Valentina Leduc filma el futuro que aún podemos ganar

Valentina Leduc filma el futuro que aún podemos ganar

Este miércoles 9 de septiembre, la editora convertida en directora presentó en la Cineteca Nacional Los sueños que compartimos, documental situado en un 2050 utópico que mira hacia atrás a victorias reales de comunidades zapatistas, alemanas y gallegas.

La Cineteca Nacional recibió a la prensa para ver Los sueños que compartimos, el documental con el que Valentina Leduc Navarro debutó como directora en Ambulante 2025 y que ahora vuelve a la sala de Xoco. Leduc llegaba con el oficio hecho, aunque del otro lado de la mesa de edición: cuatro premios Ariel y cinco nominaciones respaldan una carrera que aquí apuntó la cámara hacia afuera. La fotografía es de su esposo, Juan Carlos Rulfo, y entre los productores figura su madre, Bertha Navarro: dos apellidos que aquí trabajan del mismo lado de la cámara.

La apuesta es poco común en un momento saturado de ficciones sobre el colapso: Leduc sitúa su relato en un 2050 donde el planeta ya se salvó y desde ahí mira hacia atrás para reconstruir cómo se llegó a ese punto. El hilo real es la gira Por la vida, el viaje que en 2021 hizo por Europa una delegación zapatista. A partir de ahí, la cinta entrelaza tres resistencias filmadas en México, Alemania y España: la defensa del agua de los pueblos cholultecas de Puebla frente a la francesa Bonafont, la ocupación de Lützerath contra la mina de carbón más grande de Europa y la lucha de las familias de Froxán, en Galicia, contra las plantaciones industriales de eucalipto.

De una hora y 40 minutos, con música de Juan Carlos Rulfo y Natalia Pérez Turner, la cinta es resultado de cuatro años de trabajo y ya había ganado el Premio de Estudios Splendor Omnia en Impulso Morelia. Leduc encontró un vínculo incómodo entre sus dos historias europeas: “las historias tanto de Alemania como Galicia me parecieron muy importantes, porque ambas tienen que ver con proyectos iniciados por el fascismo: la mina de carbón la empezó Hitler y la industria papelera, Franco”, contó a La Jornada. No es dato de archivo, insiste la directora: ese mismo pensamiento, el que solo mira ganancias y no gente ni planeta, está regresando.

Lo que Leduc evita es el consuelo fácil. Aclaró, también a La Jornada, que su esperanza no es el pensamiento positivo que esquiva la crisis, sino el que la enfrenta de lleno y desde ahí imagina otro mundo posible. La autonomía zapatista de treinta años, dice, ya demostró que se puede tener salud y educación propias, dejar de vivir como esclavos. La cámara no mira desde afuera: la propia directora estuvo en los desalojos alemanes y en las marchas que filmó.

Que la película regrese hoy a Cineteca Nacional, año y medio después de su estreno mundial, habla de una vida poco común para el documental mexicano reciente: la de una cinta que, como sus tres comunidades protagonistas, no se conforma con ganar una sola vez.