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El otro escenario de Joselo Rangel

Por Francisco Goñi

Hay artistas que habitan dos mundos al mismo tiempo y para muestra tenemos a Joselo Rangel. Por un lado, está el músico que durante décadas ha sido parte fundamental de Café Tacvba, uno de los proyectos más influyentes de la música latinoamericana contemporánea. Por otro, aparece el escritor obsesionado con la literatura fantástica, la ciencia ficción y los mecanismos secretos de la imaginación. Ambos conviven en Final feliz (Seix Barral, 2025), un libro de cuentos en el que lo cotidiano se tuerce lentamente hacia lo inquietante, el humor negro y lo sobrenatural.

Joselo, que habla de literatura con el entusiasmo de un lector antes que con la solemnidad atribuida a los escritores, nos cuenta de su libro que está compuesto por relatos en los que desfilan familias rotas, artistas obsesivos, traductores capaces de alterar la obra de sus ídolos y personajes atrapados entre la realidad y aquello que apenas logran comprender.

“La primera idea era escribir cuentos sobre la familia”, explica. “No tenía un plan maestro. Yo voy anotando ideas, frases o imágenes en una libreta y después, cuando las reviso, algo empieza a conectarse”. Aunque el proyecto inicial giraba alrededor de vínculos familiares, el propio proceso de escritura lo llevó hacia otros territorios. “El subconsciente luego tiene otros planes”, dice entre risas.

Ese desvío terminó enriqueciendo el libro. Sus cuentos también cuestionan la fe, la creación artística y las pequeñas obsesiones que terminan moldeando la identidad. En varios relatos aparece una tensión constante entre lo racional y lo inexplicable: una madre evangélica que ve a la Virgen de Guadalupe, artistas que convierten el arte en un acto de creencia, personajes incapaces de distinguir del todo entre imaginación y realidad.

A diferencia de muchos músicos que publican libros como una extensión anecdótica de su carrera, Joselo lleva décadas construyendo una relación profunda con la literatura. Desde niño fue lector apasionado de ciencia ficción, género que marcó su imaginación. Mientras otros músicos cargaban instrumentos durante las giras, él llevaba novelas en la mochila. “Siempre estoy leyendo”, cuenta. “En aeropuertos, hoteles, donde sea”.

Esa formación literaria aparece con claridad en Final feliz. Sus cuentos poseen un ritmo preciso, casi musical. No es casualidad: para Joselo, el cuento y la canción comparten una misma lógica narrativa. “La canción tiene que contar algo en pocos minutos. El cuento también va directo, no puede divagar demasiado”.

Quizá por eso sus relatos tienen una contundencia inmediata. Las historias avanzan con rapidez, pero dejan ecos extraños en el lector. Hay humor, ironía y momentos francamente perturbadores. Lo fantástico nunca entra de golpe; se filtra lentamente hasta alterar por completo la percepción de los personajes.

Buena parte de esa sensibilidad proviene también de sus influencias. Durante la charla menciona nombres fundamentales como Patricia Highsmith, Philip K. Dick, Octavia Butler y Ursula K. Le Guin. En todos ellos encuentra algo que le interesa profundamente: la capacidad de cuestionar lo que entendemos por realidad.

“No me interesa una realidad cerrada”, explica. “Siempre pienso que puede haber algo más”. Esa idea atraviesa todo el libro. Sus personajes viven en un mundo reconocible, pero constantemente aparecen grietas: supersticiones familiares, teorías conspirativas, intuiciones inexplicables o pequeños sucesos sobrenaturales que alteran la normalidad.

La raíz de esa fascinación puede rastrearse hasta su infancia. Joselo recuerda a su padre leyendo de todo: revistas, best sellers, ciencia ficción, publicaciones sobre ovnis y misterios paranormales. Creció rodeado de historias sobre abducciones, conspiraciones y fenómenos inexplicables. Más tarde, vivir durante años en Tepoztlán terminó por alimentar todavía más ese imaginario místico.

Sin embargo, detrás de todas esas referencias fantásticas hay algo profundamente humano. Los cuentos de Final feliz hablan de personas vulnerables: hijos que intentan entender a sus padres, artistas obsesionados con el reconocimiento, lectores que confunden admiración con posesión. Joselo parece interesado en ese momento donde la realidad cotidiana comienza a resquebrajarse y obliga a los personajes a confrontar algo desconocido dentro de sí mismos.

Al final de la conversación surge una última pregunta: ¿qué tipo de lector espera encontrar? Joselo responde sin titubear. Quiere lectores dispuestos a sorprenderse. Lectores capaces de aceptar que una historia aparentemente sencilla puede tomar un camino inesperado. Lectores con la mente abierta.+

Joselo Rangel

Estudió diseño industrial en la UAM Azcapotzalco, pero su actividad principal es la de músico: integrante del grupo Café Tacvba.

Ha publicado los libros Crócknicas Marcianas, selección de artículos publicados durante siete años en el periódico Excélsior y el libro de relatos One hit wonder. Tiene dos discos como solista: Oso (2003) y Lejos (2006).

Francisco Goñi (@franz.goni) es librero y periodista cultural. Apela por la libertad y voluntad sobre todas las cosas. Ama los libros, el café y los gatos.