Dormir también es un acto de amor: Francisco Cornejo y la historia detrás de Storybook
¿Qué pasa cuando la hora de dormir deja de ser una batalla y se convierte en un momento de conexión? Esa pregunta está en el origen de Storybook, el proyecto creado por Francisco Cornejo para ayudar a las familias a recuperar algo que parece cada vez más escaso: tiempo de calidad entre padres e hijos.
Esa es, en esencia, la apuesta detrás de Storybook, una aplicación que nació de una experiencia familiar y que ahora busca convertirse también en una colección de libros físicos. Su objetivo no es entretener a los niños mientras los adultos hacen otra cosa, sino crear unos minutos de conexión antes de dormir: un pequeño ritual capaz de fortalecer el vínculo familiar y ayudar a los más pequeños a relajarse.
La historia comenzó lejos de las oficinas de tecnología y mucho más cerca de una familia en crisis. Cornejo y su esposa, Daniela, son originarios de Ecuador y se mudaron a Australia cuando sus hijos tenían apenas tres y un año. El cambio significó dejar atrás un país, un idioma, amigos y rutinas. La familia atravesó un periodo de ansiedad y estrés que, en aquel momento, no sabía cómo interpretar.
“Nosotros, por incompetentes, llegamos a la necesidad de Storybook”, cuenta Cornejo. “Nadie estudia para ser papá. Papás y mamás nos toca ir aprendiendo en el camino”.
La ansiedad de sus hijos comenzó a manifestarse principalmente durante las noches. Los problemas para dormir fueron una señal de que algo no estaba funcionando. En la búsqueda de respuestas, la pareja se encontró con conceptos relacionados con el apego seguro, la conexión emocional, la psicología y la crianza consciente.
Daniela comenzó entonces a transformar la rutina nocturna. Abrazos, caricias, palabras de afecto y tiempo compartido se convirtieron en parte de un ritual que poco a poco modificó la dinámica familiar. Además, estudió masaje infantil y se convirtió en instructora certificada. Antes de dormir, daba masajes a sus hijos mientras les contaba historias que inventaba especialmente para ellos.
Las historias estaban acompañadas de movimientos. Si aparecía la lluvia, sus dedos recorrían suavemente la cabeza de los niños; si el relato hablaba de otro paisaje, el masaje cambiaba. Lo que comenzó como una estrategia para relajarlos terminó revelando algo más importante: los niños no sólo estaban escuchando un cuento. Estaban sintiendo el amor de su madre.
“Entendimos que no era solamente el masaje relajante ni que la historia fuera entretenida. Los niños realmente estaban sintiendo el amor de su madre con las palabras que ella les compartía y con el afecto físico que les daba”.
De esa experiencia nació Storybook, lanzada en 2020 y convertida rápidamente en una aplicación de alcance internacional. Hoy está disponible en cinco idiomas —español, inglés, japonés, árabe y portugués— y tiene presencia en alrededor de 90 países.
Pero la tecnología no es el centro de la propuesta. De hecho, uno de los aspectos más particulares de Storybook es que busca precisamente alejar a los niños de la pantalla.
La aplicación reúne más de 400 cuentos originales en formato de audio, acompañados de técnicas de relajación, ejercicios de respiración, contacto físico y afirmaciones. La idea es que padres e hijos puedan compartir entre cinco y diez minutos, generalmente antes de dormir, sin que el dispositivo se convierta en el protagonista.
“Storybook no es una aplicación para que el niño esté viendo la pantalla. Es realmente para que escuche”, explica Cornejo.
En lugar de dejar al niño solo frente a un teléfono, la aplicación propone acciones sencillas: tomarse de las manos, respirar juntos, abrazarse o escuchar frases que refuercen la seguridad emocional. El mensaje que atraviesa las historias es simple: eres amado, eres valioso, eres único.
La propuesta responde también a una preocupación que atraviesa a muchas familias contemporáneas: el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas y el poco tiempo de atención plena que reciben de los adultos. Cornejo señala que los niños pueden pasar entre ocho y diez horas diarias expuestos a pantallas, mientras que el tiempo de interacción directa con sus padres puede reducirse considerablemente.
Más que una estadística, para él es una llamada de atención.
