Vicente Quirarte deja de caminar la ciudad

El poeta, ensayista y cronista, autoridad en la obra de Ramón López Velarde y biógrafo literario de la Ciudad de México, murió este 11 de agosto a los 72 años.
Partió hoy, a los 72 años, Vicente Quirarte, uno de esos contados escritores mexicanos capaces de moverse con la misma soltura entre el poema, el ensayo, el teatro y la crónica sin que ninguno de esos géneros le quedara grande. La Academia Mexicana de la Lengua confirmó su fallecimiento este 11 de agosto; ahí ocupaba la silla XXXI desde 2002, y era además integrante de El Colegio Nacional y de la Junta de Gobierno de la UNAM.
Nació en la Ciudad de México en 1954, hijo del historiador Martín Quirarte, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. El suicidio de su padre en 1980 atraviesa buena parte de su obra posterior: décadas más tarde, en La invencible (2012), volvió sobre esa pérdida y la convirtió en literatura antes que en herida abierta.
Se doctoró en Letras Mexicanas por la UNAM en 1998, con mención honorífica, y ahí construyó buena parte de su carrera institucional: dirigió Publicaciones de la UNAM entre 1990 y 1997, después el Instituto de Investigaciones Bibliográficas hasta 2008, y llegó a encabezar la Biblioteca Nacional. Su ensayo Elogio de la calle lo consagró como el gran cronista literario de la Ciudad de México, ciudad que también recorre en libros como Ciudad de seda y el poemario El peatón es asunto de la lluvia, título que resume bien su método: quedarse mirando lo cotidiano hasta que suelte su significado.
Especialista en Ramón López Velarde, ganó por ese trabajo el Premio Iberoamericano de Poesía que lleva el nombre del zacatecano, además del Xavier Villaurrutia en 1991 y el Nacional de Ensayo Literario José Revueltas en 1990. En 2016 ingresó a El Colegio Nacional con el discurso El laurel invisible, y apenas en 2024 la UNAM le organizó un coloquio por sus setenta años bajo un título que hoy funciona casi como epitafio: Vivir es escribir con todo el cuerpo.
Dueño de una biblioteca de unos seis mil volúmenes que planeaba heredar a la Academia, Quirarte solía decir en entrevistas que temía mucho menos a la muerte que a la posibilidad de dejar de escribir. Cumplió hasta el final: siguió publicando este mismo año.
Belleza del astrónomo
El Sol que nos alumbra
no es un sol presente:
ocho minutos tarda
en llegar a la Tierra.
Cuando dejas la casa
la hermosura prospera:
tu perfume en la cama
lentamente madura
como un sol generoso
que en presente redime
la pequeña hecatombe
de la alcoba desierta,
la memoria viviente
de dos planetas solos
que entre veinte millones
se encontraron.