Decálogo para Otro futbol posible
A partir del libro de Paulina Chavira y Juan Jesús Garza Onofre (Taurus, 2026)
- Nombra lo que está mal. El primer paso para cambiar el futbol es dejar de hacerse de la vista gorda. La violencia dentro y fuera de la cancha, el racismo, la homofobia, la xenofobia y el consumo irrestricto de alcohol no son el folclor del deporte: son problemas que hemos normalizado a través del lenguaje, las reglas y las instituciones. Nombrarlos es el comienzo.
- Recuerda que es un juego. El futbol es lo más importante de las cosas que no importan. Que el resultado de un partido marque el humor familiar del domingo, que la derrota justifique la violencia o que la victoria valide el insulto, no está bien. La pasión no es excusa.
- Cuestiona el grito antes de lanzarlo. El grito homofóbico no es una tradición ni una broma: es discriminación. Antes de sumarte a cualquier canto o consigna en las gradas, vale la pena preguntarte qué estás reproduciendo y si algún grupo resulta agraviado con ello. La afición también tiene agencia y esa agencia puede empujar cambios que ninguna federación ha querido hacer.
- Exige medios de comunicación que informen, no que espectacularizar. Cuando todas las mesas de análisis son exclusivamente masculinas y la única mujer en pantalla lee los patrocinadores, algo está mal. Los medios tienen la responsabilidad de cubrir el fútbol con perspectiva de género, de dedicarle al fútbol femenil el mismo espacio que al varonil y de dejar de generar contenido que cosifique a las jugadoras. La formación continua en perspectiva de género es una deuda pendiente.
- Aprende del fútbol femenil. Todavía es posible llegar a un estadio de fútbol femenil sin miedo, ver a un equipo perder la final, recibir su medalla y reconocer el triunfo de las rivales. Ese fútbol existe y funciona. El riesgo es que, conforme crece, adopte sin cuestionar las peores prácticas del varonil. Protegerlo es también una forma de construir el otro fútbol posible.
- No idealices ni racionalices en exceso. Hay una trampa doble: la del que normaliza todo porque “así es el fútbol” y la del que lo intelectualiza tanto que pierde de vista que se trata de un deporte simple y emocionante. El fútbol no necesita ni apologistas ni tecnócratas. Necesita personas que lo quieran con los ojos abiertos.
- Desconfía de la tecnología sin ética. La tecnología puede mejorar la justicia dentro de la cancha, pero cuando está atravesada por el dinero, profundiza la desigualdad entre ligas ricas y pobres. El VAR, los datos, la ciencia deportiva: bienvenidos, siempre que no eliminen el error humano que genera emoción ni amplíen la brecha entre quienes pueden pagarlos y quienes no.
- Regula a los que nadie regula. La FIFA y los grandes organismos deportivos tienen más poder que muchos Estados, pero operan sin la transparencia ni la rendición de cuentas que se les exige a estos. El derecho administrativo global está construyendo herramientas para regular estas entidades. Mientras tanto, como aficionado, puedes ejercer presión donde más duele: en la cartera.
- Actúa desde donde estás. No hace falta refundar la federación ni reformar la ley para hacer algo. Hace falta creatividad, un horizonte ético y voluntad. Un club comunitario que abre sus canchas, una afición que deja de gritar, un medio que cubre el fútbol femenil con la misma seriedad que el varonil: cada acción cuenta. El otro fútbol no lo construye sólo la FIFA. Lo construimos todas las personas involucradas.
- Amplifica la conversación. Si crees que falta una práctica que debería sumarse, la conversación sigue abierta. El otro futbol posible no aparecerá por decreto; hay que ensayarlo, discutirlo y, sobre todo, jugarlo entre todas y todos.+