El estafador como artista conceptual

Un libro sobre quienes vendieron naciones inexistentes y máquinas milagrosas, y una conversación con su autor sobre el arte del engaño y lo cerca que estamos todos de caer.
En algún momento de su infancia en Coatzacoalcos, alguien llevó a Luis Reséndiz a una proyección de videos de un famoso investigador del caso ovni. Lo admite de buen humor: “yo me dejé engatusar”, dice, y se pregunta en voz alta si eso cuenta como su primera estafa. Casi todos tenemos un ovni en el pasado, algo en lo que creímos con la fe completa de los nueve años.
De un lugar muy parecido, sale Los artificios de la estafa (Tendencias, 2026), un libro de ensayos “muy narrativos”, como él mismo los llama, que “todo el tiempo se están preguntando” por la relación entre la literatura y el engaño. La pregunta es vieja (Thomas Mann dejó inconclusas las Confesiones del estafador Félix Krull, con su pícaro sonriendo a medio camino), pero Reséndiz la reformula con la idea más filosa del libro: el estafador como artista conceptual.
“Los estafadores pareciera que leen muy bien las ansiedades y los deseos de sus tiempos”, explica. Sus obras son objetos. El mapa de una nación que no existe, con el que Gregor MacGregor invitaba a colonizar un paraíso centroamericano de papel; el aparato médico milagroso de Elizabeth Holmes, que sedujo a medio Silicon Valley. MacGregor, dice Reséndiz, “prácticamente diseña un brochure” para su país inventado. Esa palabra hace todo el trabajo: la estafa como ejercicio de diseño editorial.
Está también Leonardo Patterson, traficante y falsificador de antigüedades prehispánicas, que una vez fue detenido con una maleta llena de piezas y salió librado alegando que eran artesanías. Reséndiz ve en ese cinismo una lectura exacta del momento en que “la antigüedad se está volviendo una mercancía”. Confiesa que la anécdota da envidia. Y ahí empieza el problema.
¿Cómo se escribe sobre gente así sin entregar un manual de superación personal para timadores? Reséndiz no la esquiva, y responde que la estafa, a diferencia del robo, exige colaboración: “En la estafa tú básicamente sacas la cartera y se la das al ladrón”. Lo peor viene después: estamos más cerca del estafador de lo que creemos. “El estafador es muchas veces una persona a la que le salieron bien dos que tres mentiras y se siguió de largo”. Pone a Holmes junto a Steve Jobs: el mecanismo para levantar inversión, prometer algo que nadie sabe si podrá hacerse, era casi idéntico. Lo que los separaba era un equipo de ingenieros muy buenos y cierto trato con la realidad.
Holmes, por cierto, vuelve a escena. Nathan Fielder, el de The Rehearsal, codirigió con Lance Oppenheim You Can See Everything, un documental filmado justo antes de que ella entrara en prisión, que A24 estrena el 16 de octubre. Después de The Dropout parecía que ya no quedaba nada por contar, o eso parecía.
Al autor le quedó una espinita: ningún caso del libro ocurre en México. Ahora sigue de cerca un caso de inversiones en criptomonedas cuyo juicio está por empezar, uno de los primeros grandes fraudes mexicanos vestidos de futuro. La innovación, advierte, también sirve para oscurecer.
Al final le preguntamos qué le enseñaron estos personajes que no le haya enseñado ningún maestro. La confianza, respondió. Él, que también escribe guiones, envidia a quien puede sostener una historia “absolutamente sacada de la manga” con tanta voluntad que termina por convencer a todo el mundo. No sé si eso sea una lección o una tentación. Probablemente las dos cosas, y el libro sabe distinguirlas mejor que sus protagonistas.
Este libro es para quien está seguro de que a él no lo estafan, y para quien ya sabe que sí.
Te invitamos a leer nuestra revista del mes
