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Dos hermanas y una habitación con vista al faro

Dos hermanas y una habitación con vista al faro

Jane Dunn reconstruye, sin sentimentalismo pero sin frialdad, la alianza secreta entre una pintora y una escritora que se repartieron el mundo para no destruirse

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Hay libros que prometen biografía y entregan un puñado de rumores, y hay otros, como este, que insinúan cotilleo (la convivencia, los matrimonios abiertos, los amantes compartidos en Bloomsbury) y terminan entregando algo más parecido a un estudio clínico del amor entre hermanas. Jane Dunn tituló su libro original A Very Close Conspiracy, una conspiración muy cercana, y la edición en español de Circe, traducida por Roser Berdagué, lo resume aún mejor: Vanessa Bell, Virginia Woolf, historia de una conspiración. Porque de eso trata esta biografía doble: de dos mujeres que pactaron, desde la infancia, repartirse las provincias del mundo para no competir por el mismo territorio.

El reparto, cuenta Dunn, fue casi quirúrgico: a Vanessa, la mayor, le tocó el arte, el cuerpo, la maternidad; a Virginia le tocó la palabra, la introspección, el vértigo de la mente que se piensa a sí misma. Crecieron en el 22 de Hyde Park Gate, bajo el peso victoriano del padre, el crítico Leslie Stephen, y la sombra luminosa de la madre, Julia, cuya muerte temprana, cuando Vanessa tenía dieciséis años y Virginia trece, fracturó algo que ninguna terminó de reparar del todo. A esa pérdida siguieron las de su hermanastra Stella y, después, la del propio Leslie Stephen, una cadena de duelos que Dunn documenta con cuidado para explicar por qué las hermanas terminaron necesitándose con una intensidad que excedía el simple cariño fraternal. Las vacaciones en Talland House, frente al faro de Cornualles que Virginia reinventaría en Al faro, funcionan en el libro casi como una escena fundacional: ahí empezaron a mirar el mundo cada una a su manera, una con el ojo, otra con el oído interior.

Lo que distingue a Dunn de tantos biógrafos del círculo de Bloomsbury es que no organiza el relato como una sucesión de fechas y publicaciones, sino como un mapa de afectos. Hay capítulos dedicados a cómo cada hermana fue espectadora devota del trabajo de la otra, a cómo Vanessa sostuvo a Virginia durante sus episodios de inestabilidad mental, y a cómo Virginia, lejos de ser sólo la frágil, también supo ser refugio cuando el matrimonio abierto de Vanessa con Clive Bell, y después su vínculo con Duncan Grant, ponían a prueba la estabilidad de la pintora. La autora no idealiza: muestra los celos, las rivalidades de salón, los silencios largos, y también la ternura poco fotogénica de dos mujeres que se necesitaban más de lo que la época les permitía admitir en público.

Hay un gesto que condensa bien el espíritu del libro: las portadas que Vanessa diseñó para casi todas las novelas de su hermana. Imaginar a la pintora trazando líneas suaves para envolver las palabras de Virginia, mientras esta escribía sobre el rostro de su hermana en Las olas o en La señora Dalloway, da la sensación de dos artistas dialogando en lenguajes distintos sobre el mismo asunto: ellas mismas.

Sus casi 400 páginas avanzan con la minuciosidad de quien ha investigado a fondo cartas, diarios y papeles familiares, y eso a veces se nota en cierta densidad temática sobre los mismos contrastes entre las hermanas. Pero quien llegue hasta el final sale con una comprensión distinta de Bloomsbury: no como una pandilla de intelectuales libres y excéntricos, sino como el resultado de una infancia y un duelo compartidos, y de una promesa silenciosa entre dos niñas que decidieron, mucho antes de ser célebres, cuidarse sin pisarse el territorio.

La traducción de Roser Berdagué sostiene con oficio el tono del original, sin caer en arcaísmos ni en una solemnidad que hubiera traicionado la calidez del libro. Vanessa Bell, Virginia Woolf, historia de una conspiración no es solo un libro sobre dos mujeres extraordinarias: es, sobre todo, una reflexión sobre lo que cuesta, y lo que se gana, cuando dos hermanas decretan que su amor será más fuerte que su rivalidad. Sigue funcionando, hoy, como un buen punto de entrada para quien quiera asomarse a Bloomsbury sin perderse en la maraña de nombres y amantes cruzados que suele acompañar a ese grupo: aquí hay un hilo conductor claro, y es, sencillamente, el amor entre dos hermanas que decidieron que el mundo era lo bastante grande para las dos. Compra el libro aquí.