El Hidalgo incómodo de José Luis Trueba Lara, entrevista

El Hidalgo incómodo de José Luis Trueba Lara, entrevista

22 de septiembre de 2021

Irma Gallo

¿Cómo construir una novela histórica, es decir, una ficción, a partir de un personaje de por sí polémico, como Miguel Hidalgo? Ésta es la primera pregunta que surge al entrevistar a José Luis Trueba Lara, escritor y académico, sobre su nueva novela, Hidalgo. La otra historia (Océano, 2021).

—Yo nada más hago novela histórica, y te voy a decir la verdad de por qué. Porque, como nunca se me ocurre nada, y tengo la maldición de la escritura, entonces tengo que recurrir a algunas tretas. De repente, por ejemplo, me topo con un tema que me parece fascinante, y resulta que no termina en nada, termina en un fracaso. Entonces, después de varios años de estar investigando, no te queda más que hacer una novela.

”Hay personajes que obligan a hacerles una novela: Hidalgo es uno, Moctezuma es otro, Malinche es otro, Miramón… digo, por recordar algunos, Ocho Venados, Garra de Jaguar, es otro. En el caso de Hidalgo, cuando se puso de moda, hace 11 años, en el centenario, yo estaba feliz leyendo cosas. Dije: ‘Aquí hay una novela. Pero el único problema es ¿y dónde está la novela?’. El problema era ¿cómo la cuento? Es decir, una novela representa un punto de vista, de entrada: una perspectiva. Y no le hallaba, hasta que un día, revisando el juicio de Allende, me topo con que le empieza a decir “bribón, cabrón, hijo de mala madre”… ¡y es Allende! Su supuesto contrapache, amigo. Entonces dije: ‘Aquí hay algo’. Y comienzo a seguir ese hilo, y descubro que Allende lo quería asesinar; que Hidalgo también quería asesinar a Allende; es decir, que eran una pareja perfecta el uno para el otro. Éste es el punto de vista, porque se trataba de un enemigo dentro de casa.

”El hecho de que fuera Allende, me permitía asomarme a los espacios más oscuros del personaje, tanto de Allende como de Hidalgo. De esa manera lo decidí, y tenía algo a mi favor: como Allende no tiene mucho cartel, es decir, resulta un héroe de segunda fila, ‘de gayola’, como lo quieras decir, existe un territorio casi virgen. Es muy poco lo que sabemos de él. Entonces me daba chance de fabular un poco sobre Allende y, a partir de ahí, ir construyendo más o menos toda la novela”.

Desde el punto de vista elegido por Trueba Lara, o sea, el de Ignacio Allende, el llamado Padre de la Patria no sale nada bien parado, le decimos al autor. Es, como se dice coloquialmente, “un estuche de monerías”.

—Sí, un estuche de monerías. Pero ese estuche de monerías algo de verdad es: cuando vemos el caso de los amoríos del cura Hidalgo, éstos resultan muy notorios. Hay una gran polémica sobre ellos, porque todavía no nos hemos podido poner de acuerdo en cuántas fueron. No sabemos. Pero de que fueron, fueron. También podemos estar seguros de que no dejaba ninguna para comadre; a todas se las pasaba por las armas.

”También es un hecho que, cuando empecé a ver los amores del cura Hidalgo, tenía que recuperar no el amor exacto del cura Hidalgo, eso es imposible de saber, pero sí cómo eran los amores similares. Entonces, esta manera de tratar a las mujeres no creas que era una cosa del curita (que ya era una fichita), sino una moneda de curso corriente. Es decir, piensa que se trata de una época de esclavitud; así que, si yo me quería echar a mi esclava, era como si quisiera lavar el sartén. Perdón que diga algo tan brutal, pero así era. Tengo la impresión de que la mujer como un ser humano es una invención muy reciente en la historia de México. Ha sido un proceso muy largo”.

Además del maltrato a las mujeres, don Miguel Hidalgo y Costilla, tal como lo retrata Allende en la novela, ejerce el poder con sangre en los pueblos y ciudades por donde pasa con su ejército de gente pobre y hambrienta de venganza.

—¡Da terror! Mira, te voy a contar cómo lo fui construyendo. Después de lo que dijo Allende, que ya se vio bastante feo, me hice una segunda pregunta: ¿cómo lo veía la gente en su época? Lo que te puedo decir son dos cosas: la primera, que Hidalgo tuvo un don que tienen pocas personas; logró poner a todos de acuerdo en su contra. No resulta nada fácil. Tú revisas a hombres talentosos; estoy pensando, por ejemplo, en el padre Mier, uno de los padres de la patria (con calle prostibularia hoy), pero el padre Mier escribe el primer libro sobre la independencia cuando todavía están los balazos, y está convencido de que Hidalgo es un matasiete y que lo único que hizo fue alebrestar a la gente para que lo siguiera y cometer una serie de matanzas.

”Carlos María de Bustamante, otro insurgente que anduvo con Morelos, y autor real de escritos como los Sentimientos de la Nación (él escribía los discursos de Morelos, entre otras muchas cosas), en su Historia de la Revolución en México, dice que Hidalgo es un tipejo que toma un estandarte y lo sigue la gente para cometer asesinatos. Pero si ves a Lorenzo de Zavala o ves al doctor Mora o a Lucas Alamán, todos están de acuerdo en que era un terror. Y, si revisas los documentos de la época, te das cuenta de que hasta los que andaban con él piensan lo mismo.

”Es decir, el libro consistió en contar todos estos datos, pero, como en la historia hay muchos hoyos y es como un queso gruyère, lo divertido está en llenar los hoyitos y que vaya rimando; ir creando toda esta trama”.

Una trama que se antoja seguir leyendo, página tras página, para averiguar cómo termina… aunque la historia oficial ya nos haya dado su versión. +

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