Días perfectos con Koda-San

Días perfectos con Koda-San

 

Vista FrontalSi me pidieran definir la genuina felicidad con una palabra, esa sería árbol. Pocas cosas más cotidianas y repetitivas como un árbol. Están ahí, en nuestras calles, desde hace, literalmente, cientos de años, al borde de la invisibilidad pese a su gran tamaño, al húmedo verdor de sus hojas y a las preciosas tonalidades de su corteza. Los árboles, sin embargo, dejan de ser meras presencias cuando un gran dolor te empuja a abrazarlos, a falta de algún conocido que se cruce por allí. Nada se compara con abrazar un árbol, y jamás volverás a verlos igual cuando cedas a la muda invitación implícita en sus brazos abiertos. Nadie nunca lo explicó mejor que la autora japonesa Aya Koda en su libro Árbol.

Nacida en la prefectura de Tokio, el 1 de septiembre de 1904, Aya Koda es una de las novelistas y ensayistas más queridas de su país. Hija, asimismo, de otro novelista, Koda Rohan, quedó huérfana de madre a los cinco años, y tanto ella, como su hermana menor, quedaron a cargo del padre. Lo curioso, en el caso de Rohan, es que, al margen de su producción literaria, breve pero exquisita, su genuina pasión era la botánica, misma que inculcó a sus hijas. Según narra la propia Koda en Árbol (Lumen, México, 2026, traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla), quien a rajatabla compartía la afición del padre, era su hermana menor, Shigetoyo. Parte de la infelicidad de la infancia de Aya consistió en no establecer una conexión tan intensa con la naturaleza como la que unía a su padre y a su hermana. Nunca imaginó, la futura gran escritora, que aquella hermana a la que amaba con todo su corazón, fallecería en plena adolescencia, sumiendo a la pequeña familia en perpetua melancolía. Acaso para aliviar la soledad del padre, que ya no tenía con quien practicar aquellas actividades, Aya se impuso acompañarlo, impregnarse de sus conocimientos. En cierta forma, Árbol, que se publicaría póstumamente, es el fruto de aquella obsesión heredada, si bien, y tal como indica el título, son los árboles los que prevalecen en los afectos de la autora. Para el mundo occidental, el nombre de Aya Koda comenzó a llamar la atención gracias a la preciosa película de Wim Wenders, Días perfectos, filmada en Japón, con un elenco nativo. Su protagonista, el gran actor Koji Yakusho, interpreta a un hombre con uno de los empleos más modestos, limpiador de baños, que no solo realiza dicha actividad con un cuidado casi artesanal, sino que además es un amante de la música y la literatura. Hay una escena en la que su personaje, Hirayama, acude a una librería de segunda mano y adquirir una serie de libros por un dólar, cada uno. Entre ellos destaca Árbol que complace de manera muy especial al protagonista, quien dedica un par de horas diarias a contemplar árboles. En el acto todo mundo quiso leer a la autora que arranca tan entrañable sonrisa a Hirayama, recientemente traducida al español. Aya Koda no tuvo un mínimo contacto con la cultura occidental. Ella misma narra en este libro, que siempre vistió kimono, hasta su muerte acaecida el 30 de octubre de 1990, muchos años antes del estreno de Días perfectos. Árbol es una colección de textos que oscilan entre la crónica poética, el ensayo y la autobiografía, pese a que Koda prioriza su relación con los árboles en cada una. Siendo una mujer de tercera edad ingresa en lugares riesgosos, a los que muchas veces se traslada gracias a hombres fuertes que acarrean la frágil humanidad de la autora sobre las espaldas. Aunque prevalecen la belleza del paisaje y de la prosa, Koda no deja pasar las catástrofes naturales que, si bien le producen una infinita tristeza, le aportan asimismo una importante lección sobre la dignidad y la fuerza de esas criaturas milenarias, los árboles, que además manifiestan emociones y estados de ánimo que ella está perfectamente calificada para leer: “(…) Al Árbol se le notaba alegre, incluso llamativo y, desde luego, no tenía el menor rastro de tristeza ni de melancolía, pero también parecía claro que se había quedado solo (…)”

Aya Koda no fue una autora precoz. Publicó su primer libro a los 43 años, Kuroi suso. Antes de esto, y durante la escritura de una decena de obras, se dedicó al ministerio, trabajando como maestra de niñas; y en algún momento se vio forzada a trabajar como mucama en un local de geishas en Yanagibashi. Es realmente poco lo que se sabe sobre su vida, aunque ella se encarga de llenar bastante huecos a través de Árbol. Es madre de otra importante autora, Tama Aoki. Un personaje del anime Bungou Stray Dogs, que tiene la peculiaridad de honrar escritores, lleva su nombre. + COMPRA EL LIBRO AQUÍ

Texto escrito por Eve Gil 

 

 

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