Cuando habla el harén

“Llamar a la mujer el sexo débil es una calumnia; es la injusticia del hombre hacia la mujer”. Mahatma Gandhi

“¿Qué sucede con los sentimientos del hombre cuando la belleza femenina es una imagen fabricada por él mismo?”. Fatema Mernissi, El harén en Occidente

Todo nuestro mundo es una serie de construcciones acordadas entre individuos, delimitaciones que se hacen a veces a partir del miedo. El autoconocimiento parte de la expansión del mundo conocido, del encuentro con el otro, que termina siendo uno mismo. Crear nuevos mundos a veces supone exponer lo contrario de éste, es decir, creándolos por medio de la negación del otro. La creación del mundo mediante la palabra implica la invención de historias, y encarna una relación de poder ante el oyente. Entonces, tal vez el mundo occidental ha construido sus mitos y leyendas a partir de la negación de la mujer fuerte, libre y autónoma. La ambivalencia de la mirada hacia las mujeres en Oriente supone un reto y una paradoja.

En el siglo xix en Europa, donde las expediciones eran fuente de ingresos y confirmaban el poderío que se imponía sobre Oriente, el libro Las mil y una noches causó gran impacto. Se tradujo por primera vez en 1704, con versión al francés de Antoine Galland; esa traducción era apenas una reinterpretación, un texto expurgado de los adulterios y hechos sanginarios que abundan en el libro. La traducción de Richard Burton, Arabian Nights, de 1886, alcanzó gran popularidad al incluir fragmentos eróticos, lo que también evitó que fuese leído por las mujeres.

La audiencia occidental que descubrió y describió al harén a partir de Las mil y una noches tuvo una versión editada y reducida de su complejidad. La traducción de Richard Burton apenas rescató las escenas eróticas, pero no logró traducir el poder y respeto que tenían las mujeres en la sociedad islámica. En una sociedad europea que fomentaba la aventura, la conquista, el dominio del “civilizado” sobre el “salvaje” y del poder masculino, fue natural que en el libro desapareciera el discurso femenino e incluso el diálogo entre géneros, en el que destacan héroes como Simbad, Aladino y Alí Babá. Historias que se adoptaron en el imaginario occidental.

El harén designa la institución familiar en la sociedad islámica; un espacio privado en el que las mujeres viven enclaustradas y alejadas de la vida pública. El orientalismo ha sido constante en muchos artistas que han construido versiones idílicas del harén, como en las pinturas: Mujeres turcas en el baño (1854), de Delacroix, el único artista que visitó un harén para hacer apuntes que reflejó posteriormente en su obra; Baño Turco (1862), de Ingres; En el jardín de Bey (1865), de John Frederick Lewis, u Odalisca con pantalón rojo (1921), de Henri Matisse. Las fantasías de los hombres de Oriente se centraban en mujeres como Sherezada, que luchaba por su li
bertad con un arsenal de narraciones como arma; o Schirín, la heroína persa que atravesaba continentes a caballo.

Fatema Mernissi (1940-2015), Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003, fue cronista y corresponsal de una guerra librada fuera de los campos de batalla entre naciones, culturas, ideologías y géneros. Fatema Mernissi decidió enfrentar el miedo a salir de los límites impuestos por la tradición sobre las mujeres de su núcleo social. Nacida en un harén en Fez, la escritora y profesora de sociología marroquí fue una de las voces más relevantes de la intelectualidad en el mundo islámico. Su posición es invaluable, ya que pertenecía a una familia acomodada, dueña de grandes extensiones de tierra y fiel a las tradiciones. Fatema dedicó su vida entera a identificar fronteras y a romperlas. En su libro Sueños en el umbral (Ediciones B) narra desde adentro las jerarquías y leyes que aparentemente distan de nuestra realidad, y sólo permean algunas naciones en Oriente Medio. Sin embargo, se asemeja a nuestras sociedades machistas en las que se oprimen los comportamientos y predomina la falta de empoderamiento. El harén equivaldría a las relaciones patriarcales en las que las mujeres no toman decisiones o están confinadas al espacio privado, en pleno siglo xxi y en nuestra América Latina.

Mernissi también describe un harén que fue refugio, protección, familia y escuela en la que aprendió a narrar, y las palabras había que rumiarlas con la boca cerrada, según su madre, pero que enlazadas de forma inteligente podían salvar a quien las usaba, como a Sherezada. Palabras que unieron a ambas en la misión de liberarse y redimirse mediante el diálogo, en una sociedad cuyas fronteras pueden saltarse con el uso de las voces, calladas en un principio por la tradición, pero vivas por medio de generaciones de mujeres que luchan por la libertad en todos los sentidos, que arriesgan y exponen sus pensamientos íntimos y rebeldes, reivindicados en sus historias.

Las palabras de Mernissi rompen una frontera de tiempo y espacio, para llegar hasta nuestros días y fomentar un mayor diálogo, con el objetivo de que la narración no cese, dando voz a historias renovadas, subiendo el tono a las discusiones, y conduciéndonos a las siguientes miles de Sherezadas a despertar y que alcemos la voz. Foucault dijo que “todas las instituciones sociales tienen su contrapoder y su resistencia”, así sucede también con el harén. ¿De qué tamaño es el tuyo?

Por Yara Sánchez De La Barquera

MasCultura 21-mar-17

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