necesitas. Pero a veces no hay libros al alcance, o no conoces a poetas jóvenes, o estás leyendo a Tzara porque no tienes otra entrada. Un acercamiento más guiado puede ser bueno para lectores que no quieran aventarse de entrada al abismo del dadaísmo. Lo más importante sería que este libro también incite a escribir poesía.+