Select Page

33 años de teatro universitario: el FITU mira hacia las nuevas generaciones

33 años de teatro universitario: el FITU mira hacia las nuevas generaciones

Treinta y tres años después de su creación, el Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU) llega a una nueva edición con una pregunta que parece cada vez más necesaria: ¿qué puede hacer el teatro en un mundo marcado por la polarización, la incertidumbre y la dificultad para relacionarnos con los demás? Del 3 al 13 de septiembre, la UNAM volverá a convertir sus espacios en un punto de encuentro para estudiantes, compañías, artistas y público, con una programación que reúne 25 propuestas seleccionadas entre 161 postulaciones internacionales.

La edición 33 tiene además una idea que atraviesa tanto la selección como las actividades del festival: la “ternura radical”. No como una consigna decorativa, sino como una manera de pensar los procesos creativos, las relaciones entre quienes hacen teatro y el vínculo con quienes están frente al escenario.

Al frente de esta edición está Jaqueline Ramírez Torillo, coordinadora del FITU, quien ha acompañado el desarrollo del festival y su relación con las nuevas generaciones de creadores. Para ella, uno de los principales logros del encuentro es que, después de más de tres décadas, los jóvenes continúan encontrando en el teatro una posibilidad para pensar su presente.

Un festival que funciona como plataforma

El FITU nació como un espacio dedicado al teatro universitario, pero con el paso de los años amplió su alcance hasta convertirse en una plataforma de encuentro nacional e internacional. La convocatoria de 2026 es una muestra de ello: llegaron propuestas de distintos estados de México y de países como Armenia, Colombia, Chile y Argentina.

“Recibimos 161 propuestas, de las cuales seleccionamos 25”, explica Ramírez Torillo. Más que una cifra, el dato permite observar la dimensión que ha adquirido el festival y el interés que despierta entre las nuevas comunidades teatrales.

La presencia de Armenia fue una de las sorpresas de esta edición. Para la coordinadora, que una propuesta de ese país haya llegado hasta el festival demuestra que el FITU funciona también como una ventana para establecer relaciones con otras escenas.

Pero el mapa no termina en las grandes ciudades. Una de sus apuestas ha sido ampliar la mirada hacia regiones que no siempre aparecen en los circuitos teatrales más visibles. “Nos encanta acompañarles en ese proceso”, dice Ramírez Torillo al hablar de las escuelas y proyectos que han participado en distintas convocatorias y que, con el tiempo, han fortalecido sus propuestas.

La escena que están construyendo los jóvenes

Si el FITU funciona como una fotografía del teatro universitario contemporáneo, esa imagen muestra a una generación preocupada por su identidad, sus vínculos y el entorno que la rodea.

Ramírez Torillo observa una búsqueda constante por responder preguntas aparentemente elementales: quiénes son, cómo se relacionan con los demás y qué lugar ocupan dentro de su sociedad. “Pienso que hay una búsqueda muy fuerte, primero, quiénes son”, explica. Después aparecen otras preguntas: qué sucede en la escuela, en la casa, en el país y cómo puede el teatro dialogar con todo ello.

Es precisamente ahí donde la edición 2026 encuentra su concepto central. La “ternura radical” propone pensar las relaciones que existen detrás de cada proyecto teatral: cómo se trabaja colectivamente, cómo se construyen los vínculos y qué tipo de comunidad puede surgir alrededor de una obra.

“No es un falso optimismo del mundo”, aclara Ramírez Torillo. La idea, más bien, es comenzar desde los propios procesos de creación para intentar generar otras formas de relación.

Mucho más que una competencia

Aunque las 25 propuestas seleccionadas constituyen uno de los ejes centrales del FITU, el festival está diseñado para ser mucho más que una competencia. La programación incluye 12 obras de exhibición, 9 talleres académicos, 3 lecturas dramatizadas, 2 presentaciones editoriales y conferencias.

Los talleres abordarán temas como la dramaturgia unipersonal, los espacios no convencionales y la revisión de obras clásicas. Algunos tendrán aperturas al público para mostrar qué ocurre cuando un proceso de trabajo sale del aula y se convierte en una experiencia escénica.

La intención es que el festival produzca algo que permanezca después de las funciones: conversaciones, colaboraciones y nuevos proyectos. “Algo que nos importa mucho es la posibilidad de generar redes, de crear vínculos, de crear conversaciones, discusiones”, explica la coordinadora.

Y hay otro elemento que define al FITU: todas sus actividades son gratuitas. Así, el encuentro busca no quedar restringido a quienes forman parte de las comunidades teatrales universitarias.

Un mapa de escenas y generaciones

La programación internacional amplía más ese mapa. La inauguración, el 3 de septiembre en la Sala Miguel Covarrubias, estará a cargo de la directora española Lucía Miranda con la obra Caperucita en Manhattan, adaptación de la novela de Carmen Martín Gaite.

Además, participará Matías Umpierrez con PLAY, una propuesta alrededor de los discursos de odio; el argentino Martín Flores Cárdenas presentará La fuerza de la gravedad, una pieza sobre la amistad; la compañía chilena Cuerpo Sur llegará con Minga de una casa en ruinas y Reminiscencia; mientras que Circo Virtual, también de Chile, presentará La conquista de lo inútil.

Para Ramírez Torillo, sin embargo, uno de los mayores atractivos del FITU está en observar a los jóvenes creadores: cómo hacen teatro, qué historias necesitan contar y de qué manera están imaginando la escena.

Después de 33 años, el Festival Internacional de Teatro Universitario sigue funcionando como un lugar de llegada, pero también como un punto de partida. Llegan obras, escuelas y compañías de distintos territorios; se encuentran con otras formas de hacer teatro y, en el mejor de los casos, salen de ahí nuevas conversaciones.+