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De la rabia a la energía creativa. Entrevista a Bernardine Evaristo

De la rabia a la energía creativa. Entrevista a Bernardine Evaristo

Yara Vidal

Bernardine Evaristo saltó a la fama universal cuando ganó el Premio Booker 2019 con la novela Mujer, niña, otras. Ella se convirtió en la primera autora afrodescendiente en obtener este reconocimiento. En su libro más reciente, Manifiesto sobre cómo no rendirse, la autora británica nos acerca al relato de su propia vida, desde una infancia atravesada por el racismo hasta su decisión de no rendirse ante ese sistema. Bernardine explora su adolescencia entre hogares temporales y grupos de teatro, su juventud y adultez marcadas por diversos amores y desencuentros, su activismo y su apuesta por el arte. Este maravilloso libro logra relacionarse con temas que nos mueven a todos, especialmente a aquellas personas que se reconocen en la periferia, en los márgenes de lo que se considera aceptable. Tuvimos el honor de charlar con esta escritora y preguntarle por sus obras y sobre cómo no rendirnos.

Me gustaría hablar sobre Mujer, niña, otras, todo un experimento de fusión ficcional que se refleja en una escritura de flujo libre. De alguna manera, esta novela también es poesía. ¿Podrías contarnos un poco más sobre cómo llegaste a esa forma de escribir?

Realmente la forma comenzó cuando escribía teatro, porque siempre estaba creando poesía dramática en verso. Me fascinaban las formas líricas para contar historias en el teatro, sólo para explorar y experimentar. Mis dos primeros libros fueron novelas en verso, muy claramente contadas a través de la poesía. Y luego seguí experimentando, utilizando la poesía de diferentes maneras, mezclándola con la ficción en la mayoría de mis libros, hasta llegar a mi novela Mr. Loverman; en ese libro hay secciones que utilizan una versión de la forma de fusión que se encuentra en Mujer, niña, otras. Y me encantó escribirlo porque, al quitar los puntos y tener una experiencia de escritura fluida, que se convierte en una experiencia de lectura fluida, se volvió mucho más fácil. La falta de punto y el uso de esa forma en la página, que parece poesía, pero no lo es del todo, fueron muy liberadores para mí. No creo que hubiera podido ahondar en Mujer, niña, otras de la forma en que lo hice si no hubiera utilizado esa estructura. Creo que se habría leído como una serie de cuentos, porque conviven muchas historias cortas, pero al mismo tiempo, con un patrón definido.

Es como en el océano, las mismas olas juntas, ¿no?

Sí. Así que todos fluyen entre sí. Y cuando lo estaba escribiendo, no estaba pensando en cuentos. Estaba pensando en una gran novela, en la que cada personaje tendría su sección. Y de esa forma en la que casi sientes que estás fluyendo junto a su subconsciente.

Se experimenta como un flujo de pensamientos, mientras te desplazas de un personaje a otro y a otro. Sentí que nos tomabas de la mano, como si estuviéramos juntos experimentando de una manera mucho más profunda las historias de estas doce mujeres. Sentí como si se tratara de un abrazo.

He dado cientos de entrevistas y eso nunca antes me lo habían dicho. ¡Qué respuesta tan interesante! Pero creo que lo que pasa con esa forma es que logra que el lenguaje no sea una barrera para el lector, Puede sonar extraño, ¡pero es como si ocurriera algo mágico! Y como el idioma no representa una barrera, es casi como si tú, el lector, estuvieras muy cerca de las historias.

Es una experiencia increíble. ¡Espero que los demás lectores puedan sentirlo también! Me parece una respuesta a este lenguaje hecho por el imperialismo, por hombres blancos que quieren que usemos sus métodos.

Sí, pero ésta es la forma en que vamos a cantar. Y ésta es una canción sobre mujeres. Y éste es mi ritmo y el ritmo de ellos y todos nuestros ritmos. Tienes razón, hay personas que creen que al contar o escribir una novela debemos seguir ciertas reglas. Además, resulta necesario ser flexibles y creativos. Y hay ciertas reglas de lenguaje y forma que tenemos que seguir. Siempre he sentido la necesidad de romper las reglas, porque no fueron creadas para mí. No encajo en las reglas. Por esto, para algunas personas, Mujer, niña, otras es algo fuera de lo común. Dicen “¿dónde está la trama?”, “¿cómo hago para saber cuándo terminar o empezar una frase?”. Sólo tienes que hacerlo, tienes que dejarte llevar por la corriente y ya está.

Estaba pensando que cuando un artista crea algo así, resuena en nuestra mente inconsciente y de alguna manera nos conectamos y somos capaces de romper barreras juntos. Me vino a la mente cómo Finnegan’s Wake, en la época de James Joyce, logró establecer sus propias reglas.

¡Exacto! ¿Por qué no podríamos nosotros como autores poner nuestras propias reglas? Para mí este libro, Mujer, niña, otras es un texto radical, experimental e inclusivo. Y rompe todas las reglas. Pero, una vez que ganó el Premio Booker, llegó a un público más amplio que el que normalmente se sentiría atraído por mi trabajo y se difundió por todo el mundo. Se ha distribuido en más de 40 países y traducido a 40 idiomas. He estado viajando por todo el mundo y la gente se conecta con él, ¿sabes? Especialmente mujeres de todo el mundo. Siempre me sorprende, porque hay algo en el hecho de que este libro haya desafiado las normas que hizo que la gente pueda conectar con él de muchas maneras diferentes, aunque no sean mujeres negras británicas. Me parece realmente fascinante.