“Es importante en nuestra cultura y en todas las culturas crear estos espacios donde el niño se sienta seguro, amado, visto”.
Ese principio ayuda a explicar por qué Storybook ha encontrado usuarios en contextos culturales tan distintos. Aunque las historias parten de una mirada latinoamericana, los temas que abordan —el miedo, la ansiedad, la necesidad de sentirse acompañado y la búsqueda de seguridad— son universales.
La aplicación también ha encontrado una respuesta particular entre familias con niños neurodivergentes. Cerca de 20 por ciento de sus usuarios son niños o padres de niños con condiciones como TDAH o dentro del espectro autista. En estos casos, las rutinas de sueño y la regulación emocional pueden presentar dificultades adicionales.
Sin embargo, Cornejo insiste en que Storybook no está pensado exclusivamente para niños con problemas de sueño. Puede ser una herramienta para cualquier familia que quiera convertir la noche en un momento de encuentro.
Ahora esa experiencia abandona parcialmente la pantalla para convertirse en objeto físico.
El primer libro de Storybook apareció en Estados Unidos a finales de 2025 y llegará en español en noviembre de 2026. Es una colección que recupera algunos de los cuentos más populares de la aplicación y tiene como protagonista a Teo, un oso de peluche que acompaña a los niños durante sus momentos de relajación.
El libro puede utilizarse de manera independiente, pero incorpora un código QR que permite escuchar la narración y los sonidos ambientales mientras se pasan las páginas. Así, una historia puede convertirse en un bosque, una playa o incluso una nave espacial sin necesidad de que el niño mire una pantalla.
La estrategia tiene, además, una razón que va más allá de lo lúdico. Cuando un adulto lee en voz alta, explica Cornejo, sus ojos suelen concentrarse en las palabras. Con el audio, en cambio, puede mirar al niño, observar sus reacciones y participar en el juego.
Las páginas incluyen invitaciones a interactuar. En una historia ambientada en la playa, por ejemplo, padre e hijo pueden imaginar que encuentran un bloqueador solar y jugar a aplicárselo. En otra, situada en una nave espacial, el niño debe elegir entre distintos botones para expresar cómo se siente.
La lectura deja entonces de ser una actividad pasiva y se transforma en conversación, juego y descubrimiento.
Detrás de esta experiencia hay un equipo de más de 20 personas, además de psicólogos, científicos, escritores, artistas e intérpretes de voz. Daniela, cofundadora del proyecto, escribe buena parte de los cuentos. Las ilustraciones son realizadas por artistas de México, Colombia y Ecuador.
Cornejo subraya que hay algo que deliberadamente no forma parte de ese proceso: la inteligencia artificial.
“Los niños nos dicen que sienten que este cuento fue escrito para ellos, que se siente que es escrito con amor. No es escrito por inteligencia artificial”.
Después de seis años de trabajo, millones de familias y más de 30 mil reseñas públicas, la respuesta de los usuarios también se ha convertido en una fuente constante de aprendizaje. Storybook ha incorporado humor, chistes diarios y nuevas afirmaciones a partir de aquello que las familias encuentran más útil.
Pero quizá el mayor aprendizaje de Cornejo no tenga que ver con la tecnología, tiene que ver con el tiempo.
Con la velocidad de los días y con la infancia como una etapa que no vuelve.
“Ser papás presentes” es la invitación con la que quiere cerrar la conversación. No perfectos, aclara, porque esa perfección no existe. Presentes.
“Tenemos el privilegio de acostar a nuestros niños en la noche”, dice. “En esos días más difíciles y más pesados, recordar que nuestros hijos duerman en casa y estén con nosotros”.
Storybook puede ser una aplicación, un libro, una colección de cuentos o una herramienta para conciliar el sueño. Pero detrás de todo eso hay una idea mucho más elemental: un niño necesita sentirse acompañado.
La infancia está hecha de pequeños rituales que, con el tiempo, se vuelven recuerdos. Un cuento antes de dormir, una voz conocida, una mano que sostiene la suya, una pregunta sobre cómo estuvo su día. Storybook parte de esa idea: que acompañar a un niño no siempre requiere grandes soluciones, sino aprender a estar verdaderamente presentes en los momentos que importan.

FOTOGRAFÍA CORTESÍA DE FRANCISCO CORNEJO