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Pedro Almodóvar debuta en la novela con una historia sobre el deseo de seguir creando

Pedro Almodóvar debuta en la novela con una historia sobre el deseo de seguir creando

En El hombre que solo escribía en los aviones, el cineasta español explora los límites entre la inspiración, la apropiación y el amor por las historias que se resisten a terminar.

¿Qué sucede cuando una historia termina, pero quien la lee no está dispuesto a despedirse de ella? Para Pedro Almodóvar, la ficción puede ser un territorio abierto, capaz de prolongarse en otras voces y encontrar nuevas formas de existir. Esa idea atraviesa El hombre que solo escribía en los aviones, la primera novela del director manchego, que llegará a las librerías el 29 de octubre bajo el sello Reservoir Books.

La obra sigue a Flavio Guijarro, un hombre que ha probado numerosas profesiones sin encontrar en ninguna una vocación definitiva. Su vida cambia durante un vuelo, cuando descubre en la escritura una posibilidad para dar cauce a sus inquietudes. Sin embargo, acercarse a la literatura no le garantiza superar sus bloqueos creativos: terminar una historia puede resultar mucho más difícil que imaginarla.

En el centro del relato aparece una pregunta sobre la originalidad. Flavio retoma y transforma materiales de escritores que admira, en una práctica cercana a la fanficción, donde los lectores se convierten también en continuadores de las obras que los marcaron. A través de este personaje, Almodóvar examina la frontera entre el homenaje y el plagio, sin convertir a su protagonista en un modelo incuestionable.

El libro también refleja la relación del cineasta con la literatura, una presencia constante en su filmografía. Referencias a autores como Clarice Lispector, Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges y Henry James dialogan con materiales que el propio Almodóvar ha conservado a lo largo de los años. Algunos textos anteriores encuentran aquí una nueva función, en un proceso que recuerda que las ideas pueden cambiar de forma y significado cuando pasan de una obra a otra.

Aunque esta es su primera novela, el director ya había explorado la escritura con Fuego en las entrañas (1981), Patty Diphusa (1991) y El último sueño (2023), un volumen de relatos que reafirmó su interés por la narrativa más allá del cine.

Almodóvar reconoce que todavía enfrenta cada proyecto creativo con incertidumbre. Ni una trayectoria de más de cuatro décadas ni el reconocimiento internacional han eliminado esa sensación de aventura que acompaña la escritura y el rodaje.

Su interés por la ficción también se relaciona con la permanencia: la posibilidad de que una obra siga provocando emociones mucho después de que su autor haya terminado de trabajar en ella. En ese sentido, la novela plantea una paradoja: crear implica aceptar un final, pero amar una historia significa, a veces, buscar la manera de continuarla.

Con Flavio, Almodóvar lleva al terreno literario una inquietud que también recorre su cine: cómo contar historias, de dónde nacen y qué ocurre cuando dejan de pertenecer exclusivamente a quien las creó.