Sinfonía para corazones extraviados

Sinfonía para corazones extraviados

13 de enero 2023

Por Ana Clavel

Un poeta español refugiado de la guerra civil y una joven regiomontana con un corazón fuera de lugar cruzan sus caminos en esta novela. Él, Pedro Garfias, quien por derecho propio debió pertenecer a la afamada generación del 27. Ella, la narradora que atisba con imaginación creadora el mundo del poeta en horizontes lejanos del destierro hasta asentarse en tierras regias.

Un encuentro que no tuvo lugar en la realidad (Garfias murió en 1967; María de Alva se encontró con su memoria perdida en el Monterrey de los ochenta) es posible gracias a la reconstrucción de un pulso vital que los une con el delgado hilo rojo del destino: ese hilo que, según la leyenda oriental, conecta de manera ineludible a los corazones que están destinados a encontrarse, incluso más allá del tiempo y del espacio. Precisamente, la condición médica con que nació la autora, en la que el corazón no se encuentra en el sitio habitual ―conocida como dextrocardia― permite entramar una sutil metáfora de corazones extraviados que siempre están buscando su lugar, como diría Hölderlin, “en las sombras o aquí”: el del poeta refugiado por el destino de la guerra y luego por la devastación emocional que lo orilla al alcoholismo, y el de la propia María de Alva, en lucha por aquietarse más allá de arritmias y desequilibrios mortales.

La marginalidad, el desarraigo, el temor al fracaso y al olvido nos son revelados desde el horizonte de hechos de la vida del poeta, pero también desde el oleaje de una poética de la interioridad, que la autora traza con maestría en una estructura en cinco latidos que persisten y se repiten en una sinfonía vital. En “Observaciones que a nadie le importan”, descubrimos una suerte de mirada ensayística y filosófica sobre la existencia y sus pérdidas, así como información varia e intermitente, con atisbos lúdicos y saltarines, sobre las paradojas de un corazón fuera de lugar.

La sección “Fantasmas” da cuenta de la búsqueda de una ciudad de Monterrey en una década del pasado siglo, ya sólo presente en la memoria y en algunas fachadas que se han resistido a la gentrificación. Ahí, entre esas ruinas que sobreviven al olvido, aparece como un faro de luz y sabiduría la antigua librería Cosmos, una pequeña Alejandría del conocimiento en una ciudad arisca a los libros y la cultura. Justamente, en uno de sus pisos superiores, se refugió un Pedro Garfias envejecido y enfermo, que escribió y lamentó poemas y soledades. También un posible diario que la autora recupera para el mundo de la ficción.

Se trata del tercer pulso que estructura la novela, uno que viene precedido de versos del poeta español que dan testimonio de cómo “palpitaba a su oído el corazón del mundo”, de su sensibilidad temprana y gusto por los libros en medio de una familia tradicional y escasa de recursos, que siempre buscará que se convierta en un hombre de bien, productivo y formal. De sus incursiones al Madrid de los años veinte; sus correrías con poetas y artistas que después alcanzarán renombre mundial (García Lorca, Buñuel, Dalí,), y de personajes transgresores como las sinsombrero, mujeres artistas que cometían el pecado de descubrirse y andar sin sombrero en un Madrid estrecho y conservador, que las abucheaba y se escandalizaba por tal desacato. Primeras peripecias de una vida fuera de los cánones que muy pronto tendrá que ceñirse a la nueva realidad de la guerra, del destierro, de las obligaciones y responsabilidades de la vida adulta en el extranjero. Contado en una primera voz narrativa, el tono confesional de este diario es una oleada de brillante emotividad contenida, perfectamente verosímil por el trabajo de interiorización y fidelidad a la mirada del poeta.

El cuarto y quinto latidos que entretejen este tejido sanguíneo novelesco son los denominados “El mar” y “Corazones”. Es precisamente en los textos marítimos y de corazón a corazón en los que la autora asimila, como si se tratase de una transfusión poética, el ritmo y la belleza de imágenes para dar cuenta de esa interioridad entre dos orillas: dos pertenencias y ausencias que dibujan mejor los abismos del vacío existencial de quienes tienen que emigrar, de los temores del desarraigo, pero también de la vulnerabilidad de sentirse perdido, como una falla fatal e ineludible del corazón humano, eterno refugiado de un paraíso primordial. Sea éste un órgano aparentemente sano, como el del poeta Garfias —pero con distrofias y síndromes de alta sensibilidad— o uno situado anatómicamente fuera de su sitio habitual —como en la dextrocardia de la narradora—, cargado de arritmias, ansiedades y fragilidad, pero también de la capacidad para latir y resonar al ritmo de una empatía contagiosa.

Intermitentes y reveladoras fotografías revelan la búsqueda de un corazón por otro. Más allá del documento histórico o el informe médico, se trata de la recreación en clave poética del extravío como condición humana. Si la novela a cinco pulsos de María de Alva se vuelve entrañable es porque en esa indagatoria percibimos también nuestra propia anomalía de corazones siempre extraviados y, sólo a veces, en algunos momentos como en la lectura gozosa, corazones reconciliados. 

Un corazón extraviado
Autor: María de Alva
Editorial: HarperCollins México

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