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El nombre prestado de Cecilia Belmonte

El nombre prestado de Cecilia Belmonte

María Dueñas presentó en México Por si un día volvemos (Planeta, 2025), la novela de una mujer que huye de la España rural de 1927 con la identidad robada al hombre que abusó de ella.

Cecilia Belmonte no nació con ese nombre, lo robó la noche en que decidió que la única salida era desaparecer. María Dueñas cuenta la escena: “ella sufre una situación de violencia: la viola un desconocido, un tipo que va de paso, en su propia casa. En defensa propia lo mata y, al ser consciente de lo que ha hecho, decide que tiene que huir, porque nadie la va a proteger, nadie la va a escuchar”. Al día siguiente le roba al muerto sus papeles: el hombre se llamaba Cecilio, ella lo convierte en Cecilia y cruza el Mediterráneo hacia Orán sin mirar atrás.

Es la premisa de Por si un día volvemos (Planeta, 2025), sexta novela de Dueñas, doctora en Filología Inglesa que debutó en la ficción en 2009, tras veinte años de universidad, con El tiempo entre costuras. Aquella novela, adaptada por Antena 3, la volvió una de las autoras españolas más leídas de las últimas dos décadas, traducida a más de treinta y cinco idiomas.

Lo curioso del nombre prestado es que la autora no lo convierte en carga simbólica. “Nunca sabremos cómo se llama, de verdad. Tampoco nos importa tanto, porque para nosotros su vida empieza ahí, cuando tiene unos 17 años y abandona ese mundo mísero del que viene”. Nada de culpa retroactiva, nada de fantasmas: Cecilia es, desde la primera página, la identidad que ella construyó.

Orán, la ciudad argelina donde recala, funciona casi como un personaje más. Ahí emigraron miles de españoles del sureste peninsular, un episodio que Dueñas describe como “muy poco tratado por la literatura, muy desconocido en España, muy conocido en Francia”. La guerra de independencia argelina y el éxodo posterior de la comunidad que llegó a llamarse pieds noirs cerraron esa historia de golpe. “Me parecía que era un universo, unas circunstancias muy interesantes para ser noveladas y para, a través de la ficción, llevarlas a un conocimiento más amplio”.

Para reconstruirlo, Dueñas dice haber evitado el atajo obvio. “La Wikipedia, los artículos de prensa, todo está ahí, pero no es eso lo que a mí me interesa. Yo quería irme a la vida de las gentes que estuvieron ahí de verdad”. Localizó a sobrevivientes que salieron de Argelia a partir de 1962: un hombre de más de noventa años que participó en atentados de la OAS, el grupo que se opuso por la fuerza a la independencia, y familias que “montan una pequeña empresa, la empresa va creciendo, se consolida y de pronto, de la noche a la mañana, tienen que dejarlo todo”; ese despojo repentino termina siéndole propio a Cecilia.

Narrar treinta años de un mismo personaje en primera persona fue, dice Dueñas, el reto mayor del libro. La Cecilia analfabeta que llega de un pueblo que la autora bautiza como “el puntarrón” no habla igual que la empresaria en que se convierte, y esa evolución debía notarse en el idioma. Ahí entra también el desgaste generacional de la propia colonia española en Orán: “las abuelas que no aprendían nunca francés… pero ya los nietos, de español, ya se entienden a duras penas”.

Su formación académica, dice, se filtra sin que ella lo busque: “yo no soy historiadora, soy filóloga… eso de trabajar tanto tiempo con escritura académica, donde te quedas solo con lo imprescindible, lo aplico también. Hay veces que me pediría desarrollar cualquier pequeño episodio y yo eso lo limo, lo limo, hasta quedarme con lo imprescindible”.

Muchos de los que inspiraron su historia terminaron quedándose en los lugares que ella visitó. La última línea de la novela, la que le da título, lo dice mejor que cualquier resumen: “míralo todo, llévatelo todo en la memoria, por si un día volvemos”.

 

Este libro es para quien alguna vez soñó con empezar de cero y quiere ver una vida que, para su propia protagonista, comienza cuando abandona un mundo terrible.

 

 

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