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¿Y si no tenemos que estar bien todo el tiempo?

¿Y si no tenemos que estar bien todo el tiempo?

Las redes sociales, la industria del bienestar y buena parte de la literatura de autoayuda parecen haber convertido la felicidad en una obligación: hay que estar bien, ser positivo, agradecer, avanzar. Incluso cuando algo se rompe, el mandato es reconstruirse cuanto antes. Contra esa idea de que una vida valiosa es necesariamente una vida luminosa, la filósofa Mariana Alessandri escribe Visión nocturna. Un viaje filosófico a través de las emociones oscuras, un libro que propone algo menos cómodo y, quizá por eso, más humano: dejar de sentir vergüenza por aquello que sentimos.

La idea no nació con la pandemia. Alessandri cuenta que comenzó a pensar el libro desde 2014, cuando la propuesta de explorar emociones como la ira, el duelo, la depresión o la ansiedad parecía ir a contracorriente de una época enamorada del optimismo y el llamado love and light. Años después, el clima social había cambiado. El enojo político, la incertidumbre y finalmente la pandemia abrieron un espacio para hablar de aquello que antes se prefería esconder.

Pero Visión nocturna no es una celebración de la tristeza ni un rechazo simplista de la felicidad. Su verdadero blanco es la presión de tener que estar bien. Alessandri llama la atención sobre esa forma de vergüenza social que nos hace ocultar el duelo, la ansiedad o la depresión para no convertirnos en una carga para los demás. El problema, sugiere, no está únicamente en experimentar emociones difíciles, sino en aprender a interpretarlas como una falla personal.

Ahí aparece una de las ideas más poderosas del libro: no estamos rotos. La autora cuestiona expresiones como “estoy hecho polvo” o “soy un desastre” porque convierten estados emocionales en identidades. Sentir ira no significa ser una persona iracunda; atravesar un duelo no significa convertirse en el duelo. Las emociones pueden formar parte de nuestra experiencia sin definir por completo quiénes somos.

Para construir esta mirada, Alessandri se aleja de una tradición filosófica que, según cuenta, durante su formación le enseñó a desconfiar de las emociones. Frente a Sócrates, Platón o los estoicos, incorpora voces como Miguel de Unamuno, Søren Kierkegaard, Gloria Anzaldúa y María Lugones. Son pensadores que le permiten imaginar una filosofía menos preocupada por dominar lo que sentimos y más interesada en comprenderlo.

La metáfora central es precisamente la oscuridad. En lugar de esperar pasivamente a que salga el sol, Alessandri recupera la caverna de Platón como un espacio donde también puede ocurrir el conocimiento. Hay algo que mirar allí abajo. Incluso puede haber compañía. Las emociones difíciles, lejos de aislarnos necesariamente, pueden convertirse en lugares de encuentro cuando dejamos de juzgarlas y comenzamos a compartirlas.

Por eso el libro mantiene una relación ambigua con la autoayuda: Alessandri reconoce que le gustan esos libros, pero también identifica en ellos una trampa recurrente. Si no consigues sentirte mejor, parece decir el género, quizá no te has esforzado lo suficiente. Visión nocturna propone otra lectura: quizá el problema no sea que no sepamos salir de la oscuridad, sino que nunca nos enseñaron a permanecer en ella sin sentir que hemos fracasado.

Y ahí está la apuesta más interesante de Alessandri: no convertir la oscuridad en un enemigo que debemos derrotar. Tal vez algunas tristezas no necesitan una moraleja, algunos duelos no requieren prisa y ciertas heridas no son pruebas de que algo salió mal. Quizá vivir también consiste en atravesar esos lugares sin pedirles que desaparezcan inmediatamente.

Porque si hemos aprendido durante años a perseguir la luz, Visión nocturna hace una pregunta mucho más incómoda: ¿qué pasaría si, por una vez, dejáramos de escapar de la oscuridad y aprendiéramos a mirar desde ella? Compra el libro aquí

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