Cómo entrarle a Anne Carson (sin pedirle permiso a Safo)

Cómo entrarle a Anne Carson (sin pedirle permiso a Safo)

 

La canadiense ganó el Nobel de Literatura el 8 de octubre. Aquí va un mapa con varias puertas, alguna ventana y un par de rendijas para leer a la helenista que trata a los griegos como compañeros de juego.

A Anne Carson la encontraron en Islandia; Ingrid Carlberg, secretaria de la Academia Sueca, contó que la poeta andaba escuchando el viento cuando por fin dieron con ella, y la escena parece escrita por la propia Carson: una helenista canadiense de 76 años, en una isla del Atlántico Norte, recibiendo por teléfono el premio más solemne de las letras mientras el aire hacía lo suyo. La Academia le otorgó el Nobel de Literatura 2026 por una obra audaz e inventiva que, según el fallo, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea “en diálogo lúdico con la tradición clásica”. Subraya esa palabra, lúdico; es la llave de casi todo lo que sigue.

Un año después de premiar las frases interminables de László Krasznahorkai, Estocolmo se fue al extremo contrario y eligió a la autora de los huecos, los corchetes y las cajas. Carson es la decimonovena mujer que recibe el premio, y llega con una fama incómoda: la de escritora que todos respetan y pocos se animan a abrir. La ficha intimida, hay que admitirlo; Doctorado en Lenguas Clásicas por la Universidad de Toronto con una tesis sobre Safo, décadas de cátedra en McGill, Princeton y Michigan, traducciones de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Uno se imagina a una señora capaz de corregirte el acento del griego antes de darte los buenos días.

Luego abres cualquiera de sus libros y te topas con un libreto de ópera, un tango, una lista de pendientes, un guion para la pantalla, o con una caja. Sí, una caja. ¿Esto es suficiente para invitar al lector a acercarse a la obra de Carson?Lo que sigue es un intento de dejar algunas vías ninguna obligatoria ni mucho menos definitiva, para hacerlo ; Carson, que jamás ha respetado el orden de nada, sería la primera en aprobar que lo leas salteado.

El corazón roto

La entrada más amable es La belleza del marido, que en inglés ganó el Premio T. S. Eliot en 2001 y que fue, además, el primer libro suyo publicado en España, en Lumen y con traducción de Ana Becciu. El subtítulo avisa ya el juego: un ensayo narrativo en veintinueve tangos. Cuenta el naufragio de un matrimonio con la voz de una mujer que no termina de desenamorarse de un marido guapo y bastante insoportable si me preguntan. Cada tango abre con unas líneas de John Keats, que aquí hace de coro griego con patillas de romántico inglés. Dolor doméstico con aparato filológico: así suena Carson cuando está triste.

Si te defiendes en inglés, el siguiente paso es The Glass Essay, el largo poema incluido en Glass, Irony and God (1995). Una mujer recién abandonada visita a su madre, relee a Emily Brontë y tiene unas visiones que llama desnudos. Pocas veces una ruptura se ha escrito con tanta frialdad en la superficie y tanto calor por debajo. Yo lo recetaría para la semana posterior a que te dejaron en visto.

Un monstruo rojo con alas

La puerta grande, la que el Nobel va a poner en todas las mesas de novedades, es Autobiografía de rojo, de 1998, que en español circula en la traducción de Jordi Doce para Pre-Textos. El punto de partida es un poema del griego Estesícoro del que sobreviven pedazos: el de Gerión, monstruo rojo y alado al que Heracles mata para quedarse con su ganado. Carson hace con eso algo muy suyo. Convierte a Gerión en un muchacho tímido, rojo y con alas, aficionado a la fotografía, que se enamora de un Heracles adolescente, encantador e irresponsable. Lo demás es una novela en verso sobre crecer, sobre que te rompan el corazón y sobre reencontrarte años después con el culpable, ya de viaje por Sudamérica. Tiene la rara virtud de ser tierno sin volverse cursi.

Piensa ahora en una película de Xavier Dolan con guion de un filólogo insomne. Antes del romance hay un ensayo sobre Estesícoro, sus fragmentos traducidos y unos apéndices; al final, una entrevista imaginaria con el poeta griego. Todo eso funciona como un pequeño número de cabaret erudito, y no necesitas saber nada de la Grecia arcaica para disfrutarlo, porque Carson te da lo indispensable y luego te suelta la mano. Quince años después llegó la secuela, Red Doc>, con el signo de “mayor que” metido en el título. Porque claro que sí.

