Select Page

El otoño se deshoja en los libros

El equinoccio llega este martes por la tarde. La poesía ya había decidido, hace mucho, qué se hace con la estación.

“Señor: es tiempo. El verano fue muy grande.” Así arranca Herbsttag (“día de otoño”), que Rainer Maria Rilke escribió en París hace ciento veinticuatro años, el 21 de septiembre de 1902, según el archivo literario de Marbach. Tenía veintiséis años y una hija nacida el diciembre anterior, y estaba ahí por el encargo de escribir un libro sobre Auguste Rodin. Aunque el título lo prometa, el poema no describe un día de otoño: es una oración. Le pide al Señor que ponga su sombra sobre los relojes de sol y suelte los vientos en los campos. En la última estrofa, ya cerca del final de sus doce versos, asoma un plan de lectura: quien esté solo ahora lo estará mucho tiempo, velará, leerá, escribirá cartas largas.

Ochenta y tres años antes, otro 21 de septiembre, John Keats le escribía desde Winchester a su amigo John Hamilton Reynolds. Dos días atrás había salido a caminar junto al río Itchen y había vuelto con To Autumn, la última de sus grandes odas. En la carta apenas la menciona; antes se detiene en el clima (el aire fino, un tiempo que llama casto) y en unos campos de rastrojo que de pronto le parecen cálidos, “como ciertos cuadros”. Y suelta lo que a mí me suena al elogio más honesto que ha recibido la estación: nunca le habían gustado tanto, mejor que el verde frío de la primavera. Una herejía encantadora, y de ella salió una oda.

Nuestro otoño, el de las hojas amarillas y las tardes que se acortan, lo aprendimos en gran medida de poemas escritos en otras latitudes. El nicaragüense Rubén Darío lo puso de cabeza en Canción de otoño en primavera, poema de Cantos de vida y esperanza (1905) que arranca con “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!”; lo que ahí se llama otoño es una edad.

Lo que sí cambia con el equinoccio es la luz; desde el martes las noches ganan minutos y los días los pierden, hasta el solsticio del 21 de diciembre, según el INAOE, y se sabe para qué sirven las noches largas. Hay incluso calendario: el jueves 8 de octubre la Academia Sueca anuncia el Nobel de Literatura. La industria del ocio ya le encontró su versión a la estación, con suéteres y un latte de calabaza, y que cada quien se consuele como pueda. La de los poetas era menos fotogénica: la sospecha de que el año se acaba y la costumbre de encerrarse a leer.

Lo de las cartas largas ya casi nadie lo cumple, pero el resto del plan de Rilke sigue vigente. El otoño empieza el martes 22 de septiembre, un poco después de las seis de la tarde. ¿Con cuáles libros le darás la bienvenida?