Roberto Iván González Vázquez explora la tristeza y el humor negro en Tienda de tristezas
En su nuevo libro, el creador de Los Románticos Pendejos amplía los límites de la viñeta para contar historias sobre el arte, las relaciones y las contradicciones de la vida cotidiana.
La tristeza no siempre llega acompañada de silencio. A veces aparece entre dibujos, situaciones absurdas y un humor ácido que permite mirar de otra manera aquello que resulta difícil de nombrar. En Tienda de tristezas, su nuevo libro, el ilustrador y escritor Roberto Iván González Vázquez explora esa convivencia entre lo melancólico y lo cómico, mientras lleva su trabajo hacia territorios narrativos que hasta ahora había explorado poco.
Con casi nueve años de trayectoria en el proyecto Los Románticos Pendejos, González Vázquez ha construido un universo gráfico que combina sátira, reflexiones y escenas de la vida cotidiana. Sin embargo, este volumen representa un cambio en su manera de contar. Si sus publicaciones anteriores se apoyaban principalmente en viñetas independientes, ahora el autor apuesta por historias que pueden extenderse durante varias páginas y que, en ocasiones, prescinden por completo de las palabras.
«Es un libro que explora más la historia», explica durante una entrevista con Revista Lee+ de Librerías Gandhi. El volumen reúne dibujos, ocurrencias y relatos desarrollados a lo largo de aproximadamente un año, organizados en secciones que no necesariamente mantienen una continuidad argumental. La estructura permite recorrer distintos temas sin exigir una lectura lineal.
El riesgo, en este caso, no consiste únicamente en contar historias más largas, sino en concederle al dibujo un papel narrativo más complejo. González Vázquez reconoce que, durante los primeros años de su proyecto, su principal preocupación era transmitir un mensaje. Ahora busca que la composición visual dialogue con aquello que cuenta. Algunas historias, incluso, se sostienen exclusivamente mediante imágenes.
Su acercamiento al dibujo ha sido, según relata, una combinación de experimentación y aprendizaje autodidacta. Aunque proviene de una familia con tradición pictórica, nunca recibió formación académica en esta disciplina. Antes de desarrollar Los Románticos Pendejos, trabajaba con poesía ilustrada, hasta que encontró en las redes sociales un espacio para experimentar con el humor y la sátira. La evolución de ese proyecto también ha significado pasar del dibujo tradicional al digital y explorar nuevas posibilidades de composición.
En Tienda de tristezas, el proceso creativo se convierte, además, en uno de los asuntos centrales. Una primera sección aborda las dificultades de sostener una práctica artística: crear no significa solamente dibujar, sino también producir mercancía, buscar ingresos y encontrar la manera de financiar el propio trabajo. Después aparecen las relaciones personales, la autocrítica y esa posibilidad de reconocerse como parte de los problemas que uno mismo enfrenta.
Pero ¿qué sucede con el humor cuando el tema es la tristeza? Para el autor, no se trata de una emoción que pueda explicarse fácilmente. Sus significados cambian según las experiencias de cada persona y, por ello, prefiere mantener abiertas las preguntas antes que ofrecer conclusiones definitivas.
El título podría sugerir un recorrido exclusivamente melancólico, aunque el libro también contiene comedia, ironía y reflexiones sobre la vida cotidiana. González Vázquez calcula que apenas una tercera parte del volumen podría clasificarse como triste. El resto transita por diferentes registros, desde las relaciones de pareja hasta las contradicciones personales.
Esa diversidad también permite acercarse al libro de una manera poco convencional: abrirlo en cualquier página, leer una viñeta y regresar después. No existe una secuencia obligatoria que impida disfrutar fragmentos aislados.
Con Tienda de tristezas, Roberto Iván González Vázquez no abandona el humor que ha definido su trayectoria; lo utiliza como punto de partida para ampliar sus posibilidades expresivas. Entre dibujos silenciosos, historias más extensas y situaciones absurdas, el autor propone acercarse a una emoción compleja sin reducirla a una sola interpretación. Porque incluso cuando la tristeza ocupa el centro de la conversación, todavía hay espacio para reírse de uno mismo.+ Compra el libro aquí