Safo en pedazos

Aquí entra la Carson traductora, que es la misma, pero con otro sombrero. En Si no, el invierno, que Vaso Roto publicó con traducción de Aurora Luque, reunió los fragmentos de Safo, la poeta de Lesbos de la que sobrevivió completo un solo poema. El resto son trizas de papiro, citas al vuelo de gramáticos antiguos, palabras sueltas. Carson tomó una decisión que no a todos convenció: marcar con corchetes los lugares donde el texto se rompe y dejar el blanco a la vista. El crítico Daniel Mendelsohn le reprochó que se recargara tanto en el espacio vacío. A mí me parece lo mejor del libro. Leer esos fragmentos se parece a revisar un chat del que alguien borró la mitad de los mensajes: sabes que ahí hubo deseo, celos, alguna despedida, y te toca imaginar el resto.

Si te pica la curiosidad teórica, Eros, dulce y amargo (Lumen) es su primer libro, salido de aquella tesis. Parte de la palabra con la que Safo describió el amor, algo así como dulceamargo, y desde ahí arma una teoría del deseo como carencia: queremos lo que no tenemos, y el día que lo tenemos ya no sabemos muy bien qué hacer con ello. De paso se da tiempo de meter el origen del alfabeto en la conversación, como quien saca el tema más improbable a media cena y lo vuelve el mejor momento de la noche. Es un ensayo académico que se lee como una sobremesa con alguien que sabe demasiado y no se da importancia.

La caja

Nox es otra cosa, y conviene llegar a él con el ánimo dispuesto. En 2000 murió en Copenhague Michael Carson, el hermano de la autora, que llevaba años lejos de la familia. Ella armó entonces un cuaderno a mano con fotos, cartas, recortes y su traducción del poema 101 de Catulo, el que el latino escribió a su propio hermano muerto, desmontado palabra por palabra en entradas de diccionario. Nox es el facsímil de ese cuaderno: una sola hoja larguísima, plegada como acordeón y guardada en una caja. Vaso Roto lo editó en español con traducción de Jeannette L. Clariond. Leerlo en el metro sería un error logístico; hay que desplegarlo sobre una mesa, despacio, como quien abre un álbum familiar que nadie se atrevía a tocar.

Esa lógica de objeto la llevó más lejos en Float (2016), una caja transparente con veintidós cuadernillos que se leen en el orden que se te antoje. Adentro hay ensayos, conferencias para ser actuadas, una versión desquiciada de Eurípides y hasta un coro de varias Gertrude Stein. Es lo más parecido que tiene la poesía a poner una playlist en modo aleatorio. Decreación, también en Vaso Roto, toma de Simone Weil la idea de deshacer el yo y la vuelve poemas, ensayos y un libreto de ópera.

Diez minutos

¿Poco tiempo? Short Talks, de 1992, fue su primer libro de poemas y salió en una pequeña editorial canadiense, Brick Books. Son prosas de unas cuantas líneas, cada una anunciada como una charla breve sobre algún asunto, que prometen una conferencia y entregan un relámpago. Parecen las mejores publicaciones de una red social que todavía no existía, y ojalá alguna editorial en español se anime a traerlas ahora que la autora está en boca de todos.

Fuera de la página

Hay una Carson que no cabe en el libro. Ha trabajado con la Merce Cunningham Dance Company, con Laurie Anderson y con Lou Reed, y sus versiones de tragedias tienen más timing de comedia que solemnidad de aula. Antigonick, su Antígona de 2012, trae el texto escrito a mano sobre la página y dibujos de Bianca Stone en hojas translúcidas que se le enciman. Si la tragedia griega te da pereza, ese es tu atajo: se lee como una novela gráfica que alguien olvidó terminar de pasar en limpio.

Una advertencia antes de correr a la librería: no necesitas saber griego ni haber leído a Homero. Carson escribe con notas al pie, sí, pero también con el humor seco de alguien que creció entre pueblos chicos de Ontario y aprendió a reírse de la solemnidad desde lejos. Sus libros premian al lector distraído tanto como al erudito; el primero se lleva una imagen que no se le despega, el segundo una broma escondida en un aoristo. Lo único que piden es paciencia con el desconcierto. Habrá páginas que no entiendas a la primera, cosa que lleva pasando con Safo desde hace veintiséis siglos sin que nadie deje de leerla.

La ceremonia será el 10 de diciembre en Estocolmo. Mi consejo para antes es no leerla en orden ni con prisa. Agarra el libro que más te intrigue, ábrelo en cualquier página y deja que el desconcierto trabaje. Y si alguien te pregunta por dónde empezar con Anne Carson, contesta como lo haría un fragmento de Safo: [      ].

Texto de Herles Velasco Ruvalcaba

 

 

Compra los libros aquí

Portada del libro Decreación de Anne Carson, con un diseño que sugiere la disolución de formas y el ISBN 9786079558079.  Vista Frontal Vista Frontal      Vista Frontal

 

 

 

Te invitamos a leer nuestra revista del mes