Mensajera. Volver a casa desde Marte
Por Jorge Durán
Julio Rojas (Chile, 1965) figura entre los guionistas más premiados de Latinoamérica. Su podcast Caso 63 es un éxito de plataformas con el que ha ganado varios premios. Mensajera (Hachette, 2026) es la segunda entrega de Retornados, su saga de ciencia ficción sobre la colonización de Marte y la tensión irresuelta entre tecnología y humanidad.
Jorge Durán (JD.). ¿Qué es Retornados y qué nos trae esta nueva obra, Mensajera?
Julio Rojas (JR.). Retornados es una ficción sobre lo que sucede en la primera colonia marciana habitada por humanos, que fracasa, y retornan veintitrés personas de la expedición original, con un misterio: no sabemos por qué hubo un accidente, no sabemos cuáles fueron las causas y ellas tienen prohibido hablar sobre lo que sucedió. Eso es Retornados I, que trata sobre la relación entre un terapeuta y los retornados, donde empieza a comprender qué misterio se está guardando. Esta segunda entrega tiene que ver con la certeza de lo que ocurrió, cuando una expedición de rescate va a hacer el levantamiento de las causas y quienes vuelven lo hacen con una perspectiva distinta. En ambos casos, el tema central es el desarraigo, la migración, quedar entre dos mundos: haber decidido ir y volver, haber fracasado o no, y la posibilidad de que seamos una especie inmigrante. La tensión entre el humano sedentario y el inmigrante es el corazón de Retornados.
JD. En la novela aparece el efecto perspectiva: la transformación de conciencia que experimentan quienes regresan del espacio. ¿Puede la lectura de Retornados provocar algo similar en el lector?
JR. Sería una muy buena noticia para mí que al leer esta novela se sintiera eso. El efecto perspectiva es que la gente sale y se encuentra con una sorpresa, porque la ficción nos ha vendido que la exploración espacial tiene cierto romanticismo y que los planetas están cerca, que se podría viajar de un lugar a otro. La realidad es que hay un infinito océano de oscuridad, de no-vida, y de repente en ese océano vemos esta esfera con toda su maravillosa sensación de hogar. Eso es lo que sienten los astronautas de Artemis y los retornados: cuando vuelven, ya no pueden ser los mismos.
JD. La reciente expedición lunar devolvió el espacio al centro del debate. ¿Qué tan delgada es la línea entre la ciencia ficción de Retornados y el presente que estamos viviendo?
JR. Las primeras cuatro páginas son una explicación bastante detallada de lo que significa estar en el espacio y retornar a tu hogar. Al principio lo había escrito en un párrafo, pero comprendí que era muy importante que se entendiera cuántas complicaciones hay al volver a este planeta hermoso que hemos visto en las fotos de Artemis, que han conmovido a tanta gente. Me llamó mi madre, que tiene ochenta y ocho años, y me dijo: “Oye, llegaron a la Tierra, me emocioné, me puse a llorar”. Y pensé: “qué extraño lo que nos sucede cuando hemos olvidado durante cuarenta años lo que significaba estar en el espacio”. Cuando sucede, hay un fenómeno transversal —desde los niños hasta la gente mayor— y hay algo en nuestros genes que nos emociona haber salido y retornado a nuestra casa. El lanzamiento de esta segunda entrega tuvo un muy buen timing, porque coincidió con el nuevo interés de las audiencias por el espacio.
JD. En la novela aparece el efecto perspectiva: la transformación de conciencia que experimentan quienes regresan del espacio. ¿Puede la lectura de Retornados provocar algo similar en el lector?
JR. Sería una muy buena noticia para mí que al leer esta novela se sintiera eso. El efecto perspectiva es que la gente sale y se encuentra con una sorpresa, porque la ficción nos ha vendido que la exploración espacial tiene cierto romanticismo y que los planetas están cerca, que se podría viajar de un lugar a otro. La realidad es que hay un infinito océano de oscuridad, de no-vida, y de repente en ese océano vemos esta esfera con toda su maravillosa sensación de hogar. Eso es lo que sienten los astronautas de Artemis y los retornados: cuando vuelven, ya no pueden ser los mismos.
JD. La novela está atravesada por vínculos reconocibles: la relación entre padre e hija, la soledad, el duelo. ¿Cómo trabajaste esa dimensión emocional?
JR. Somos una especie vinculante y hay una parte en esta nueva novela donde vemos a una sobreviviente de la colonia que está sola. Esa soledad no es la del adolescente sin amigos ni la del náufrago en una isla desierta que tiene el mundo natural a su alrededor. Estamos hablando de estar lo más lejos posible de cualquier ser vivo humano, sin saber si vas a ser rescatado, y conviviendo con un vacío no sólo existencial sino real: comunicarse en antagonismo con una inteligencia artificial que, en su mímesis de intentar parecer humana, exacerba ese vacío. Es una manera muy triste de sentirse humano. Hablamos del efecto perspectiva en su peor versión: sentir la nostalgia de la Tierra sin poder regresar a ella.
JD. ¿Con qué quieres que se quede el lector al cerrar el libro?
JR. Que comprenda que, aunque estamos un poco hechizados con la tecnología, con ser sedentarios, con estar atrapados en un mundo de redes sociales y capturas de atención, somos seres migrantes. Tenemos un impulso gigante y, tarde o temprano, todo ser humano, aunque sea de forma simbólica o real, va a hacer un viaje. Ese viaje tiene costos, pero es importante hacerlo, porque lo peor que puede pasar es terminar un ciclo de vida y haber dicho: “Yo no viajé”.+
Semblanza
Julio Rojas. Creador, escritor, story editor y consultor de múltiples series de TV, largometrajes y audioseries. Autor de la audioserie de ciencia ficción CASO 63 (Spotify-Emisor Podcast), reconocida por The New York Times como una de mejores audioficciones del 2020 y ganadora Premio ONDAS del mejor podcast de ficción del 2022.
Jorge Durán (@jorgua2) es editor, autor y traductor; aunque antes, lector. Lleva más de veinte años convencido de que los libros dan propósito al mundo.