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Nocturno: lo que tarda en contarse un instante

Nocturno: lo que tarda en contarse un instante

En un escenario vacío, un hombre habla de una sola tragedia: un instante al que le toma una función entera decirse.

La escenografía de Nocturno es negra, minimalista y vacía. En ese vacío, dentro del Centro Cultural Teatro 2, Daniel Giménez Cacho pasa alrededor de dos horas sin abandonar la escena y sin otro actor a su lado. Es la primera vez que el texto del estadounidense Adam Rapp se monta en México. Dirige Francisco Franco Alba, producen Alejandro Gou y Guillermo Wiechers, y la temporada, con funciones de viernes a domingo, corre hasta el 6 de diciembre.

Meter un monólogo de esa duración parece una provocación, y quizá lo sea. Pero la anécdota que sostiene la obra es cortísima. A los 17 años, el protagonista provoca la muerte de su hermana, la familia se desmorona, él huye a Nueva York. Se dice breve, lo intenso de la anécdota y todo lo que desencadena toma tiempo: el tiempo que le lleva a un hombre contarlo sin mentirse. Habla desde sus sesenta y tantos años, que son los que tiene hoy el actor.

Rapp tiene también el oficio de novelista, y se le nota. Cuando Nocturno llegó a Nueva York en 2001, de la mano del New York Theatre Workshop y del American Repertory Theater (A.R.T.), donde se había estrenado, Variety lo leyó como una losa de prosa demasiado cultivada, que se resiste a ser teatro. Un año antes, la misma revista había celebrado la puesta del A.R.T. como una obra notable. Las dos lecturas me parecen compatibles, y esa tensión es lo que vuelve interesante la apuesta es un texto generoso en palabras para hablar de algo que duró un instante, ese instante que puede cambiar una vida para siempre.

El título también cuenta. Un nocturno es una pieza de música, y la editorial que licencia la obra, Broadway Play Publishing, la describe como musical en sus sonidos y en sus silencios, por supuesto, adaptado para ser representado. El personaje, además, empezó como pianista, obligado con violencia por su padre, y dejó el instrumento para refugiarse en las letras. Lo primero que escribe, dice Giménez Cacho, es esta historia.

La producción adaptó la sala para acercar al público al escenario, porque, según Wiechers, el texto exige intimidad. Me parece un gesto razonable. Un hombre que confiesa durante dos horas necesita a alguien lo bastante cerca como para que no tenga que levantar la voz. Nocturno es el mismo instante, con una función entera para contarlo.  Compra los boletos aquí.