Sí, porque te conectas con otras personas, otras mujeres y hombres que también reconocen su propia esclavitud en la vida cotidiana, ya sea con su familia, institución o gobierno.

Exactamente. Así es. Algunas personas reducen el libro al tema de la identidad. No estoy de acuerdo porque siempre etiquetan mi trabajo como literatura de mujeres negras. Pero yo les digo “no, el libro trata de muchas cosas”. Simplemente no pueden verlo. Ya sabes, se trata de la familia, de madres e hijas. Entre los personajes, ocho son madres e hijas, y luego hay muchas otras mujeres que no son las protagonistas, además de todos estos vínculos diferentes, todas estas personas y su relación con el trabajo también. Existen muchas capas que son universales, ¿sabes? Van más allá de la raza. Aunque en mi libro la mayoría de los personajes son afrodescendientes.

Ahora que hablamos de madres, ¿crees que la relación entre una madre y su hijo es como el primer espacio seguro que tenemos? Es como si se tratara del país de origen, con sus propias leyes.

Sí. Para mí fue algo natural, porque escribía con frecuencia sobre mujeres y niños. Y me centré en los personajes femeninos; entonces, simplemente sucedió sin que yo lo planeara. Cuando me senté a escribir el libro, no pensé en tener todas estas madres con hijas. Además, conforme los personajes envejecían, se presentaron varias generaciones de mujeres en la misma familia, incluyendo madres e hijas. Cuando hablamos de este primer espacio seguro con las madres, pues, depende de la madre, ¿no?

Lo sé. En mi caso, mi abuela y mi mamá no se llevaban bien. Y siempre estamos tratando de reescribir la historia de cómo fue para vivir de manera más segura en este mundo. Tienes que cambiar la historia. Mi abuela no recibió el amor que merecía. Y eso te ata al dolor, al caos. 

Sí, quiero decir, creo que una de las cosas que hice en el libro fue manejar muchos tipos diferentes de relaciones. Quería presentar una verdadera variedad de relaciones y personajes. Creo que las relaciones entre madres e hijas de diferentes generaciones resultan fascinantes y no se exploran lo suficiente en la ficción. Para mí fue muy emocionante darme cuenta de que eso era lo que estaba sucediendo, ¿sabes? Que la historia de madre e hija se volvía tan poderosa.

¿Crees que alguien ha mostrado interés o tú misma has considerado convertir esta historia en una película, obra de teatro o algo similar? Porque da la sensación de un universo perfectamente completo; parece que se podrían explorar otros formatos.

¡Sí! Ya sabes, cuando algo está en proceso, no se puede hablar de ello. Lo único que puedo decir es que las cosas están en desarrollo.

Claro, me alegra escuchar eso. Enviamos buenas vibras y bendiciones para todo lo que viene. Quisiera cambiar un poco de tema y hablar sobre Manifiesto: sobre cómo no rendirse. Me hizo pensar que la ira es una forma de energía cuando somos más jóvenes. En el libro hablas de tu yo más joven. Dices que la persona en la que te has convertido ya no tira piedras a la fortaleza.

Ya no tiro piedras a la fortaleza porque ahora estoy dentro de ella. Tienes que entrar para hacer los cambios. ¿Sabes?, la rabia es una emoción muy poderosa. En el Manifiesto digo que, si no la dejas ir, te inmolarás a ti misma. Te quemarás. Recuerdo que estaba en mi adolescencia tardía, a principios de los veinte, y mi energía estaba alimentada por la ira, porque yo estaba despertando a la realidad de una sociedad desigual en la que crecí como una chica afrodescendiente. Y me habían tratado de manera diferente por mi género, mi color de piel, la clase… Se trató de un despertar para mí, en el que me di cuenta de cómo funcionaba la sociedad blanca. Y fue realmente importante estar enojada al respecto porque me impulsó. Me hizo querer hacer algo para solucionarlo. Y lo hice: canalizé esa rabia en mi creatividad, escribiendo obras dramáticas y formando una compañía teatral. Pero después, con el paso de los años, no puedes seguir aferrándote a la ira porque te consumirá. Ya no siento mucha rabia por las cosas. Me calmo a mí misma cuando siento enojo. Ahora soy más lógica, racional y filosófica en mi forma de ver el mundo, y tengo una cantidad fenomenal de energía. He ido cultivando esta energía durante décadas, y me permite hacer lo que hago y estar dentro de la fortaleza para poder hacer cambios desde adentro y tanto como sea posible.

Es una posición realmente poderosa. Pero al mismo tiempo, necesitamos gente fuera de la fortaleza lanzando piedras, metafóricamente hablando.

Claro, necesitamos gente que proteste de manera muy vocal siempre, siempre. Pero es importante hacerlo con sabiduría y sin desmerecer lo que se está criticando. No se trata simplemente de tirar pintura sobre el arte.

Absolutamente. Muchísimas gracias, Bernardine. Aprecio mucho este tiempo y estoy aún más agradecida por poder hablar contigo y saludarte. Y sigo leyéndote, ¿sabes?

Ésta ha sido una entrevista realmente encantadora. Gracias.+